Sufrimos la desgracia los españoles de padecer un personaje que, hay que repetirlo hasta la saciedad aunque sea evidente salvo para los demás arribistas como él,  carece de escrúpulos ni principios, ni morales, ni políticos. Un ser humano todo marketing y estudio de imagen, pagado de sí mismo y cuya única finalidad en la existencia es medrar a costa de lo que sea, aunque este lo que sea implique la desmembración de España o la quiebra de la convivencia entre españoles.

No tuvo empacho en ser apoyado por lo peor del arco parlamentario para acceder a un puesto que nunca habría logrado con el voto de los ciudadanos, para, según sus propias palabras mentirosas, ”una única finalidad: expulsar al partido más corrupto del Gobierno de España”, esa fue la mentira fundacional de su mandato, pues la finalidad primordial de esa moción de censura no era echar a Rajoy sino ponerse él en su lugar sin contar con la decisión de los electores y mantenerse en él el máximo tiempo posible.


Desde entonces (es poco tiempo pero parecieran años por el deterioro que España está sufriendo) este fraude con piernas ha venido jugando a ser Presidente de una Nación tan grande como lo es España a base de cara dura y asesoramiento de imagen, sin tener en cuenta ni plantearse siquiera el bien común ni las responsabilidades de su cargo, sin criterio político alguno y al albur de lo que sus socios de legislatura, podemitas y separatistas de variado pelaje, le iban demandando. Todo con tal de mantenerse en el asiento del Falcon y batir el record de kilómetros recorridos por Willy Fog.  

Pero al advenedizo sujeto le surgió una duda: ¿y si, dado el inesperado batacazo electoral en el feudo hasta ahora propiedad del socialismo, o sea, en Andalucía, esto quisiera decir que, a pesar de lo alto y guapo que soy, la gente no está dispuesta a permitir que Begoña y yo disfrutemos de nuestros viajes por el mundo unos años más? ¿y si no me comprende esa chusma que vota?.

Y entonces consultó a su oráculo en forma de asesor de imagen y este le recomendó dar un viraje de 180 grados a lo que hasta este momento estaba haciendo, que no era otra cosa que confraternizar con el separatismo catalán y vasco y asumir un nuevo personaje: el de adalid del constitucionalismo y la unidad nacional ante los desvaríos de Torra y sus secuaces, y para ello que mejor que ser un mártir, le susurro al oído Iván (Redondo).

Dicho y hecho, Iván dibujó el plan: acudamos al Consejo de Ministros del día 21 de diciembre, suframos los improperios y la violencia de los desatados CDR y la dejación de funciones de los mossos, a continuación apliquemos el artículo 155 y quedaremos como salvadores de la soberanía nacional contra los bárbaros secesionistas.

Todo mentira, todo impostura como lo es todo en este personaje. Ni cree en España ni en la soberanía nacional, sólo cree en Sánchez, en la esperanza de que ese nuevo giro en su actitud con los separatistas le atraiga votos fía su futuro.

Sin embargo, debería pensar, si es que puede, que la aplicación de ese mismo artículo por el no menos infausto Rajoy, no solo no le supuso mayor popularidad entre los votantes, lo que hubiera conseguido sin duda de aplicarlo con la dureza y permanencia en el tiempo que las circunstancias requerían y no para hacer un apaño y convocar elecciones en un mes, es decir, no solo para no arreglar nada, sino para empeorarlo, sino que le supuso un descrédito absoluto que sumar al ya atesorado durante su fláccido mandato.

Algún día la Historia, aunque sería conveniente que no solo ella, juzgará el mal infringido a España por D. Mariano Rajoy, pero ahora estamos con la desgracia que lo sucedió:

Iván, piensa en Mariano y aconseja a tu cliente, si su porvenir está en aplicar el 155, que lo aplique hasta las últimas consecuencias, sólo así podrá ganar votos, que es lo que a él le importa.

Habría una consecuencia colateral, pero esa le da igual a Sánchez: saldría ganando España.