La nueva movilidad urbana: el motosharing

Entre los muchos cambios que hemos experimentado los que vivimos en la ciudad durante las últimas décadas, citaría como uno de los más llamativos el de la forma de desplazarnos por nuestras calles, la movilidad, ya sea en coche particular o taxi /cabify / uber,  en autobús, tranvía, tren de cercanía, moto, bicicleta o incluso a pie.

Atrás quedó la expresión “ir a dar un paseo por el centro”, entendiendo por paseo esa forma sosegada de caminar, sin prisa ni un gentío que te obligue a ir esquivando a los caminantes que van en distinto sentido. No digamos el coger el coche para ir al centro o inclusive a un barrio, porque el aparcamiento libre es una rara avis que no suele durar ni cinco minutos y cuya carencia nos obliga a dejar el coche en un parking privado o muy lejos de nuestro destino.

La bicicleta de alquiler, gracias a los numerosos kilómetros de carril bici, ya forma parte de nuestro paisaje urbano, y qué les voy a contar de los patinetes eléctricos que surcan calles, aceras y asfalto, a toda velocidad y en ocasiones sin luces. 

Si a todo ello le unimos el movimiento que ha representado la economía colaborativa, donde el apego por la propiedad ha sido sustituido por el usar y pagar, con la implantación de bla bla car para ir de una localidad a otra, entenderemos por qué el motosharing (moto compartida) ha irrumpido en muchas capitales con un notable éxito a pesar de sumar sonados pinchazos de empresas y ya se está consolidando como una alternativa a tener en cuenta.

El fenómeno de las motocicletas y los scooters nos ha acompañado desde su invención: ¿quién no recuerda haber tenido algún familiar o amigo con una vespa, una ducatti, una mobylette o un vespino? Cada modelo y marca tenía y tiene sus connotaciones, como por ejemplo la Harley Davidson, y hasta suponía en tiempos un plus a la hora de entablar relaciones…

El motosharing, como modalidad de alquiler de vehículo por una ciudad, está tomando un fuerte impulso tras sus comienzos hace unos años: Acciona irrumpió con sus servicios en octubre de 2018, y se expandió a ciudades como Barcelona, Valencia o Sevilla, convirtiéndose en líder de esta modalidad con 10.000 unidades de la marca Silence, en su línea de invertir en proyectos que aceleren la transición energética y luchar contra los efectos del cambio climático.

La congestión, los ruidos y las emisiones de CO2 son externalidades negativas que han favorecido el que cada vez sean más las personas que optan por este tipo de transporte. En efecto, los atascos a ciertas horas y en determinados puntos, son un escollo constante a salvar que nos lleva a pérdida de tiempo, estrés y consumo inútil de combustible; los ruidos suponen una de las mayores fuentes de ansiedad en la vida urbana, y, por último, las emisiones de CO2 representan un peligro para nuestra salud, a pesar de que son pocos los municipios que parecen haberse tomado en serio la implantación de Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).

A pesar de sus ventajas, el motosharing aún no es un negocio maduro, y de ahí que haya habido firmas que han tenido que abandonarlo: Seat, Coup, Movo, Moving o Reby, aunque otras como Cabify, que comenzó también en Madrid en 2018 y ahora opera también en Barcelona y Málaga,  han alcanzado ya el umbral de rentabilidad, en este caso con motos eléctricas de 50 c.c., si bien echan en falta planes de incentivos para este tipo de transporte por parte de las empresas o la existencia de un mayor número de plazas de aparcamiento, no sólo en las zonas más céntricas de las ciudades, sino también en los barrios periféricos. En mayo de 2023 firmaron una alianza con Cooltra para habilitar el alquiler de sus motos desde la app de Cabify. Resulta llamativo el caso de la empresa Motiños, que circula por La Coruña y cuya fundadora capitalizó el paro y se lanzó a emprender su propio proyecto, que después de dos años ya da baneficios.

El mayor freno al desarrollo de esta modalidad de desplazamiento es de tipo burocrático. Por una parte, la Dirección General de Tráfico (DGT) estudia la posibilidad de exigir a los nuevos conductores con carnet B un curso para llevar motocicletas de 125 c.c. (hasta ahora bastaba con tres años de experiencia), lo que supone un hándicap para algunas de las empresas mencionadas, llamadas a jugar un papel clave en la movilidad urbana. Por otro, la normativa de cada municipio hace que haya que adaptarse a diferentes regulaciones.

A modo de conclusión, en el momento actual estamos ante un nuevo tipo de movilidad urbana, cuyas empresas aceleran para asegurar su futuro financiero, atentas a lo que puedan dictar las normas de la DGT y de cada ayuntamiento. Continuará.

 Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




1 Comment

  1. José Antonio Molino dice:

    Desde luego, en nuestra adolescencia y juventud la moto, vespino o ciclomotor no dejaba de tener su “puntito” y causabas sensación en tu grupo cuando aparecías con el susodicho vehículo, sensación directamente proporcional al cubicaje de la moto……. tiempos,
    Hoy la moto es un vehículo útil y práctico por pura necesidad dado la complicada movilidad de hoy en día. Pero concretamente el ” motosharing ” no lo uso desde antes de la pandemia. Entonces me pareció bastante caro, no es una alternativa válida para uso diario de desplazamiento al trabajo, etc. Más bien para una necesidad puntual en la que resulta sumamente práctico, pero 4 euros para ir al trabajo y otros tantos para volver a casa, todos los días como que no. Es de suponer que con el tiempo y la ley de la oferta y la demanda, todo llegará a su justo punto.

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