La “jodida” pregunta del millón

No existe la democracia en una sociedad que no está sujeta al imperio de la ley. Democracia no es únicamente votar. Se votó con Franco, con Hitler, con Mao Tse Tung, pero no había democracia en esos países. Actualmente también ocurre. Las sociedades votan pero la democracia está muy lejos de ellas. Algunos ejemplos: Venezuela, Irán, Cuba, Nicaragua, China, Corea del Norte, Etiopía, y así hasta más de cuarenta países en todo el mundo. El imperio de la ley implica varias cosas importantes. Separación de los poderes del Estado: legislativo, judicial y ejecutivo; reconocimiento y protección de los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos que, comúnmente, suelen quedar recogidos en la Constitución de forma taxativa. Así mismo, quedan garantizados principios fundamentales como la presunción de inocencia, por el cual todo el mundo es inocente hasta que no se demuestre lo contrario y el principio de legalidad, a partir del cual nadie podrá ser condenado si no es por una ley previamente escrita y promulgada en el derecho positivo. Democracia, pues, no es solo votar sino mucho más. 

La democracia no es tampoco un estado estanco en el que se está o no se está, en virtud del cual somos demócratas si cumplimos equis requisitos o no lo somos si no los cumplimos. La democracia es un estado social vivo que hay que cultivar continuamente por parte de todos. Según trabajemos por ella, su calidad será más o menos aceptable y el resultado de dicha calidad democrática lo podremos ver en infinidad de cosas, desde el tipo de leyes que nos damos o la libertad de expresión que consentimos en los medios de comunicación social, hasta la transparencia con la que nos gobiernan, la forma que nuestros gobernantes tienen de acatar la Constitución, el tipo de enseñanza que nos apalanca o el número de puertas giratorias que engrasamos. A la calidad democrática estamos llamados todos, políticos, ciudadanos, jueces, periodistas, ejército, fuerzas del orden, nenes y nenas, ONG’s y todo tipo de colectivos. La democracia no es un asunto de políticos únicamente, ni debemos dejársela a ellos en exclusiva si no queremos que nuestro país acabe como el rosario de la aurora. 

La democracia es un sentimiento -una ideología podríamos decir- tendente a la consolidación del individuo como objeto de libertad, igualdad y bienestar, dentro de un mismo territorio, al que respetamos y defendemos como garantía básica de supervivencia y desarrollo. La teoría sobre la calidad democrática está muy bien y puede llegar a ser tan subjetiva que podemos encontrar argumentos para todo. Aquí empiezan los problemas. En un ejercicio de pragmatismo sociopolítico deberíamos hacernos la pregunta del millón. “¡Oh, por Dios, la pregunta del millón, no!”. Hay que hacerla y hay que intentar contestarla. ¿Es España actualmente, con el consejo de ministro que la gobierna, un país democrático?. Ya sabemos que la respuesta es muy difícil pero vamos a nombrar algunas características de nuestro presente que nos ayudarán a encontrarla. A) El número descomunal de ministros. Si con trece España funcionó, ¿por qué hacen falta veintidós?. Es típico de regímenes comunistas totalitarios. B) La forma de acatar la Constitución. Si el día de la toma de posesión del cargo, la desprecio, mal empezamos. C) El imperio de la ley ha sido sustituido por el imperio del decreto-ley. Es la evidencia de que el Ejecutivo quiere sustituir al Legislativo. D) Confundir gobierno, partidos que gobiernan e instituciones. Ahora soy ministra y mañana fiscal general del estado. Hoy soy juez y mañana ministro. Siempre fui abogado del estado hasta que me obligan a ser abogado del gobierno. Ahora que soy vicepresidente, me meto a espía y dejo de luchar contra las cloacas para ser cloaca. E) El bajo perfil de algunos de sus miembros y señorías. Una cosa es tener derecho a ser diputado y ministro y otra distinta ser la persona apropiada y competente para serlo. F) Preferencias por los grupos marginales hostiles sobre los mayoritarios. El Parlamento debe respetar a las minorías pero siempre que estas no trabajen contra la supervivencia del Estado y su paz social. G) Criminalizar a la oposición. La oposición, por definición, es la alternativa al gobierno. Criminalizarla supone romper las reglas del juego democrático. No digo que la oposición se salve de la quema, pero es tan solo eso, oposición. H) Activar la capacidad de subsidiar en lugar de crear las condiciones óptimas para generar empleo. Una sociedad cautiva para subsistir no es una sociedad libre para elegir bien. I) Coquetear con el deterioro de la verdad, con la represión y con la legitimidad moral. Cuando Sánchez dice una cosa y hace la contraria, daña la verdad misma y la confianza, pisotea el Parlamento y el país que gobierna. Cuando iglesias anhela controlar los medios de comunicación o denuncia a periodistas o vaticina encarcelamientos de oponentes políticos deja entrever su verdadero fondo autoritario. Cuando Irene Montero, en lugar de responder por sus decisiones como ministra, dice que ella no mancha sus tampones porque es mujer, es comunista y se emborracha para encontrar el camino de Galapagar, quiere dejar sentado que haga lo que haga está bien hecho, porque está protegida por una superioridad moral por ser quien es y por ser pareja de quien es, a pesar de su mala preparación, su pésima educación y su pretencioso afán de lucimiento, siempre chabacano y de mal gusto.

Con este tropel de señorías y de ministros, ¿España goza de la calidad democrática que tuvimos antaño?. Es la jodida pregunta del millón. Jugar políticamente a los vasos comunicantes con el poder, trasvasando maliciosamente la densidad, autenticidad y transparencia de sus fluidos naturales es echar a andar por la peligrosa senda del deterioro de la democracia, la cual nos llevará, tarde o temprano, a la pestilente ciénaga de su descomposición. 

La democracia no solo es votar pero también es votar. La pregunta del millón tiene la respuesta en el metacrilato transparente con forma de caja y una rajita del ancho de un sobre americano en la cara superior. Esperemos que dichas cajas lleguen en tiempo, forma y número suficiente para que contestemos como este hermoso país y este gobierno bajo sospecha se merecen. 

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