La obscenidad de Yolichari Díaz

La foto de Yolichari Díaz no puede ser más obscena. Recostada a la amazona sobre una “chaise longue” de estilo Luis XVI con estampado granate “Toile de Jouy” y madera sobredorada, aparece envuelta en un vestido de amplio vuelo sin mangas, piernas recogidas sobre el tresillo al modo diletante de quien no tiene nada mejor que hacer, mechas californianas y melena como de los Ángeles de Charlie para hacer la revolución y, de fondo, un bosque de piernas y cuerpos de braceros, se supone que alegres y felices, recogiendo la cosecha en un koljós o en un sovjós a la usanza del realismo soviético extremo. ¡Bravísimo!

Le falta en las manos una copa de champagne y de música de fondo suena la palabrería preadolescente de Ione Belarra que habla de “tribus”, de “matrias”, de “poliamor” y de llevar platos de sopa por sorpresa a la vecina para cuidarnos entre todos y que hoy no cocine, en un colectivismo de pin y pon, de cocinitas compartidas donde los tomates son de plástico y se hace la compra con billetitos de juguete, que luego se encarga mami de recogerlo todo en un cajón del Ikea a juego con el color de los armarios y nos coloca el peluche favorito sobre la colcha y entre dos almohadones para cuando llegue la hora de acostarnos y de dar las buenas noches…, pero no apagues la luz del pasillo, mami, hasta que me duerma, que tengo miedo.

Esto es todo una barbaridad… ministras de España predicando como versos de autoayuda; catedráticos casposos despotricando contra la memorización del conocimiento; portavoces de gobierno que no saben explicar los proyectos que se aprueban; planes inanes para acabar con el consumo de carne, con los refrescos de cola o con las apuestas; y, mientras tanto, presidentes de vacaciones a costa del Estado con sus amigachos; comunistas que catalogan al lumpen proletariado de “gente de una clase mucho más baja que la nuestra”, en histórica expresión, comprándose chalés a toda máquina en zonas exclusivas; amantes delirantes hablando de espermatozoides en carrera para definir a los sistemas monárquicos cuando el que la engendró a ella era todavía esperma nazi cien por cien… O sea, un show.

España no se parece a España, sino a un juego de Los Sims y el gobierno se asemeja a una reunión de tarados e incompetentes cuyas ocurrencias observa Europa con ojos de asombro y sin atreverse a anunciar que no llegarán las ayudas financieras si antes no se celebran elecciones, igual que unos meses más atrás exigieron el cese inmediato de aquel vicepresidente llamado Pablo Iglesias, que en paz descanse.

Lo deslumbrante en este país no es ya que un tipo de 77 años ingrese en prisión por haberle disparado a un individuo que entró en su casa de madrugada para robar (o para violar a sus nietas, que eso no lo sabemos), sino leer uno tras otro los titulares de los periódicos sin que ninguno de los oficiantes de ocasión corrija la logomaquia de convertir al bribón en “un hombre muere” y al desprotegido ciudadano en un “matador”. En esta España de wokiprogres sobrevenidos uno empieza a sospechar que Feijóo no cambiaria ni una coma en el nuevo Código Penal que evita la prisión a los okupas y los bendice con unas penas de multa vacías de significado por su insolvencia declarada de antemano.

El paro avanza como un sexto jinete del Apocalipsis y cuando acaben los contratos de temporada se abrirán las puertas del infierno, con los sindicatos a la espera de que cambie el gobierno para poder movilizarse. Es la paz de un cementerio.

He dicho.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *