La “Red Zero” y la “akasu” socialista

A comienzos de los 90, en los años previos al genocidio de 1994, los hutus ruandeses del partido único MRND habían establecido dos niveles para la élite gobernante.

De un lado estaban los ‘akasu’ (“la familia”), compuesta por los familiares y allegados próximos de cualquier tipo que ocupaban todos los centros de poder del país, incluidas las empresas encargadas del control y distribución de alimentos y de toda clase de suministros.

De otro lado, la llamada “Red Zero”, un círculo algo más amplio dedicada al robo sistemático de todas las riquezas y a la vigilancia de cualquier conato de de oposición o rebeldía de la población en general.

Durante aquellos años -lo narro en el libro “Ruanda: Cien Días de Fuego”-, entre ambas formaciones internas se repartieron todos los cargos disponibles y ampliaron el control no sólo sobre los negocios legales, sino también sobre el tráfico ilegal de minerales, drogas, personas, fabricación de divisas falsas, armas, prostitución, etc.

Nada escapó a la vigilancia de los extremistas hutus mientras recargaban de odio comprimido la escopeta infernal que desató el apocalipsis, objetivo final acelerado por el racismo y la pasión omnímoda de perpetuarse en el poder.

En Cuba sucedió lo mismo a lo largo de 60 años y la Red Zero y la ‘akasu’ del Caribe completó hace muchas décadas el modelo endogámico, sectario y excluyente que parasita las instituciones y las convierte en fosfatina, pura excrecencia caracterizada por la arbitraria capacidad para no dejar resquicio alguno a la actuación imparcial de las administraciones y quienes las manejan.

En España, siglo XXI, lo mismo da que el presidente del gobierno multiplique su red de poder con asesores áulicos, que proceda a rellenar las estructuras del Estado con amigos de la infancia, que Errejón coloque a su mismo padre o que ministros exijan ministerios o gabinetes para sus propias novias, amantes o lo que sea. Vale todo.

La “akasu” de este socialcomunismo de “la nueva normalidad” no conoce límite en su discrecionalidad y, cuando hace falta, porque la ley exige unos requisitos, se cambian las normas para designar a su capricho lo mismo a fiscales que a inspectores de Educación o de Hacienda y, si nadie lo remedia, a jueces de quita y pon sometidos al simple guiño de estos okupas del poder que tienen perpleja a la vieja militancia de un partido que dos jóvenes de Sevilla se inventaron de la casi nada hace ahora 40 años, de los cuales, casi la mitad del tiempo, desde la aparición de un tal Rodríguez Zapatero, lo han dedicado a construir su “Red Zero” dentro del PSOE/MRND.

La primera muestra insoportable de lo que se avecinaba fue aquel intento de construir un llamado “cordón sanitario” en torno al PP en un pacto a tres bandas que incluiría al PSOE de la nueva normalidad por llegar con los radicales de ERC y la propia ETA (entonces era la ETA, con todas sus siglas, y no el disfraz aparente de EH Bildu), lo que incluía el compromiso declarado de los terroristas vascos de no realizar atentados en Cataluña.

Desde entonces para acá, la operación se amplió con la inclusión de los comunistas de cualquier pelaje y de los antisistema, además de los nacionalistas del PNV y de la antigua CiU, pretensión lograda gracias a aquella reactivación del nuevo Estatut por parte de ZP y un enfermo de Alzheimer llamado Maragall, que nos permitiría dentro de diez años comprobar, según el inane e infame ZP, que la situación se habría normalizado “y usted y yo lo veremos”.

De las profecías de aquel necio sólo quedan las sombras y lo que vemos ahora es el esqueleto de una locomotora que va directa hacia el precipicio de la descomposición de España, algo que, como demuestra no sólo nuestra Historia, sino también la del mundo, sólo podría acontecer como un parto de los montes y mediante el empleo de la violencia.

El PSOE es ahora apenas una maquinaria destinada a chocar contra algún muro de la Historia, con nosotros, todos, como pasajeros atestados en los vagones de un delirio personalista que a medio y largo plazo no puede lograr continuidad de ninguna clase ni siquiera haciendo trampas y manejando todos los resortes del Estado.

Los partidos socialistas con ese nombre han casi desaparecido de toda Europa, ahogados en la corrupción y en sus propios mecanismos de exclusión, exacerbados por el nepotismo y la prevaricación. Aquí va camino de extinguirse, como los dinosaurios, aunque su extinción conlleve previamente la explosión de un meteorito que aniquilará todo lo que encuentre alrededor.

El PP de Casado parece creer que el mejor rearme frente al armagedón que se nos viene encima es practicar el deslizamiento de sus posiciones y utilizar su impulso, como en una llave de judoka, para abatir al rival aprovechando en su favor aquel esfuerzo.

Los de Abascal, por el contrario, creen que mejor bailar alrededor del rival y golpear sin descanso con todo lo que tiene, en las Cortes o en los tribunales, contra un púgil que amenaza con incendiar el ring y llevarse por delante la corona de los grandes, medianos y pequeños pesos.

Lo que queda claro, me parece, es que el PSOE de la transición que se inventaron dos tipos de Sevilla, ha quedado reducido ahora a un mero artilugio de poder obsceno al que ni sus militantes más sensatos se resisten a pertenecer por más avergonzados que se sientan ante el asalto protagonizado por una deformante maniobra de la ‘akasu’ y la Red Zero del PSOE de Sánchez, que alcanzó su máximo exponente en Andalucía tras 35 años de ejercicio del poder convertido en un estercolero ‘familiar’ del que ni siquiera son conscientes.

He dicho.




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