La minifalda de los embustes

Lo bueno es que mientras el zurdismo se entretiene en ensombrecer o restar importancia a la confesión de parte que hizo Irene Montero ante una cámara (nada de off the record), sus terminales no tienen ocasión de ampliar sus maniobras de distracción ni de emponzoñarlo todo con sus bombardeos y debates oblicuos sobre las hiperventiladas ensoñaciones que les hacen ver ciudades inundadas de fascistas paseando tan tranquilos por las calles o comprando anchoas en los supermercados.

Lo malo, sin embargo, es que, ni siquiera en tales casos, el Gobierno de la pandemia reduce la velocidad en su asalto y ocupación de todos los resquicios de poder imaginables.

La penúltima de Sánchez ha sido colocar a una asesora de la Moncloa al frente del órgano regulador independiente, la Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC), que incluye entre sus tareas la regulación de la gran economía y también del mercado audiovisual, y se repartirá con Podemos y ERC el resto de miembros de dicho órgano neutral, dejando fuera del mismo por primera vez a la oposición. Los posibles inversores esperan una mínima señal de humo tras el incendio que nos arrasa para salir corriendo.

No es de extrañar, por tanto, que el PP se niegue en estos momentos a facilitar la renovación de los principales órganos de la Justicia, entre ellos el CGPJ, el Tribunal Supremo o el Tribunal Constitucional, donde el PSOE sí necesita, todavía, una mayoría muy reforzada para consumarlo.

La Justicia, a pesar del golpe asestado con el nombramiento como Fiscal General del Estado de una militante y ex ministra, resiste aún, a trozos, gracias a que el PP se niega a emprender esa renovación y gracias al edificio normativo aún vigente, personificado en la voluntad y la conciencia personal y profesional de muchos de sus titulares.

El sanchicomunismo está tan interesado en respetar los mecanismos de la democracia como yo en el funcionamiento interno del equipo de fútbol del Fenerbhaçe turco o en los cambios del reglamento en la Liga de Hockey sobre hielo de Canadá.

Los primeros cinco meses de gobierno socialcomunista están siendo una septicemia sumada a la epidemia que nos aplasta. Los efectos de la pandemia los tenemos ya en lo alto, pero los de las bacterias de ese afán dictatorial y excluyente que arrancó con ZP y el Pacto del Tinell (un “cordón sanitario”, lo llamaron como si alumbraran una profecía) los veremos en unos meses más, cuando acaso ya ni la Guardia Civil se les resista.

Cualquier otro partido de nuestra democracia que hubiese realizado movimientos tales como los que vemos habría sido acusado de inmediato de estar dando un autogolpe de estado y las mentiras de Marlaska ante el Senado, que negó tres veces haber requerido (ni el Ministerio ni la Dirección General de la Guardia Civil, dijo) el informe policial ni acceso al mismo a Pérez de los Cobos, ya no las ocultan ni en las órdenes de cese. ¿Es torpeza, simple desbarajuste en la oficina de coordinación de Iván Redondo o es que van provocando con esa minifalda de embustes que nos deja ver hasta el entrecejo de los bajos comerciales?

La manera de gobernar de Pedro y Pablo es la de los advenedizos que no creen en la fortaleza de las instituciones y necesitan aflojarle todos los tornillos a la maquinaria para que se caiga a pedazos. Gobiernan (es una manera de hablar no muy exigente) en una esquizofrenia que asume el papel de oposición. Es decir, hacen oposición a la oposición y la culpan de los desastres que generan ellos mismos con el BOE en la mano.

Sólo en una dictadura los sometidos a juicio y escrutinio permanente son los que se oponen a la acción de gobierno, precisamente por ser sospechosos con su desacuerdo. Bajo el franquismo se hablaba más en los discursos oficiales de la conspiración judeo-masónica que de la tarea misma de los ministerios. Y entonces, como ahora, una masa importante de periodistas como meretrices asumían, gratificados (también como ahora), su papel correspondiente.

Escuchar en nuestros días las loas y los trompetazos al poder de tipos entrenados en esa tarea de juventud como Iñaki Gabilondo, Fernando Ónega, Antonio Papell o Fernando Jáuregui resulta tan conmovedor que dan las mismas ganas de cambiarles el agua que a un ramo de flores de plástico.

A Julia Otero o a Ferreras y sus tertulianos se les agrietan las comisuras de lo deontológico rozando con lo absurdo y Nacho Escolar se desenvuelve en el ámbito de la propaganda con los pantalones rotos por el pernil. Si eso es periodismo, un spot de la Coca-Cola o de McDonald’s será lo próximo que obtenga el Pulitzer.

Tan imaginativos e hiperbólicos se muestran en su identificación de nazis y fascistas que sin ningún rubor enterraron a Julio Anguita envuelto en la bandera de la URSS, como pudieron haberlo envuelto en la de Narnia o en la de la Ínsula Barataria del Quijote. O en la de Mozambique, qué más da. Semejante deshonor no se lo deseo a nadie, pero al menos falleció antes de ver a Pablo e Irene plenamente convertidos en sucesores de los Ceaucescu.

Al paso que va esto, veo pronto a Greta Thunberg de ministra.

PS: Ah, por cierto… lo de C’s es de hacérselo mirar urgente en el veterinario.

He dicho.




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