La lluvia torrencial de Sánchez que nos queda

Este año va a llover. O mejor, va a seguir lloviendo torrencialmente y lo sabemos todos…

Nadie diga que las mentiras permanentes de Sánchez fueron una necesidad obligada porque las circunstancias mudaron o porque varió el viento, pues es obvio para todos y también para “su persona” (difícil ser más imbécil q referirse a sí mismo como “mi persona”) que lo suyo no es ingenuidad ni sincero pragmatismo, sino mero y soberbio afán de poder, pura arrogancia vana de quien, a sabiendas del estacazo q se podía meter este país llamado España en una alianza con comunistas, separatistas de todo pelaje (incluidos los de extrema derecha) y con los herederos de la ETA, el tipo pretende seguir jugando al engañito de monja y permitir la desestabilización de la Monarquía parlamentaria.

La envidiable estabilidad de la democracia española, la cual, con todos sus defectos -casos de corrupción incluidos-, resultaba paradigma en el mundo y para muchos asuntos, es hoy un ectoplasma.

He creído en todos estos años de atrás que los españoles exagerábamos de forma caricaturesca sobre la corrupción existente, porque no tiene ni comparación con la que existe, por ejemplo, en Italia o en Francia y en muchos otros países europeos. Para colmo de bienes, nuestra Justicia funcionaba (también con sus defectos, es cierto, pero funcionaba y la echaremos de menos).

Ocurre que con tanta hipérbole alarmista, ahora sí q la hemos cagado, compatriotas.

El panel se nos ha dado la vuelta de la mano de un tipo sin escrúpulos, capaz de presentarse a unas elecciones con una bandera de 90 metros cuadrados de fondo y de pactar a la vez con los hijos de la ETA y con los comunistas, aquéllos con los que, según el ex ‘bellotari’ Rodríguez Ibarra, el PSOE jamás pactó ni pactaría. El tipo, yo creo, lo afirmaba en serio y convencido, sin imaginar lo que se nos venía encima a todos con este Sánchez de opereta bufa.

Un individuo capaz de ir a unas elecciones diciendo que jamás de los jamases se apoyaría en independentistas y que ahora no responde a su mentira, como hizo con su falsa tesis doctoral, que ni escribió ni leyó jamás. O con los compromisos de que los ministros cesarían en su gobierno a la menor sospecha.

Ahora, en cambio, el arrogante inepto cabalga a lomos de ese tigre con una corte de peones como Lastra, Ábalos, Marlaska, etc, que se comportan como esbirros a su servicio. Y es que ya señalaba Nicolás Maquiavelo que “Los príncipes deben ejecutar a través de otros las medidas que puedan acarrearles odio, y ejecutar por sí mismos aquellas que les reportan el favor de los súbditos”.

Sánchez no cree en nada de lo que dice. Es más, Sánchez no cree en nada, carece de principios o de valores de ninguna clase, sólo los adopta en beneficio propio, sabedor de q su destino es el permanente engaño: a los votantes, a los q apoyan su investidura o los presupuestos, a los que no le apoyan, a los que vengan en el futuro y a los que queden por llegar…

Lo suyo es una impostura excelsa y constante o es patología, capaz de hacer un discurso (leído siempre y se pierde a veces cuando no lo lee) a favor de una cosa y de su contraria.

Sánchez es alguien a quien se le cambia el tono a vascuence si le responde a una hija de ETA y al que la inflexión se le vuelve catalufa cuando le responde a un separata del noreste. A Sánchez no se le caen los anillos cuando toca repetir mil veces el guión de una “Valeria” de mercadotecnia inventada en el laboratorio de Iván Redondo a la que Sánchez había conocido el día anterior en Lérida, en Canarias, en Valladolid o en Alcaudete con una retahíla de embustes que harían enrojecer a un niño.

O sea, que Sánchez es un tipo de mil caras, un Joker de sonrisa de plástico pintada sobre su jeta, un queda bien con aquellos a los que necesita para su provecho, pero incapaz de decir una sola verdad, porque él es apenas un quidam que sobrevive a costa de su camaleonismo idiotizado.

Carece de escrúpulos como para manipular desde detrás de una cortina su elección a dirigir el partido. No tuvo pudor alguno en volverse a presentar después de que los suyos lo echaran, sabedor de que hay otros muchos como él medrando en esa organización, como lo demostró que todos aquellos que le expulsaron como a un apestado se achantaron luego ante cada nueva estafa perpetrada. Sólo un amoral absoluto y patológico sería capaz de llegar a tanto y sostener el careto como si nada sucediera.

Nos quedan muchos meses por delante con un almirante de pegote que carece de escrúpulos para, si lo cree necesario, ponerse a salvo y dirigir el barco hacia la escollera desastrosa y con una marinería bajo su mando dispuesta a hacerle cualquier trabajo sucio.

También Maquiavelo advirtió a estos príncipes deleznables e inescrupulosos que “Las injusticias se deben hacer todas a la vez a fin de que, por probarlas menos, hagan menos daño, mientras que los favores deben hacerse poco a poco con el objetivo de que se aprecien mejor”. Nos va a tener entretenidos y vamos jodidos, porque este año va a seguir lloviendo. Escojan paraguas, si lo encuentran.

He dicho.




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