La postura más lógica del PP y de Ciudadanos era la abstención, pero no ha sido así

Anteayer se inició en el Congreso el debate sobre la moción de censura presentada contra toda lógica por Vox contra el Gobierno socio-comunista de Pedro Sánchez. La opinión general eRa que se trataba de una Maniobra populista y oportunista del partido de Santiago Abascal para atraer la atención de los focos sobre el partido, dar a conocer y potenciar a su candidato a las elecciones autonómicas en Cataluña- Ignacio Garriga- y poner en un brete al PP y a su Presidente, Pablo Casado, quien –hiciera lo que hiciera- perecía llevar todas las de perder. Se ha comentado que no se trataba tanto de un debate sobre la situación del Gobierno, como sobre la situación de la oposición.

Posición de la oposición de centro-derecha ante la moción

La coyuntura era muy delicada para el PP, y Casado debería haber hecho frente a la moción con determinación y liderazgo. No lo ha ejercido. Sin embargo, cuando ha tratado de quitar importancia al tema y eludido pronunciarse, sí como afirmado que no debía dedicarle ni un minuto por tratarse de “cuestiones menores”, y que había que centrarse –como había hecho el PP- en cuestiones importantes como recurrir contra las decisiones inadecuadas adoptadas por el Gobierno, liderar la rebelión de los alcaldes contra las pretensiones incautadoras del Ministerio de Hacienda sobre los fondos municipales, ofrecer una contrarreforma educativa a la impresentable reforma de Isabel Celáa, presentar una propuesta para prevenir y acabar con las “okupaciones”, o proponer la despolitización del poder judicial. Por supuesto que estos temas son muy importante, pero “lo cortés no quita lo valiente” y una moción de censura no era una bagatela, sino una cuestión asimismo importante que había que considerar, pese a que fuera una provocación de la competencia de Vox y constituyera un torpedo dirigido contra la línea de flotación del PP.

El principal partido de la oposición –si quiere seguir siéndolo- no se debería dejar atrapar en la celada que le han tendido de consuno el Gobierno bifronte y Vox, ni seguir la corriente a la izquierda, a la extrema izquierda y a la extrema extrema izquierda. En la moción de censura había dos elementos claramente diferenciados y que merecían tratamiento diferente. De un lado, la crítica al Gobierno por el catastrófico ejercicio de sus funciones gubernamentales y, de otro, su sustitución por un Gobierno de Vox con un programa igualmente disparatado.

Como ha señalado el editorial de ayer de “El Mundo”, titulado “Censura merecida, alternativa errónea”, los españoles padecen el peor Gobierno en el peor momento. “Sus muestras de negligencia, incompetencia, ocultamiento, inhibición, arbitrariedad, autoritarismo y falsedad merece sin duda la censura de la Cámara. Oponerse a la calamitosa gestión de Sánchez y al sectarismo autoritario que patrocina es algo que ha hecho ya hasta Bruselas, donde acaban de reprobar el infame propósito de reforma judicial”. España es el país europeo que peor ha capeado la pandemia del Covid-19, tanto desde el punto de vista sanitario –acumula records de contagiados por habitante y de personal sanitario infestado-, como económico –presenta la mayor caída del PIB y más elevado incremento del paro-. Todo esto es cierto, dígalo Agamenón –la Unión Europea- o su porquero –Vox-, y el PP debería pregonarlo en sede parlamentaria y censurar por ello al Gobierno. Era obvio que la moción no podía prosperar, porque no contaba con los votos necesarios y, por eso, el PP no la había presentado, pese a tener suficientes motivos para ello, pero -ya que otra fuerza política lo había hecho- debería haber aprovechado la ocasión para -en vez de acoquinarse y quitarle importancia al asunto- poner de manifiesto ante el Parlamento y ante la opinión pública, tanto nacional como internacional, los continuados errores cometidos por el Gobierno Frankenstein.

Por otra parte, el PP no podía apoyar la candidatura de Abascal a la presidencia del Gobierno, no porque no fuera viable al no contar con los escaños necesarios para lograrlo, sino porque esa posibilidad resultaba inaceptable, ya que equivaldría a salir de Guatemala para entrar en Guatapeor. Casado debería haber criticado razonada y mesuradamente –sin entrar en el cuerpo a cuerpo para evitar malquistar a algunos de sus votantes o ex-votantes y el regodeo de los socio-marxistas- el débil programa de Gobierno de Vox, especialmente su propuesta de eliminar el Estado de las Autonomías. Una cosa es tratar de corregir las numerosos deficiencias del régimen autonómico vigente, y otra bien distinta tirarlo por la borda. ¿Por qué lo sustituiría? ¿Pretende volver a implantar un régimen jacobino y centralista, ignorando los numerosos beneficios proporcionados por el Estado de las Autonomías y los derechos adquiridos?

El PP podía haber hecho sin desdoro ambas cosas, criticando a babor y a estribor, y exponiendo sus propuestas –si es que las tiene- sobre los temas criticados. Como ha observado Rafa Latorre,”una moción presentada por un grupo minoritario ofrece una de las escasísimas ocasiones en las que es fácil argumentar la razones de una abstención. Casado no puede decir no a la destitución de Sánchez, ni puede decir sí a la investidura de Abascal. La abstención no lo pondría, por tanto, en fuga, sino que lo situaría en un lugar perfectamente delimitado por la razón”. Estoy completamente de acuerdo con esta objetiva opinión y coincido con el pronunciamiento de Cayetana Álvarez de Toledo de “no al no”.

La cúpula directiva y los barones del partido, así como el ex–presidente José María Aznar, se habían pronunciado por el No y Casado -que había optado por mantener un nivel bajo difícilmente comprensible ante un tema vital para el país- afirmó que “nuestra postura quedó fijada hace semanas”. Me pareció una respuesta poco acertada porque –por mucho que se hubiera adoptado una posición de principio- la situación podía cambiar y el auténtico estadista adapta su política a las circunstancias, respetando siempre por supuesto sus principios básicos y, en política, una semana puede equivaler a un siglo. Casado ha mantenido hasta última hora el “suspense” sobré cúal sería la posición del PP. Tenía una magnífica oportunidad de hacer de la necesidad virtud y, si conseguía descalificar al Gobierno, poner a Vox en su sitio y exponer claramente cuál era la política del PP en los temas principales que afronta la Nación en estos momentos críticos, haría un favor a la mayoría de los españoles, a la par que asentaría su liderazgo.

La opción por la abstención era asimismo aplicable a Ciudadanos, que continúa con su actitud ambigua y pastelera. Sus líderes denuncian con la boca chica que el Gobierno de Sánchez está llevando a cabo la peor gestión en Europa de la segunda ola del coronavirus, pero sigue apoyando a ese Gobierno. Edmundo Bal continúa con su mantra de que Ciudadanos hace “policía útil”, pero cabe preguntarse que para quién es útil esa política ¿para la Nación o para el Gobierno? Inés Arrimadas ha puesto de manifiesto la inutilidad de una moción muerta antes de empezar a debatirse, ya que no tenía ninguna posibilidad de salir adelante. Era la misma política medrosa que practicó en Cataluña donde, a pesar de que su partido fue el más votado, renunció a presentar su candidatura a la presidencia de la Generalitat como le correspondía. En la partida de póker que es la política, los jugadores no pueden limitarse a apostar cuando tienen asegurado el triunfo por contar con los cuatro ases de la baraja. Arrimadas sabía que no obtendría los votos necesarios para sacar adelante su candidatura, pero perdió una ocasión única e inmejorable –y probablemente irrepetible- de exponer ante el Parlament y ante la opinión pública que existía la posibilidad de llevar a cabo en Cataluña una política distinta a la realizada por los gobiernos nacionalistas y separatistas.

El PSOE y Podemos no caben en sí de gozo y han aprovechado la ocasión que les ha brindado Vox para justificar la acción del Gobierno sin riesgos de sobresaltos, poner al PP en apuros, identificar al centro-derecha y a la derecha con Vox, y obtener el reforzamiento de la alianza que les permitió acceder al poder, tras una previsible victoria por goleada. Es poco habitual que en una moción de censura contra un Presidente de Gobierno, no sólo responda el interesado, sino también el presidente-bis, lo que pone de manifiesto que no hay un Gobierno sino dos en amor y discordia, y que el desorbitado ego de Pablo Iglesias no podía dejar pasar la ocasión de chupar cámara.

La posición lógica del PP y de Ciudadanos ante la moción de censura interesada y partisanamente presentada por Vox habría sido la de la abstención, tras haber criticado motivadamente las múltiples deficiencias del Gobierno, pero, en política, no siempre hay lógica.. Ciudadanos –como ya había anunciado- ha votado en contra de la moción y el PP –para sorpresa y desagrado de muchas personas- ha hecho lo propio- No sólo se ha pronunciado por el No, sino que Casado ha centrado su intervención en descalificar a Vox y a su líder de forma absoluta y sin paliativos ni atenuantes.

Controvertida intervención de Casado en el Congreso

Casado ha dicho Sí a Sánchez para decir No a Abascal. Podría haber dicho No a los dos, pero ha preferido ignorar al primero, que era el supuesto objetivo de la moción, y censurar de forma inmisericorde al segundo, recurriendo no tanto a la crítica objetiva de la política de Vox, como a la descalificación de su líder con argumentos “ad personam”. Se ha recreado en la suerte, ha abusado de la pica y hecho un juicio de intenciones, no contra el objeto de la moción, sino contra el sujeto de la misma, al que dirigió una filípica que debería haber estado destinada al Gobierno. Éste ha conseguido –en opinión de Jorge del Palacio- canalizar la moción de censura formalmente dirigida contra Sánchez e Iglesias hasta convertirla en un debate existencial entre Vox y el PP. “Causa frustración ver que la mejor intervención parlamentaria de Pablo Casado no vaya contra el Gobierno”. Puede que Vox esté favoreciendo al Gobierno y perjudicando al PP al provocar la fractura del centro-derecha –que lo está-, pero ello no es –a mi juicio- justificación suficiente para que Casado lance semejante filípica contra su antiguo compañero de partido. El líder popular –acusado de debilidad por parte de algunos de sus fieles- ha sangrado por la herida del agravio de Abascal de acusar al PP de ser la “derechita cobarde”. Este calificativo es sin duda excesivo, pero si es cierto que el partido sigue la senda acongojada, “dontancredista” y acomplejada ante la izquierda –que se auto-considera la única detentadora de los valores éticos, instaurada por Mariano Rajoy, siguiendo los errados consejos de Pedro Arriola y Soraya Sáenz de Santamaría.

Casado ha lanzado una bomba de racimo sobre Abascal y su partido, que apenas ha dejado supervivientes. Entre otras lindezas, le ha dicho que es el socio en la sombra del Gobierno al que ha regalado el fracaso de su moción; que ofrece a la izquierda una garantía de victoria perpetua; que sólo trae a los españoles problemas, inestabilidad, fracturas y debilidad; que la distancia entre su ambición y su patriotismo es demasiado grande para recorrerla con esta moción-trampa; que ha debilitado gravemente la línea de defensa de la Nación; que debería tener más respeto al PP pese a que hubiera cambiado de chaqueta; que el camino de ruina que seguía sólo nos conducía a una país de bandos y rencores; que él pasaría y sólo dejaría escombros tras de sí; que barrenaba cada día más la convivencia y dinamitaba la historia y el futuro comunes; que se dedicaba a repartir carnés de buenos y malos españoles como hacían Torra y Otegui, lo que suponía ingratitud y deslealtad; que no luchaba por las ideas, sino por arrastrar a los españoles a una batalla; que vive para enfrentar a la sociedad y hacer imposible la convivencia; que piensa que su camino para sobrevivir pasa por la pervivencia del actual Gobierno radical y que “este camino tiene que pasar por el paisaje de ruina económica y tensión social que otros le dictan y Vd ejecuta”; que estima que cuanto peor para España, mejor para él y que prefería sepultar el interés general bajo su propio interés; que se ha servido de la buena fe de los españoles y utilizado su voto para debilitar a España y subastársela a Sánchez; que en la coalición que dice querer censurar está también Vox como pinza en la que los mangos de la tenaza están unidos para apretar por ambos extremos a la España moderada; que ha hecho la misma trampa y cometido el mismo fraude que Sánchez al poner a los españoles en sus manos, por estimar que de allí pasarán a las suyas; que quería cortar dos orejas al PP y ha acabado siendo el monosabio de Iglesias; que había ejercido de Victor Frankenstein para suturar las hertidas que se estaban abriendo últimamente en el Gobierno de Sánchez…etc

Era evidente que tenía que marcar distancias con Vox, pero podía haberlo hecho con elegancia e incluso con cariño ante el hermano separado, y no humillarlo considerándolo la conjunción de todos los males sin mezcla de bien alguno. Como solía decir Giulio Andreotti, los españoles “manquan finessa”. No era tanto la decisión que ha tomado, puesto que la opción por el No o por la abstención eran opinables, sino la forma en la que ha atacado a Abascal y su tono barriobajero. Ha llegado a afirmar que el PP ha pagado un tributo de sangre “que Vds pisotean”, y que Abascal ya desempeñaba cargos públicos cuando el estaba en el colegio, pero se ha olvidado que cuando era Casado el que estaba en el colegio no tenía que llevar escolta al no estar como Abascal amenazado de muerte por ETA por el delito de ser hijo de su padre y miembro del PP. –

Que Casado ha hecho algo que no está del todo bien cabe deducir de dos hechos: que “The Guardian” -que no suele ser benévolo con España y menos con los partidos de derechas- haya publicado un artículo ensalzando el discurso de Casado y, sobre todo, que paradigmas de la crispación como Gabriel Rufián, Adriana Lastra o Pablo Iglesias se apresuraran a felicitar al líder popular. Iglesias comentó condescendiente que Casado había había hecho un discurso político canovista brillante que engarzaba con las tradiciones conservadoras de la derecha española más inteligente. ”Yo sé, Pablo, que no eres un ultra”, le dijo. Sólo le falto bajar de su escaño para darle un beso en la boca. Casado ya puede sentirse satisfecho porque ha sido avalado como demócrata por la izquierda.

Sin embargo, Casado ha perdido una magnífica oportunidad de criticar la ideología super-conservadora de Vox, inspirada en Steve Bannon y Donald Trump, y de centrar sus críticas en el deshilachado y estrafalario programa político del partido, que propugna el fin del régimen autonómico y la disminución de las competencias de las Comunidades, la supresión del Tribunal Constitucional, la revisión de la política respecto a la UE poniendo en tela de juicio la Política Agrícola Común y los fondos estructurales y de recuperación, o el trato a los inmigrantes, en vez de atacar de forma despiadada a Abascal. Asimismo debería haber hecho una crítica motivada de la actuación del Gobierno y presentado sus propuestas en temas como el establecimiento de Pactos de Estado sobre educación, sanidad o política exterior, la separación de poderes y la independencia judicial, la reducción de los impuestos y la disminución del gasto público superfluo, la oposición al separatismo y la negativa a amnistiar o indultar a los políticos catalanes condenados, o la oposición al blanqueamiento de Bildu y a la concesión de beneficios y la organización de homenajes a los presos de ETA .

Secuelas de la moción de censura

Los medios de comunicación han especulado sobre quienes han salido como ganadores o perdedores del debate. La mayoría coloca entre los primeros al Gobierno de Sánchez y a Casado, y entre los segundos a Abascal y Podemos. Sánchez ha conseguido desviar la atención sobre la pésima gestión de su Gobierno y minimizado el traspiés de su pretensión de modifica la LOPJ y las críticas procedentes de la UE y del Consejo de Europa. Ha conseguido que Casado atendiera a su demanda de que votara que No y separara al PP de la ultraderecha de Vox, y jugado la carta institucional ofreciendo una rama de olivo al PP para negociar temas graves como los nombramientos pendientes, los presupuestos generales o la negociación sobre el uso de los Fondos de Recuperación de la UE.

Periódicos como “ABC”, “El País” o “El Mundo” han considerado a Casado como uno de los triunfadores en la justa parlamentaria, pese a que partía en desventaja y han destacado su coraje y determinación para romper de forma radical con Vox y erigirse en líder del centro-derecha. Según este último periódico, Casado ha elegido la vía más difícil, al afirmar la diferencia vital entre un partido de gobierno de centro-derecha europeísta y una fuerza populista de orientación “trumpista” y vocación antieuropea. ”Casado se reafirmó como alternativa responsable al sanchismo. Con brillantez se zafó de la celada tendida por Abascal y actualizó el proyecto sugestivo de vida en común encarnado por la democracia del 78”.Consiguió su triple objetivo de ensanchar el espacio de centroderecha que ocupa el PP, consolidarse como el líder de la oposición y romper el mantra de “tanto monta, monta tanto el PP como Vox,” mantenido por la izquierda en base a la foto de la plaza de Colón.

Para Lucía Méndez, Casado ha sorprendido y asombrado a todo el mundo dentro y fuera del partido, y ha asumido la fortaleza y el riesgo, la valentía y el peligro, la audacia y la imprudencia; en definitíva, “la máscara del mando”. En opinión1 de Jorge Bustos, el líder populista ha conquistado finalmente el liderazgo del PP y abierto vías de acuerdo en un Parlamento calcificado por la intolerancia. Ha hecho de su bonhomía “una piqueta clavada en el mundo cainita que separa artificialmente las dos Españas. Por esa grieta se filtra ahora la luz de una esperanza en medio de la oscuridad”. Ojalá sea así, aunque yo no soy demasiado optimista. La rudeza de su crítica a Abascal ha causado heridas `profundas no sólo entre los seguidores del Vox, sino también entre algunos votantes del PP, que no van a ser fáciles de sanar.

El principal perdedor ha sido sin duda Abascal, que ha hecho todo lo posible para descalificarse a sí mismo, con un lenguaje verborréico, mesiánico y poco convincente. La contundente respuesta de Casado le ha pillado por sorpresa porque no se la esperaba y ha acusado el golpe, al sentirse derrotado no sólo política sino también moralmente. Su sueño de liderar la derecha española se ha esfumado. Se ha quejado del inesperado ataque que quien gobierna varias comunidades y ayuntamiento gracias a su apoyo a cambio de nada. Aunque ha afirmado que no corrían peligro los Gobierno de coalición PP-Ciudadanos, ya ha dado un primer aviso al retirarse de las negociaciones con el PP andaluz para aprobar los presupuestos generales. El PP se ha mostrado tranquilo porque, si bien es apoyado por Vox, no comparte gobiernos con él y Abascal tendría que explicar a su votantes una eventual retirada de su apoyo a los Gobiernos de centro-derecha y su entrega a los partidos de izquierda. No obstante, Casado ha herido vivamente el amor propio de un político temperamental, cuyas reacciones son imprevisibles. Como el propio Abascal ha alegado, no es lógico que se muerda la mano de quien te da de comer y Casado ha sido extremadamente duro con su coyuntural aliado. Ciudadanos da por supuesto el apoyo de Vox y lo ningunea negándose incluso a sentarse en una mesa a negociar con él. Sin embargo, no tienen un derecho adquirido al incondicional e incondicionado apoyo de Vox “quo nominor Ciudadanus” y –como reza el refrán castellano- “tantas veces va el cántaro a la fuente hasta que se rompe”.

Otro de los derrotados ha sido Podemos. Iglesias se había empeñado en participar en l debate y Sánchez le encomendó la tarea de responder a Casado, pero el discurso del líder popular le pilló con el pie cambiado y no pudo sacar jugo a la explotada foto de Colón y acusar al “trifachito”. El líder morado no tuvo más remedio que agradecer a de Casado la ruptura con Abascal y ahora tratará sde presionar al PP para que rompa las coaliciones bipartitas apoyadas por Vox y entregue el poder a una coalición de izquierdas. Si a Podemos le preocupaba el acercamiento del PSOE a Ciudadanos, especialmente en los temas de presupuestos y relaciones con la UE, aún le preocupa más una aproximación al PP y la reanudación de negociaciones para elegir los puestos cuyos ocupantes han cumplido sus mandatos, como en el CGPJ, el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo y TVE. Podemos quedaría excluido o marginado de estas negociaciones, pue el PP se niega a aceptarlo como interlocutor. Por eso, Iglesias insiste en que se reactive la proposición de ley de reforma del CGPJ.

Habrá que ver hasta dónde está dispuesto a llegar Sánchez en su acercamiento al centro-derecha. Con su habitual pragmatismo, ha sido sensible a los mensajes de advertencia de la UE y del Consejo de Europa en el tema de la justicia y ha dado un paso atrás, y habrá que ver si dejar caer las posiciones maximalistas de Podemos en las negociaciones con la Comisión y el Consejo Europeo para la concesión de las ayudas previstas en el Fondo Europeo de Recuperación y Resistencia. En cuanto al PP, es un elemento esperanzador que Casado haya consolidado su liderazgo en el seno del PP y del centroderecha. Está por ver la voluntad y la capacidad de desestabilización de Vox y hasta que punto el PP de Casado puede mantener en sus filas a sus simpatizantes y recuperar los votantes que se han pasado a Vox.




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