La primavera que se fue

A mano armada, sin darnos cuenta, de un plumazo y sin poder hacer absolutamente nada por evitarlo. La primavera ha sido arrebatada de los brazos de Andalucía. Nos han privado de la época más especial del año, y la más sintomática para vivir momentos de auténtica felicidad. Por culpa de este enemigo invisible, nos hacemos preguntas que tan sólo hace unos días parecían incrédulas y cercanas a la imposibilidad. Pero es así, la realidad es que el daño socioeconómico y humano que está provocando este maldito agente infeccioso llamado coronavirus, ha hecho que seamos presos en el momento que más libres deberíamos ser. 

Este parón, que nos ha venido por imposición natural, será un hito histórico en la mente humana, y ocupará muchas páginas en los libros de historia universal. Pero en nuestro sur, todo lo que está ocurriendo tiene connotaciones emotivas que trascienden más allá de la razón y el sentido común de la conciencia. 

Y es que, en Sevilla, esta época es tiempo de éxtasis, júbilo y alegría, pero también de reflexión interior, autocrítica y misericordia. Toda esta coctelera de emociones primaverales, tienen un denominador común: la calle.

En Sevilla, hay que salir a la calle para encontrarse con uno mismo, es una premisa, una norma no escrita. Es la idiosincrasia la que crece alrededor de la personalidad del habitante de Sevilla y se impregna de ella, salimos a la calle para celebrar y para recordar cómo somos en el más absoluto silencio interior, recorriendo sus calles. En Sevilla, bajo la normalidad del transcurso de las cosas, debería haber más vida que nunca en sus calles. Pero, para desgracia de los amantes de la primavera, no es ni será así.

Ni el júbilo y las risas de la feria, ni la explosión sentimental de las cofradías en la calle, se vivirán en primavera. La Feria de Abril se hará en Septiembre, una fecha un tanto descafeinada. La Semana Santa se celebrará, pero sin hermandades realizando estación de penitencia. El recorrido natural de acontecimientos primaverales ha cambiado, ha dado un giro inesperado, convirtiendo lo que sucede comúnmente en inimaginable y lo de siempre en un hito imposible de cumplir. La primavera ha pasado por delante de Sevilla sin parar; para no dibujar, por el bien social, ningún trazo este año, ni ninguna relación entre las vivencias personales y los días soleados.  

Será un año en el que esa conjugación donde suceden tantas cosas, falte uno de los tres actores principales de este maravilloso lienzo de primavera en Sevilla. Y esa pieza en el tablero, tan importante para que la primavera tenga una celeridad normal y corriente, no es otra, que su gente.  

Pero no olviden lo más importante: Este año el vacío nos vendrá bien, el silencio de las calles salvará vidas, la primavera volverá a sonreír y Sevilla siempre nos esperará. 


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