La insostenible sostenibilidad

Seguro que si usted nació en los años que van de 1940 a 1970 recordará a los traperos, aquellos misérrimos comerciantes de lo que nos sobraba en casa. También muchos recordaran heredar la ropa y los zapatos que se le habían quedado pequeños a sus hermanos mayores. Había madres y abuelas que eran verdaderas maestras en el arte de darle la vuelta a los abrigos y en zurcir todo tipo de prendas para hacerlas durar lo más posible.

En España, durante aquellas tres décadas y a pesar del desarrollismo de los años 60, la clase media llevaba una economía doméstica de aprovechamiento y ahorro. En los años cuarenta y cincuenta Europa Occidental estaba inmersa primero en una guerra mundial que les dejó devastados y después en una reconstrucción que duró casi dos décadas.

Ahora, en 2021, desde la ONU se nos ha metido en una guerra global, la de un supuesto cambio climático en la que el enemigo es el habitante occidental que está siendo considerado como elemento contaminante y destructor del Planeta al que se le está vendiendo, desde los años 80, la necesidad de autodestruirse para conseguir una sostenibilidad de guerra permanente que se ha acelerado con la mediación del virus que salió de China, ese país comunista cuyo Presidente, en el Foro de Davos de 2021, ha dicho que Occidente tiene que dejar de ser el referente cultural del mundo.

Desde luego las palabras del Presidente Xi Jiping son preocupantes pero más aún lo son las intenciones de los promotores de las Agendas de la ONU que aprovechando la pandemia del virus chino ya están en marcha y prometen devolvernos a la época de los traperos, de la ropa zurcida o heredada. A esta vuelta atrás los de la ONU y el Foro de Davos la llaman reseteo, palabra que, para entendernos, significa reinicio y claro está que para reiniciarnos primero tienen que destruir nuestra forma de vida, nuestra cultura.

Para darse cuenta de que esa destrucción ya ha comenzado solo hace falta ver con algo de detenimiento, el gran número de anuncios televisivos con los que nos machacan a diario, con los que se nos quiere convencer de que la leche es mala y que la bebida de avena ¨es buena para ti y para el planeta¨, que los niños tendrán profesiones como, ¨contadores de nubes, y constructores de casas en árboles para hacer un planeta sostenible¨, que para cuidar tu piel debes cuidar el medio ambiente, que antes de mirar el precio de un producto debes de mirar si es sostenible, que tienes que comprar lavadoras que cuiden de ti y del planeta y que debes llevar ropa usada o fabricada con tejidos reciclados.

En este circo publicitario nos encontramos hasta con el famoso modista y diseñador Giorgio Armani que nos anuncia que sus perfumes son sostenibles porque van en frascos de vidrio. Estas lumbreras del reseteo, acaban de descubrir que el vidrio se puede reciclar y las tiendas de ropa usada. Han descubierto la forma de conseguir que la generación que nació a finales de los 70 y sus descendientes se conviertan en traperos y les van a subvencionar sus míseros negocios y su auto destrucción.

Por supuesto, los nuevos traperos que no puedan anunciarse por la tele o en la prensa tendrán que hacerlo por Internet con aparatos electrónicos o teléfonos móviles de segunda mano o pregonando sus mercancías transportadas en carros sostenibles llevados con tracción humana – ya saben, los cuadrúpedos tiene sus derechos – o a pie, llevándola al hombro en sacos, naturalmente reciclados.

Visto el panorama, hay que preguntarse si esta sostenibilidad sin producción de bienes de consumo elementales, sin identidades culturales diferenciadoras, que el proyecto comunista mundial al que la ONU nos quiere obligar, poniendo como excusa el cuento chino de la contaminación del planeta, va a ser sostenible. Creo que no, que de ninguna manera puede ser sostenible una sociedad que no produce nada, sin libertad, sin señas de identidad y sin cultura. Una sociedad donde los administradores públicos dirijan la vida de las personas de forma totalitaria – me voy a permitir parafrasear al mandado Sánchez en su discurso del pasado día 22 en la ONU – no defiende la democracia, es excluyente e intolerante y hay que luchar contra la idea que quienes quieren implantar una igualdad, no es solo indeseable, sino insostenible.

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