La luz más triste viajó esta mañana de Huévar a Sanlúcar para despedir a Carmen Laffón

Supongo que los Laffón llegarían a mi pueblo, Huévar (Sevilla), al calor de algún negocio, desde Francia. Como los d’Herbe y los Bursón y los Burzón… Puede que el cultivo de la vid y el afán de crear bodegas o tabernas; tal vez en el XIX y quizá coincidiendo con el arribo de los Montpensier, cuando D. Antonio de Orléans se vio obligado a huir a toda prisa de París porque le buscaban mientras arrasaban su patrimonio.

El Duque compró las huertas alrededor de la Escuela de Pilotos y Mareantes para construir el Palacio de San Telmo (hoy convertido en Parque de María Luisa), pero a la vez adquirió inmensas fincas en Sanlúcar de Barrameda y también muy cerca de mi pueblo, concretamente en Villamanrique de la Condesa.

De alguna especie de séquito o de un escuadrón de leales que le acompañaran es imaginable (pero es sólo una hipótesis especulativa sobre coincidencias) que partirían todos esos apellidos franceses que se establecieron en la zona y se esparcieron por los alrededores de esos lugares.

En 1865, en un caserón aún en pie en el pueblo de Huévar, nació y vivió Amante Laffón, abogado insigne, conocido como “el Apóstol sevillano de la Caridad”, precursor del llamado “Retiro Obrero” que otorgó las primeras pensiones a los trabajadores mediante el pago mensual de una “perra gorda” a la Caja de Seguros Sociales de Andalucía Occidental.

Cuando falleció su mujer, de apellido Soto, originaria de Santo Domingo, en 1913, ésta le encargó que destinase su fortuna al amejoramiento de los pobres y el marido se empleó a fondo en la tarea dando impulso a la creación del Instituto Nacional de Previsión y en 1930, con parte de la herencia de un potentado sevillano, promovió la creación del Tribunal Tutelar de Menores y de un Reformatorio en Alcalá de Guadaira que redujeron considerablemente la delincuencia infantil y juvenil, pero sobre todo encargó al afamado arquitecto José Gómez Millán la construcción de la Barriada Retiro Obrero, en el Distrito de la Macarena, cuyos dirigentes han logrado recuperar en 2018, durante la etapa de Juan Espadas como alcalde, la placa que hubo mucho tiempo en un edificio de la zona en su memoria.

Amante Laffon falleción en 1933, pero de aquel matrimonio nacieron, que yo recuerde, Manuel, Victoria y Emilia Laffón Soto, ésta última casada con Cayetano Díaz-Trechuelo, marqués de Villavelviestre y hermano del primer aviador caído durante la Guerra Civil, de nombre Francisco.

Victoria, virtuosa señora, quedó soltera y se encargó casi toda su vida de impartir la catequesis a los niños y niñas del pueblo. Manuel, por su parte, quiso ser arquitecto, pero se hizo médico pediatra y se convirtió en benefactor de la infancia y de los pobres a través, sobre todo, de la Fundación “Gota de Leche” y de la Casa Cuna, ocupando la plaza de Jefe de Pediatría del Hospital de la Cruz Roja y con consulta abierta en su domicilio de la calle Vírgenes hasta primeros de los años 70.

Hija de este insigne médico pediatra de larga fama, que había estudiado en la Residencia de Estudiantes en Madrid bajo la influencia krausista, fue Carmen Laffón, nacida en Sevilla en 1934, pero que pasó su infancia en el pueblo en el que vivían sus dos tías, Emilia y Victoria, las hermanas de Manuel.

Manuel Laffón tuvo también casa propia en el pueblo, en la plaza principal, concretamente en el lugar que hoy ocupa la Hermandad de la Soledad y que había sido en origen taberna o incipiente bodega familiar de los Laffón primerizos que llegaron al pueblo, casi en frente de donde nació “el Apóstol”. Dicha casa se la terminó vendiendo D. Manuel Laffón al que fue mi padrino, D. José Bursón, mediante un apretón de manos en mitad de la plaza principal, la plaza de España.

El padre de Carmen, el pediatra, compartía sus retiros entre Huévar y Sanlúcar de Barrameda, en la playa de la Jara, donde conoció y se hizo amigo, por vecindad, con un excelente pintor, profesor de Bellas Artes, cuya prestigiosa calidad artística se relame constantemente en los idílicos paisajes de la playa de La Jara.

González Santos, convertido en profesor de dibujo de su amigo y tocayo el pediatra, le rogó a éste que apoyase la incipiente carrera artística de su hija Carmen, quien a partir de entonces convirtió los paisajes sanluqueños en casi un leit motiv de su carrera artística, aunque sin duda la luminosidad en su retina la vincula también con uno de los lugares más luminosos de Andalucía como es el caso del pueblo de Huévar, patria chica de adopción compartida con el propio pintor y en el que mi propio padre ejerció como médico del pueblo durante muchos años, razón por la cual vine yo a nacer en lugar tan distinguido y tan favorecido por la luz.

La casa de los Bursón, la de mi padrino, amigo hervense tanto de los Laffón como del pìntor Manuel González Santos, sigue en pie y allí se guardan y conservan dos ‘naturalezas muertas’ o bodegones muy hermosos y completamente desconocidos de una Carmen Laffon aún muy joven, apenas con 18 años, que son obras muy singulares, así como un delicioso cuadrito de González Santos con una vista típica bajo una parra en la playa de La Jara con una dedicatoria a Manuel Laffón que yo no sabría decir si fue regalo o formó parte de la transacción de la casa familiar. La hermana soltera de Manuel Laffón, Victoria, de vida modesta y humilde, le había dejado en herencia al morir a mi propio padre un cuadro firmado por González Santos y que conserva con orgullo y agradecimiento mi familia.

Lo que resulta innegable es que Carmen Laffón emparentó a su vez por matrimonio con otra casa familiar de la alta burguesía y terrateniente sevillana, concretamente con Ignacio Vázquez Parladé, dirigente comunista histórico y rico hacendado que explotó hasta fecha muy reciente la inmensa y productiva finca Mudapelo, productora de los mejores melocotones de Europa.

Los Vázquez Parladé, que tuvieron casa muy destacada en la calle Caballerizas, detrás de la Casa de Pilatos, tuvieron en propiedad, entre muchas otras, las fincas que ocupaban la isla de la Cartuja y a finales del siglo XIX fueron los primeros en introducir un tractor a vapor, o algo parecido, en las tareas del campo. Cuenta uno de sus hijos, hermano de Ignacio (ambos hoy desaparecidos), en un libro de memorias, que a su padre le enviaban las camisas para almidonar a Londres o a Lisboa.

Para enraizar aún más a estas sagas familiares con Sanlúcar, cabe apuntar que una hija de aquel marqués hervense de Villavelviestre, Cayetano Díaz-Trechuelo, y de Doña Emilia Laffón Soto, de nombre Ángela, casó con Francisco Argüeso, familia propietaria de las muy célebres bodega. Por la intensa y sincera amistad que vinculaba a mis padres con ese matrimonio, adquirieron una vivienda en Sanlúcar, en la Urbanización Los Infantes, frente al Coto, justo al lado del que ya poseía por entonces en el mismo lugar la pintora Carmen Laffón, a partir de entonces mi vecina.

Años después de que mis padres trasladaran su residencia habitual de vacaciones a Sanlúcar, Carmen Laffón, ahora fallecida, trasladó su vivienda en la zona desde Los Infantes a un chalet en La Jara tras contraer matrimonio con otro hombre de izquierdas, viejo senador socialista y catedrático de Derecho del Trabajo, cuyos trabajos incardinaron dentro de la legislación laboral a los futbolistas profesionales en media Europa.

Aunque llevaba muchos años viviendo ya en su nueva residencia de La Jara, Carmen siempre quiso conservar aquel piso vecino del de mis padres y por allí aparecía de vez en cuando para abordar en el lienzo algunos de sus paisajes mientras su viejo caballete la aguardaba de forma permanente y a la intemperie en aquella balconada vecina.

 

Foto: José Mª Arenzana

 

Hace ya algunos años, poco antes de la Expo’92, asistí casi por casualidad a una subasta benéfica en la que algunos autores habían donado algunas de sus obras para recaudar fondos para alguna noble causa. La persona encargada de subastar aquellos objetos no era otro que el periodista Jesús Quintero y cuando le llegó el turno a una litografía de Carmen Laffón, un tipo fatuo y engreído del que prefiero ahorrarme el nombre ahora, quiso quedarse con aquel cuadro por una cantidad irrisoria muy por debajo del precio de salida al no haberse recibido oferta alguna. Pleiteó el fulano todo lo que quiso por imponer su capricho al no estar asistido el subastador por una norma ni un asesoramiento adecuado, así que me sentí obligado a pujar hasta lograr la retirada del susodicho soberbio caballero y me hice con la obra de ‘mi vecina’ que salía a subasta y que desde entonces preside un lugar destacado en mi hogar.

Esta misma mañana, al despertar y conocer la noticia, me pilló de visita en nuestra casa de Sanlúcar. Rápidamente me asomé al balcón, frente a la lámina luminosa de la desembocadura y frente a esa línea verde de paz que transmite Doñana en la lejanía, para preguntarle al viejo compañero de Carmen, el caballete de blanco raído que habita el balcón desde hace años.

Me pareció más triste y desolado que nunca. A él le he transmitido mi pésame más íntimo y silencioso, que desde aquí hago extensivo a todos sus familiares y amigos. La luz de la memoria de Huévar en nuestra infancia atravesó esta mañana todos esos míticos parajes del Coto para unirnos en la plata del mar y la arena de La Jara. Descanse en paz.

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4 Comments

  1. Luis Soto Miura dice:

    Sólo hacer una indicación sobre la esposa de Amante Laffón. Era Elvira de Soto Morillas (1867-1913) hija de Manuel Soto Rico y Emilia Morillas de Quirós. Manuel marchó a Santo Domingo y allí casó con Emilia, y a la muerte de Manuel (1895) Emilia viene a Sevilla donde fija residencia, con sus hijos Manuel, Araceli, Arturo, Armando y Elvira. Manuel de Soto Morillas fue cónsul general de España en Zurich (Suiza), contrayendo matrimonio con Emilia Ziegler, teniendo numerosa descendencia en aquél país. Araceli casó con José Domingo Conradi Pineda, padres de los Conradi Soto. Arturo casó con Manuela García del Cid y Fernández de Céspedes, sin descendencia; a la muerte de Arturo, su viuda contrajo segundas nupcias con Antonio Halcón y Vinent , primer conde Halcón, en 1912. Armando -mi abuelo- contrajo matrimonio con Dolores Ybarra Gómez-Rull. Era propietario de la finca La Lobita ,en Trigueros, donde se descubrió el famoso Dolmen de Soto. Vivían en la calle Zaragoza nº 66, antiguo convento carmelita donde residió Santa Teresa en su estancia en Sevilla. Espero que con lo que antecede tenga usted una visión más de conjunto sobre la familia Laffón Soto. Un cordial saludo

    • José Mª Arenzana dice:

      Muchísimas gracias por su aportación. Déjeme comentarle, no obstante, que algunos datos obtenidos me añaden que la procedencia no fue exactamente de Santo Domingo, sino de la Rep. de El Salvador, donde Manuel Soto Rico casó con una rica heredera de este segundo país de rasgos indigenas (sin duda se trataría de la citada por ud Emilia Morillas de Quirós), aunque bien pudieron haberse establecido más tarde en Santo Domingo antes de regresar a España. ¿Sabe ud añadirme algo al respecto de eso? Muy agradecido por todos los datos que aporta…

  2. Luis Soto Miura dice:

    Estimado Sr: Ante todo le pido disculpas por no haber leído hasta hoy su respuesta a mi comentario de fecha 15.11.2021. Efectivamente, tiene Vd. razón. Mi bisabuelo Manuel Soto Rico casó en San Salvador, capital de El Salvador y concretamente en el departamento de San Miguel. Lo de Santo Domingo fue evidentemente un lapsus. Manuel Soto Rico, nacido en Cádiz, emigró a la República del Salvador, donde conoció a Emilia Morillas de Quirós, quien a la muerte de su marido, se instala en Sevilla con sus hijos. En el censo de 1895, figura su estado de viuda y que lleva residiendo en Sevilla 19 años. Figuran sus hijos Emilia (28 años) y Armando -mi abuelo- de 23 años, ambos nacido en la República de El Salvador. Se supone que los otros tres hijos -Manuel, Arturo y Araceli- estaban emancipados. Dispongo de más información al respecto, por si Vd. estuviera interesado en conocer más datos sobre la familia Soto Morillas. Reinterándole mis disculpas por el error ya comentado, reciba un cordial saludo
    Luis Soto Miura

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