La pandemia del Covid-19: Resonsabilidad del Gobierno y deslealtad del nacionalismo

El coronavirus se propaga cada día más en España como una plaga de Egipto y el Gobierno bipartito -que cuenta con el apoyo exterior de los distintos nacionalismos, que en esta ocasión se han revuelto contra él para convertirlo en el chivo expiatorio- no ha estado a la altura de las circunstancias y al tremendo reto que supone la pandemia. Sí, ya sé que se me va a decir que, en estos momentos de grave crisis, hay que poner de lado las críticas y respaldar ante todo la acción del Gobierno para hacer frente al virus: que –como ha señalado Fernando Grande-Marlaska- ya habrá momentos para estudiar y analizar las actitudes de todos: del Gobierno, de la Oposiciñon, de los Gobiernos autonómicos y locales, y de todos los que tengan responsabilidades, pero éste no es ese momento.  A ello cabe contestar que, en efecto, todos debemos apoyar al Gobierno en todo lo apoyable, pero que ello no es óbice para que se formulen las críticas debidas por los errores cometidos por el Gobierno, algunos de ellos a sabiendas de sus consecuencias, como al alentar las multitudinarias manifestaciones del 8-M. No es coincidencia que la pandemia haya empezado a expandirse de forma exponencial a las dos semanas de estas concentraciones, que causaron bajas notorias en el feminismo nacional, como las de la Ministra de Igualdad y consorte del Vicepresidente 2º del Gobierno, la Ministra de Administración Territorial y la esposa del Presidente del Gobierno. A ello cabe añadir la asimismo irresponsable celebración en espacio cerrado de la Asamblea de Vox, que provocó la infección de la plana mayor del partido. Cabe examinar lo ocurrido antes, durante y después de estos acontecimientos

Antes de conocerse la expansión del coronavirus

El Gobierno era plenamente consciente de la creciente expansión del virus, no ya en la China lejana geográfica, política y socialmente, sino en la cercana Italia, hermana latina, no sólo en convicciones políticas, sino también en hábitos sociales. La Agencia de Salud Pública Europea había desaconsejado la celebración de estas manifestaciones –que tuvieron lugar en toda España-, pero el Gobierno hizo caso omiso, anteponiendo el rédito que obtendría con la exaltación de la ideología feminista al bienestar sanitario de los ciudadanos. Pedro Sánchez y sus mariachis podemitas no sólo no prohibieron la realización de estas marchas multitudinarias, sino que las alentaron y participaron en ellas al más alto nivel: dos Vicepresidentas, varias Ministras y algún Ministro, “altas cargas” de los dos partidos gubernamentales, y la esposa del Presidente del Gobierno,. Pese a conocer las recomendaciones de la UE contrarias a la celebración de esas manifestaciones, el responsable del Centro de Coordinación de Emergencias y Alerta Sanitarias, Fernando Simón, quitó importancia a la participación en las concentraciones y manifestó que no tendría inconveniente en que su hijo participara en ella. Asimismo ha justificado la presencia en el Consejo de Ministros de Pablo Iglesias, auto-sometido a cuarentena, y de Pedro Sánchez, que debería haberlo estado, por los contagios de sus respectivas parejas, alegando que había situaciones en las que, por múltiples razones, estaba justificado saltarse algunas medidas precautorias.

Como ha señalado Josu de Miguel, el espectáculo de ver a miembros del Gobierno manifestándose en la calle y gritando proclamas contra la sociedad pasaría a la historia de los desatinos morales de España, al producirse una alteración del orden lógico, ya que eran los gobernantes los que protestaban contrala sociedad y no a la inversa. Era ésta un consecuencia lógica de la influencia de Podemos que pretende tener un pie en el Gobierno y otro en la Oposición, y ser a la vez sistema y antisistema. 

En cuanto a la celebración de la Asamblea de Vox en Vistalegre, con plétora de besos y abrazos, el partido ha alegado que había decidido mantener la reunión porque el Gobierno no les había advertido de la peligrosidad de la situación. Esa wexcusa podría ser considerada como una circunstancia atenuante, pero en ningún caso eximente. Constituía una prueba más de que Vox es un partido inmaduro por su bisoñez y que aún le queda mucho que aprender para codearse con los partidos de más solera.

 Sánchez se ha mostrado  inseguro ante el vendaval que se le vino encima e indeciso a la hora de tomar decisiones. Incluso cuando no tuvo más remedio que tomarlas, perdió varios preciosos días en amagar y no dar, anunciando la adopción de ciertas medidas que afectarían seriamente a la ciudadanía, pero sin acabar de adoptarlas. Según ha reconocido el Ministros de Investigación, Pedro Duque, ya el dos de febrero se celebraron reuniones de trabajo con científicos españoles y se fueron elaborando las medidas que se plasmaron en la Declaración del Estado de Alarma el 14 de marzo. Resulta poco responsable por parte de los políticos y científicos que dejaran transcurrir cuarenta días –una auténtica cuarentena- antes de que el Gobierno adoptara las decisiones que con urgencia se requerían. Cuando se produjo pocos años antes la crisis del ébola –en la que sólo se infectó una enfermera española, que afortunadamente se recuperó tras el debido confinamiento-, el líder de la Oposición –a la sazón Pedro Sánchez- calificó de “desgobierno e incompetencia” la actuación de Mariano Rajoy -al que obligó a comparecer- y lo tildó de “responsable criminal” por haber  permitido la celebración de unas modestas manifestaciones religiosas para imprecar por la lluvia en unos momentos de pertinaz sequía ¿Algún paralelismo con la situación actual? Hay que reconocer que la Oposición, quizás acomplejada por la supuesta superioridad moral de la izquierda, pero -en cualquier caso- dando muestra de sentido de Estado, ha adoptado una actitud diferente y sido más leal a Sánchez que su propio socio en el Gobierno. Como ha dicho Pablo Casado, éste es momento de respaldar al Estado y ya habrá tiempo cuando se supere la crisis para –como ha sugerido el Ministro del Interior-investigar lo ocurrido y exigir responsabilidades a quien corresponda.

Sánchez, no ha hecho el menor gesto de autocrítica y dado largas para eludir su responsabilidad. Ha culpado de la situación a los recortes en sanidad hechos por los Gobiernos del PP e incluso extendido el cargo de culpa al propio Francisco Franco, que –desahuciado de su tumba por los enemigos de los desahucios- sigue desde su nueva morada en el cementerio de El Pardo, perdiendo o ganando  -según se mire- batallas después de muerto, como el Cid Campeador. Este síndrome del franquismo ha infestado como un virus hasta al sesudo “New York Times”, que -en un reportaje sobre el Museo de El Prado- mencionaba cinco veces a Franco, una a Velázquez y ninguna a Goya.  

Durante la expansión del COVID-19

Nada más filtrase la noticia de que el Consejo de Ministros extraordinario que se iba a celebrar el pasado día 14 decretaría el Estado de Alarma y centralizaría en el Gobierno de la Nación todas las competencias en materia de sanidad, seguridad y transporte, las Comunidades catalana y vasca lanzaron toda su artillería pesada contra Sánchez, con la invaluable ayuda de su testaferro Iglesias, para impedir que se adoptara semejante decisión o que –en el caso de adoptarse- se les eximiera de su aplicación.

La reunión del Consejo tuvo tintes surrealistas con la irrupción en la reunión de Iglesias cuando nadie lo esperaba, pues había declarado su auto-cuarentena “urbi et orbe” tras el contagio de su pareja. Sánchez no pudo impugnar su presencia porque se encontraba en la misma situación, ya que su consorte también estaba infestada -aunque muy cucamente hubíese ocultado este hecho a la opinión pública- y, si lo hubiera excluido, también él se habría tenido que ausentar de la reunión. El Vicepresidente 2º se presentó para dificultar la adopción del texto que habían preparado los Ministros socialdemócrata bajo la égida de la Vicepresidenta 3º, Nada Calviño. Iglesias pretendía aprovechar la ocasión para arrimar el ascua a su sardina populista y conseguir la intervención del Estado en el sector eléctrico y en los medios de comunicación, aumentar el régimen de protección de los trabajadores afectados por los ERE o los ERTE, incluir a algún Ministro de Podemos en el equipo coordinador del Plan de Alarma y excluir a Cataluña y al País Vasco de la aplicación de dicho Plan. Iglesias se lenfrentó con Calviño, a cuyo equipo, el neo-estatalinista Ministro de Consumo, Alberto Garzón, acusó de “neoliberal” y aquélla, exasperada, le dijo al Presidente que o dimitía Iglesias o se marchaba ella, porque los dos no cabían en el Gobierno. Sánchez no tuvo más remedio que escoger y, por una vez, no cedió al influjo maléfico de su Vicepresidente, aunque, para calmarlo, cometió la cacicada de incluir en el Decreto sobre la Declaración de Alarma una disposición final por la que blindaba la presencia de Iglesias en la Comisión Delegada para Asuntos de Inteligencia.

Semejante concesión ha sido un auténtico disparate, tanto por motivos de forma como de fondo. No hay justificación alguna para modificar la composición de la citada Comisión aprovechando la adopción de un Decreto-Ley de la transcendencia del adoptado para declarar el Estado de Alarma y no existe la menor urgencia para incrustar con fórceps a Iglesias en la citada Comisión. En cuanto al fondo, el desaguisado es aún mayor. Es público y notorio que Iglesias es contario a la OTAN y a la colaboración militar con Estados Unidos y mantiene “laisons dangereuses” con los impresentables regímenes que prevalecen en Caracas y en Teherán, así como que ha afirmado en diversas ocasiones su deseo de controlar el CNI. Es harto improbable que la CIA o el Mossad compartan con el CNI información sensible sobre Venezuela o Israel. que pueda llegar –vía Podemos- a los dirigentes de estos Estados “gamberros”. Al acceder al capricho de Iglesias, Sánchez está poniendo en peligro la seguridad nacional.

Como ha señalado Rodrígo Vázquez de Prada,la Declaración del Estado de Alarma ha hecho saltar por los aires la pretendida unidad de criterio del autodenominado Gobierno de progreso y puesto sobre el tapete la  inconsistencia de su alianza contra natura con el secesionismo catalán y vasco. Sánchez ha venido gobernando a trompicones con demagogia y continuas concesiones a los separatistas. Su marcha triunfal del brazo de sus aliados tiene los días contados. Manuel Marín acaba de publicar en “ABC” un interesante artículo sobre “Crisis de Gobierno con ceses en diferido”, en el que afirma que Sánchez está calibrando hasta dónde son capaces de llegar Iglesias y el separatismo, al tensar la cuerda de la gobernabilidad condicionada por una incertidumbre social y económica acuciante.

Sánchez se impuso, por una vez, a Iglesias, ignoró sus propuestas radicales y lo excluyó del puente de mando del equipo coordinador del Plan de Alarma, compuesto por los Ministros de Sanidad, Interior, Defensa y Transportes, sin la participación de ninguno de sus cuatro Vicepresidentes. De ellos, tan sólo Margarita Robles está dando la talla y se ha enfrentado con firmeza a las incesantes provocaciones de Torra y ha afirmado que si alguien no está dispuesto a colaborar para hacer frente a la pandemia, “tiene que quedar al margen de la vida pública”. Su colega de profesión,  Grande-Marlaska, cada día se parece menos al gran juez que fue y más al mediocre político que es. Está totalmente entregado a su jefe de filas –en una breve alocución, llegó a citar  hasta cuatro veces, “como bien ha dicho el Presidente del Gobierno”- y es de los ingenuos que cree que Torra es recuperable y espera que se suba a la barca común y reme junto con todos los españoles. El nombramiento de Salvador Illa responde al pgco de la cuota que Sánchez ha tenido que conceder al sector nacionalista del PSC. Cabría preguntarle qué hace un filósofo como él en un Ministerio de Sanidad como éste, en un caótico momento de pandemia vírica. Pues lo que es lo suyo, filosofar y repetir generalidades y banalidades en su diaria rueda de prensa informativa –. En cuanto a José Luis Ábalos –otrora un de los puntales del sanchismo- sigue aún algo sonado como consecuencia de sus aventuras nocturnas con Delcy Rodríguez. Como responsable de Trasportes y Movilidad, su misión consiste en reducir al máximo el transporte y la movilidad, lo que no está haciendo del todo mal.

En su egotismo narcisista, Iglesias es incapaz de  renunciar a su protagonismo y no puede renunciar a las cámaras y a los micrófonos y, aún menos, asumir en el guion un papel de actor secundario. Se ha autoimpuesto como coordinador de las medidas socio-laborales del Plan de Acción y reclamado el monopolio del “escudo social”. Ha aprovechado la ocasión para, desde el seno del Gobierno, cumplir con su obsesión de liquidar la monarquía y el régimen de 1978. Ha utilizado el atril de la Moncloa para impulsar una orquestada campaña de caceroladas contra el Rey Felipe VI, a espaldas de Sánchez, aunque éste nunca ha destacado por su defensa de la institución y de su representante. Disfruta lanzando grandilocuentes mensajes como  el de “hay que politizar el dolor;. que el dolor se convierta en políticas para cambiar la realidad” –es lo que hacía ETA, por lo que “nihil novo sub sole”-.

Su pareja sentimental y Ministra de Igualdad está pletórica con su papel de primera mártir del feminismo y ha lanzado, desde su muñido confinamiento, un mensaje de apoyo al personal sanitario. “Gracias, Sanidad pública”- Eso sí, teniendo a la puerta de su mansión una ambulancia con dos desfibriladores a su completa disposición. Sólo le falta afirmar que el COFID-19 es un virus machista y homófobo. Al fin y al cabo, su pareja ya ha acusado a su colega el Ministro de Justicia de “machista frustrado”. Cuando en una entrevista, Ana Pastor le preguntó de si debían arrepentirnse de no haber suspendido las marchas del 8-M, Montero le contestó recurriendo al método Olendorf:”Nadie duda de que la gestión que se está haciendo es la adecuada”.

Los nacionalismos han seguido su labor de zapa contra el Plan de Alarma porque limita temporalmente sus competencias, discretamente los vascos y más abiertamente los catalanes. Aunque tanto Torra como Urkullu participaron por primera vez en la Conferencia –celebrada vía telemática- de los Presidentes  Autonómicos, pero Torra –a diferencia de Urkullu- se negó a firmar el comunicado conjunto adoptado para hacer frente a la pandemia, y está actuando al margen de, y con oposición a, las directrices del Estado, al que ha exigido el cierre del acceso a Cataluña. En su obsesión nacionalista, Torra se preocupa por el riesgo de contaminación de las tierras del Ampurdan o del delta del Ebro, pero no por la salud de sus habitantes.

La situación en Cataluña es dramática, tanto en el plano sanitario como en el político. En el primero, la actuación de la Consejera de Sanidad, Alba Vergés (ERC), y de su Secretario de Salud Pública, Sergio Guix, ha sido lamentable, como ha puesto de manifiesto “Dolça Catalunya” en un video que produce vergüenza ajena, pues ha estado repleta de improvisaciones, malas apreciaciones  y contradicciones: aquí no pasa nada, los virus que infectan Igualada son distintos a los del resto de España, la situación está controlada, la culpa es de “Madrit”, Cataluña no tiene por qué seguir las directrices del gobierno central…La portavoz de la Generalitat, Meritxell Budó, no ha dudado en recurrir a la calumnia, al declarar que ”las fuerzas policiales estatales están requisando material sanitario destinado a los hospitales catalanes”. El Presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, Jaume Padrós, ha afirmado que, por culpa del Decreto del Estado de Alarma aprobado por el Gobierno español, el material no estaba llegando a los centros sanitarios de Cataluña.

Este ambiente antiespañol se ha trasladado a la calle, especialmente a raíz de las declaraciones del Consejero de Interior, Miquel Buj, de que no hacñia falta que se desplegara el Ejército en Cataluña, porque ya se encargaban los Mossos de multar y sancionar a los que estuvieran en la calle. Un concejal de la CUP ha recomendado a los ciudadanos que tosan en la cara de los militares para que no vuelvan más por Catalunya, y un antiguo colaborador de TV3 –Ramón Peris- se ha preguntado si lo que rociaron las unidades de la UME en el aeropuerto del Prat era un contaminante, pues había estrategias y técnicas modernas para diezmar al enemigo sin bombardearlo. España no tenía compasión ni decencia con los habitantes de Castaluña y “nos roba el dinero y la vida”- Así, se ha pasado en la agitprop nacionalista de eslogan “España nos roba” al de “España nos mata”.

  La oposición del PNV ha sido más matizada. El lehendakari se ha negado al despliegue de unidades de la UME en el País Vasco y a que éstas monten un hospital de campaña en el edificio de la Feria de Bilbao, pero Urkullu firmó –un tanto a regañadientes- el comunicado conjunto de la Conferencia de Presidentes Autonómicos y ha mostrado su disposición a colaborar con el Gobierno central.

Después de la Declaración del Estado de Alarma

Cristian Campos ha resumido como sigue la evolución de la situación sanitaria de los últimos días. Con la ayuda del coronavirus, Sánchez ha conseguido en los últimos 15 días  lo que no logró ninguno de sus predecesores: que los ciudadanos españoles fueran una nación unida bajo un Gobierno único y unos derechos y una obligaciones iguales en todo el territorio nacional. Sánchez formuló una Declaración de Alarma que habrían firmado sin reparos Casado o Arrimadas, e incluso Abascal. Partiendo de la base de que el virus no entendía de ideologías ni de territorios, puso el interés nacional por encima de los chantajes de los nacionalistas y de las presiones de su caballo de Troya en el Gobierno que no era otro que Podemos. La respuesta del Presidente  ha facilitado la lucha contra la pandemia, pero va a dificultar sobremanera la continuidad del actual Gobierno. Podemos ha quedado desautorizado y ninguno de sus Ministros forma parte del sanedrín coordinador, habiéndose reducido “de facto” el Gobierno a Sánchez y a los Ministros de Sanidad, Interior, Defensa y Transportes. El Real Decreto equivale un artículo 155 mucho más duro que el que aplicó Rajoy en 2017 y permite el despliegue del Ejército en todo el territorio nacional. No ha llegado a formarse un Gobierno de concentración nacional –con PSOE, PP y Ciudadanos-, pero quizás se consiga dentro de unos meses. La opinión pública expresada a través de las redes sociales cree que la coherencia del Presidente dura 24 horas y que, pese a haber sufrido en sus propias carnes la deslealtad de su socio y sus aliados, no ha aprendido la lección.

Campos se ha preguntado si lo ocurrido estos últimos días podría abrir el camino de Sánchez hacia la adquisición de un sentido de Estado. Yo creo que es posible, siempre que la actual Oposición le garantice su permanencia en el Gobierno, pues Sánchez no tiene ideología ni principios y -siendo su objetivo primordial conservar el poder, está dispuesto para ello a pactar hasta con Vox. Queda por librar la batalla de las medidas económicas a adoptar para superar la situación actual y Podemos hará todos sus esfuerzos para –aprovechando la coyuntura excepcional- imponer sus disparatadas tesis económicas. No creo que lo logre, porque tiene en contra la globalización, la UE, los mercados internacionales, el sentido común y la opinión de la mayoría de los españoles. España no puede ganar la batalla del COVID-19  y perder la del bolivarismo económico de Iglesias.

Cuando compareció ante las Cortes, Sánchez volvió a las andadas y, tras recibir el apoyo desinteresado de los miembros de la Oposición, en vez de aceptarlo y tender con ellos puentes de diálogo, les exigió que, por patriotismo -¿sabe realmente lo que es eso?- votaran sus presupuestos bolivarianos, que son justamente lo contario de lo que España necesita en esta coyuntura. Sufre el síndrome del escorpión que le lleva clavar su aguijón en la rana que generosamente le ayuda a cruzar el vado. En su comparecencia institucional en TVE, Sánchez estuvo más comedido y adoptó una actitud de estadista, ofreciendo colaboración a todas las fuerzas políticas y afirmando con gesto grave que lo peor estaba aún por llegar, lo que “pondrá al límite nuestra capacidades materiales y morales, y nuestro temple como sociedad”.  En la última de sus comparecencias ha adoptado una actitud franciscana, al instar a mantener la unidad entre todas las fuerzas políticas: ”Si alguien marca distancias con respecto al Gobierno, nosotros nos acercaremos a ellos con mayor disposición; si alguien elude sus responsabilidades, nosotros nos esforzaremos en asumirla aunque no nos correspondan; si alguien polemiza, nosotros conciliaremos”. El problema es que el Presidente del Gobierno suele mentir sin el menor pudor y tiene su credibilidad por los suelos. Una muestra de ello es que, -en estos momentos de hondas preocupaciones por razones sanitarias y económicas-, ha tenido tiempo para dictar una resolución para facilitar la tramitación de indultos ya iniciados o de los que “vayan a iniciarse”.

La situación actual en España es que se han producido 1.725 muertes, hay  28.573 infestados por el coronavirus -1.785 en la UCI- y 2.575 curados. Sánchez acaba de decretar la extensión del Estado de Alarma por otros 15 días, decisión que tendrá que ser avalada por el Congreso. 

A pesar de ello, José Antonio Zarzalejos ha presentado un panorama optimista. El nacionalismo –pese a las estridencias de Torra acusando al Gobierno en la “BBC” y, por carta, a los líderes de la UE de todo género de maldades-, el nacionalismo ha quedado pulverizado por la envergadura global de la pandemia y por el peligro devastador de sus posible consecuencias. “Estamos en un trance de supervivencia en el que se priman el sentido de solidaridad, el espíritu de colaboración, la cercanía con los vulnerables, el civismo y el ejercicio de la ciudadanía. Quien se aparte de esa línea de conducta, se quedará en la cuneta y no será escuchado  ni considerado”. La pandemia demuestra que la globalización ha derrotado al nacionalismo y, seguramente, también al populismo, y que estamos entrando en una nueva era de universalización de conductas. El actual Gobierno no es ya de coalición progresista, sino de gestión y de salvación nacional. Ha aplazado todos sus planes y abandonado todos los programas, salvo el de la reconstrucción. La épica de hace unos meses no está ya vigente, ni volverá a estarlo. No hay mística en el ensimismamiento, sino en la solidaridad. “No hay más patria que la pertenencia a la humanidad herida”. Ya no habrá reuniones de Sánchez con Torra tras su descalificación sin matices por Margarita Robles, “expresamente pactada con la Moncloa”. El Presidente de la Generalitat ha traspasado todos los límite e ido más allá de todas las decencias políticas.

 Como ha observado Steven Forti, Torra necesita sobreactuar para intentar devolver a JxC a la centralidad. El independentismo lo banaliza todo, incluso una pandemia, con el objetivo de mantener, no perder o recuperar la hegemonía política a nivel autonómico. Según Fernando García Romanillos, Torra lleva días soltando las peores barbaridades que puedan salir de boca de un representante político. 

Juan Manuel de Faramiñán ha observado que hay momentos en la Historia en que se producen giros que pueden actuar como goznes que cambian el sentido de la vida y éste es uno de ellos- La pandemia del COVID-19  va a generar seguramente un cambio en nuestras costumbres. La extensión del virus ha demostrado que las fronteras no existen y que la pandemia se extiende sin consideraciones geográficas, culturales o sociales. El virus ha puesto de manifiesto que no se pude jugar con las leyes de la naturaleza y nos ha enseñado que debemos aprender a cuidar y respetar el planeta en el que vivimos. En nuestro encierro nos hemos percatado de cosas que hemos perdido, como los contactos humanos. Cuando la crisis pase, deberemos  desarrollar lazos más fraternos y ampliar nuestro concepto de alteridad, pues todos necesitamos de todos en un mundo colectivo que se apoya en la aldea global. El virus también nos ha enseñado que deberíamos generar una responsabilidad individual y colectiva que nos recuerde que el bien de otro es también nuestro propio bien. El dolor tiene que ser un vehículo de conciencia para darnos cuenta de que “todos somos uno” y de que el dolor de otro es también nuestro dolor. Vamos a tener que desarrollar en el futuro una conciencia de co-responsabilidad que nos permita trabajar codo con codo. Minuto a minuto podremos ir comprendiendo el valor de nuestras horas y la importancia de viajar juntos con el resto de lo seres humanos en la sugestiva e interesante experiencia de este “viaje de la vida”.

Coincido con Josu de Miguel en que es importante desarrollar en el corazón de los ciudadanos el principio de la responsabilidad. Los ciudadanos deben mostrarse responsables de sus actos y participar activamente en el Estado  a través de las tareas cívicas que la comunidad política les demande. A lo mejor con esta crisis descubrimos que necesitamos una nación y que, no solo tenemos derechos, sino también deberes importantes que no podemos soslayar. El Gobierno y su Presidente también tienen que asumir sus responsabilidades, y los partidos nacionalistas mostrar su lealtad institucional al Estado del que sus Comunidades forman parte.




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