La Moncloaca y el marqués de Teherán

Apenas 23 días separan la toma de posesión del Gobierno de Narciso Sánchez y el marqués de Teherán y el derrumbe registrado en el basurero de Zaldívar. Una metáfora inesperada, con resultado de muerte, de lo que se nos venía encima.

La montaña de basura y amianto sepultó no sólo a dos operarios, aún desaparecidos casi 180 días más tarde, sino que aplastó una carretera y desde entonces continúa echando humo altamente contaminante y peligroso para la salud de las personas sin que nadie sepa qué se debe hacer en tales circunstancias.

Para los medios de comunicación es algo que ni existe, aunque sí sabemos que en Zaldívar, como en Moncloa, el covid19 no es la prioridad. En el vertedero y sus alrededores, lo prioritario es protegerse de los efectos del desastre de aquella tarde; y en el Consejo de Ministros, cada vez más claro, salvarse del incendio político que generan Sánchez e Iglesias en todo lo que tocan.

Por aquellas misma fechas del derrumbe en la escombrera, en el Palacio de la Moncloa se sufrían ya los primeros movimientos que anunciaban la catástrofe que se cernía sobre España. Tampoco nadie hizo caso de las señales de alarma que llegaban de todos lados, pero pasados estos mismos meses, la Moncloa es ya una montaña de basura y de mentiras incalificable que se ha venido abajo y que bien podría denominarse “la Moncloaca”.

En “la Moncloaca” se destruyen las tarjetas de las asesoras, se remueven los residuos que peor huelen, los comités de expertos que se anuncian se desmoronan o no existen y hasta desaparecen temporalmente los ministros por colleras, como operarios de la basura, aunque se diría que se turnan y vuelven a reaparecer, a veces bajo el disfraz de las mascarillas -de las buenas o de las insolidarias, con banderita de España de los fachas o sin ella- y otras veces a pelo, como cuando Irene Montero recibe al presi entre aplausos en el acto de propaganda stalinista o hitleriana al regresar de Europa y con el único adminículo de tela colocado entre las piernas…, se supone.

El paralelismo entre ambos lugares es escabroso, pero en Zaldívar han abandonado a dos operarios que siguen desaparecidos y en la “Moncloaca” decidieron dejar en la cuneta a 48.000 almas, más de la mitad abandonados a su suerte en aquellas residencias de ancianos que asumió el marqués de Irán como cosa suya para brindarles la misma protección que a las tarjetas de móviles de su harén particular.

Iglesias es ahora mismo Johny Storm, La Antorcha Humana, aquel personaje de la Marvel (“Los Cuatro Fantásticos”), más caliente que los frenos de un AVE cuesta abajo, y que se incendiaba y absorbía las llamas de su entorno sin causarse ningún daño en su propio cuerpo pero que pasaba por la BBQ todo lo que se le aproximara.

Y lo malo es que no tiene a Tormenta como heroína compañera de fatigas que lo aplaque, sino una yesca de mechero que arruga el ceño y se dispara como un cohete de feria cuando toma la palabra o apenas que Macarena Olona o Cayetana le cimbrean el capote desde los medios del Congreso.

Antes de llegar al Gobierno, Pablo Bousselham parecía obsesionado con la cal viva y el señor X de los GAL. Ahora que se sienta en el Consejo de Ministros ha instalado a su Patrulla X en el CNI y busca sin descanso dónde guarda Felipe VI sus súper poderes para salir ileso de todas las garambainas que sus echeniques, errejones y monederos enjaretan para atraparlo.

Acostumbrado a las maniobras mafiosas de sus super héroes del FRAP o de la ETA, La Antorcha Humana ha urdido un plan, que no le sale. Si no puedes atrapar a tu enemigo, intenta chantajearlo secuestrando a alguien de su familia. Y en ello están, con el Rey Emérito, por ver si cuela.

Sánchez se ha probado el disfraz de Capitán América y utiliza a Iglesias como escudo, porque mientras el marqués la va liando parda, a él le queda un espacio para respirar y para disfrutar del Falcon a escondidas, en La Mareta o en Doñana (¿a que este año no hay coj… de cruzar en la barcaza a bajo de guía?), aunque sabe que en cualquier momento tendrá que prescindir de él. Tic, tac…; tic, tac…

Un millón de parados más por mes y siete mentiras nuevas cada día no lo soporta en calma ni el régimen chino. Esto va a explotar, por mucho que los paniaguados aplaudan en el Congreso y por mucho que Tezanos se invente las encuestas.

He dicho.


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