La mercancía averiada del PSOE de Sánchez

El PSOE de Sánchez se está pasando de frenada. Bien es cierto que se trata del partido que tiene quizá el mayor margen de condescendencia por parte de su electorado potencial; es decir, posee el mayor porcentaje de votantes que a priori le comprarían casi cualquier producto que saque al mercado sólo por el hecho de ser el fabricante, de tal modo que cualquier día de estos proclamarán que cantar el “Cara al sol” a media mañana es un signo inequívoco de progresismo y los suyos, antes que desconcertarse, lo asumirán con parecido desparpajo con el que asumen los bandazos en relación a los etarras o al independentismo catalán.

Si esto le ocurre así al votante de base, que en principio podría hacer ante una urna lo que le viniese en gana, imagínense lo absurdo de sostener la vana esperanza de que algún cargo político, ya sea diputado, concejal o sindicalista de los que dependen de un salario regalado, se atreviera a desmarcarse o a dar un puñetazo en la mesa, como parecen reclamar algunos cuando Sánchez les conduce hacia uno de esos precipicios que lindan con los límites de la democracia.

Nada que hacer y nada que esperar en ese sentido, porque, ya digo, los suyos siguen subiendo a rematar con la cabeza incluso cuando el PSOE les lanza melones y ladrillos desde el córner.

Votantes de este mismo estilo claro que los hay en todos los partidos, pero no alcanzan ni de lejos la contumacia ciega y las acreditadas tragaderas de ese alto porcentaje que se adivina entre las filas socialistas a pesar de que conozco ya demasiados casos de gente que votaba a la izquierda con una confianza insobornable y que ahora no soportan tanta ocurrencia ni tanto engaño y desengaño como han acumulado a lo largo de sus vidas, especialmente desde Zapatero y ahora con esta banda de mariachis de Sánchez con guitarrón y trompeta.

Si algo tuvo siempre claro el votante socialista era que los partidos de derechas serían sus adversarios en las urnas hasta la eternidad, pero que el verdadero enemigo peligroso y el temor cerval les venía del lado de los comunistas, tal vez por un asentado análisis durante el ostracismo que penaron bajo la etapa franquista de lo que les ocurrió en los años 30, donde el socialismo ardió, arrastrado en las mismas brasas del delirio revolucionario stalinista.

Luego se les agravó el problema, o se les enquistó, con el surgimiento en la posguerra del socialismo democrático europeísta, al que sólo se adaptó el PSOE forzado por la dimisión de Felipe González que exigió, por encargo de Willy Brandt y de la Internacional Socialista que financió el proyecto, la renuncia al marxismo de sus postulados.

Hasta que llegaron estos dos figuras de la palabrería evanescente, ZP y Sánchez, carentes de pensamiento sólido de ninguna clase y se lanzaron por la rampa de las ocurrencias de los mercachifles, sabedores del crédito alcanzado por las siglas a las que representan, y asumieron que cualquier recurso es bueno, por incoherente o extravagante que resulte.

Pero todo tiene un límite, porque han vuelto el mundo tan del revés que ahora es un gobierno del PSOE el que persigue a funcionarios honrosos y honorables a los que califica de “policía patriótica” mientras favorece a asesinos tan inmundos como ese Txapote que asesinó a Buesa, Gregorio Ordóñez o Múgica y desafió a España entera con un intento de extorsión abyecto que terminó con Miguel Ángel Blanco maniatado en el capó de un coche y un tiro en la nuca que le tuvo agonizando en soledad durante horas. Extraña eutanasia la que ahora apoya el PSOE a cambio de encontrar el respaldo facineroso a unos presupuestos…

Esa es la mercancía averiada que el PSOE pretende que le compren los suyos y el sapo que intenta que se traguen sus votantes por la mera incondicionalidad que suscitan las siglas del partido.

Todo ello, además, ejecutado por un ex juez que llevó parte de la investigación de un caso en el que, precisamente, sí que había elementos de una “policía patriótica”, nombrados por el gobierno de ZP, que participaron en un soplo a la banda terrorista ETA y mediando otro ex juez, expulsado de la carrera por prevaricar, que pidió una baja temporal en mitad de aquello para tratar de colocar en vía muerta una jugarreta de villanos en lo que supuso una inmensa traición al Estado y a las víctimas del terrorismo por los meros intereses del PSOE de Zapatero.

En Europa causa asombro y desprecio entre quienes conocen que hoy aquel villano de la Audiencia Nacional duerme entre las sábanas de la Fiscal General del Estado, la que viene de ser mitinera del partido y ministra de Justicia, por más que el forofismo de una parte del electorado y la sumisión de sus dirigentes le permita al partido seguir actuando como un clan de sicilianos que está pidiendo a gritos, como sucedió en Italia, una verdadera operación de “manos limpias” que les borre la superioridad moral cuando hablan de corrupción y la sonrisa de la impunidad que con Sánchez ha alcanzado las mayores cotas de la ignominia. Y no dudo que la acrecentará, si nadie lo remedia.

A Marlaska sólo le queda la dimisión o sumergirse para siempre en la indignidad de sus acciones, pero a Sánchez aún debería exigírsele que algún día se siente ante los tribunales de Justicia.

He dicho.




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