La neolengua extemporánea de Orwell Sánchez

– No lo llamemos toque de queda, que a las personas mayores les puede sonar a otra cosa. Convengamos en términos más contemporáneos que se trata de una restricción de la movilidad nocturna…

– No las llamemos vacaciones en el Palacio de Marismillas ni en La Mareta a costa del contribuyente, sino visita de Estado para la observancia de la emergencia climática en la periferia.

– No le digáis Consejo General del Poder Judicial, sino Delegación del Gobierno para prevaricar sin ruido.

– No lo llamemos licenciado en Filosofía sin acreditación de ninguna clase en temas de Salud, sino ministro de Sanidad.

– No lo llamemos caradura y sinvergüenza desalmado, sino director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.

– No lo llaméis comité inexistente, sino comité de expertos.

– No lo llamemos falta de transparencia, sino preocupación constante por evitarle a los ciudadanos y ciudadanas disgustos innecesarios que de todos modos os vais a comer con papas.

– No digáis que son prostíbulos, sino saunas y áreas de recreo y esparcimiento solidario de mi suegro.

– No lo llaméis “robo del oro de Moscú”, sino inversión comunal en apoyo de los desfavorecidos del hermano pueblo ruso.

– No los mencionéis como fusilamientos, que a las personas mayores les traerán viejas resonancias, digamos mejor implantes metálicos en humanos.

– No digáis fosas comunes, sino aprovechamiento habitacional de almas en las tapias.

– No lo mencionéis como Paracuellos, sino como campeonato mundial de tiro al despistado.

– No lo llaméis soez revanchismo guerracivilista, sino Ley de Memoria Histórica.

– Convengamos una nueva denominación para la prevaricación, pues es distribución de la pasta que os trincamos para el equitativo reparto entre los míos.

– No lo llamemos independencia judicial, sino “¿de quién dependen, eh? ¡Pues yastá!”

– No los llaméis golpes de Estado, sino generosa muestra de que con vuestros votos hago lo que me da la gana.

– No lo llamemos manipulación, sino libre ejercicio de que los periodistas sólo cuenten la versión que a mí me salga de las narices. O en su defecto, lo que diga Iván Redondo.

– No lo llamemos ruina absoluta, sino economía de la nueva normalidad socialcomunista.

– No los llaméis parados ni desempleados, sino voluntarios en transición digital, energética y climática.

– No los llaméis empresarios ni autónomos, sino personas en posición de mirar a Cuenca mientras los visitan los nobles sheriffs de Hacienda.

– No lo llaméis virus chino, sino necesaria excusa para llegar a presidente de la república.

– No lo llaméis Rey de España, porque me pone de mala leche sólo de pensar que Begoña no pueda usar la gargantilla esa de diamantes de Patrimonio del Estado porque le rasca la nuez.

– No lo llaméis subida de impuestos, sino impulso inversor en la expansión del empleo de gente de mi partido.

– No lo llaméis déficit público, sino vaya marrón que se va a comer el que venga después de mí y vosotros los primeros.

– No lo llaméis techo de gasto cuando sabéis que lo de gastar se me da a mí divinamente y no dejo nada en la caja porque el dinero público no es de nadie. Y el privado tampoco.

– No los llaméis terroristas, sino hombres de paz que han iniciado una nueva vida para que yo les otorgue la independencia.

– No los llamemos golpistas catalanes, sino antiguos traviesillos a los que necesito para que me aprueben los presupuestos.

– No lo llamemos aborto de las menores, sino reivindicación femenina para que vengan más musulmanes y africanos antes de implantarles el burka y la ablación de clítoris.

– No los llaméis menas, sino ¡mis niños! que aseguran la cifra de mujeres violadas cada año.

– No los llaméis inmigrantes ilegales, sino ociosos camaradas en sus países de origen deseosos de pillar subsidios.

– No lo llamemos comunismo de pandereta, sino bendito ejercicio de progreso hacia la ruina absoluta.

– No llaméis a Tezanos manipulador torticero, sino analista de prospectivas para que me mantenga para siempre a bordo del Falcon.

– No lo llaméis confinamiento forzoso, sino voluntarios ejercicios espirituales para rogar por mí y por el Papa Francisco…, aunque yo no soy la Verdad, soy el Camino para joderos del todo la Vida.

– Y, sobre todo, convengamos en que yo soy el más guapo y que sois todos unos putos fachas de mierda.

He dicho.




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