La guía que no viene con el móvil

Creo que cada uno de nosotros tiene una historia en relación con los teléfonos móviles. Les confieso que cuando empezaron a proliferar, quien esto escribe pertenecía a ese grupo que se resistía tenazmente a entrar por el aro de lo que todos consideraban un gran avance, porque me inspiraba la desconfianza de tener que cruzar una puerta a lo desconocido. De hecho, mi primer artilugio me lo facilitó la empresa donde trabajaba “para hacer más fluidas” las comunicaciones, internas y externas.

Al poco tiempo de mi regreso como profesor a la universidad en el curso 2009 – 2010, me llamó la atención el hecho de que casi todos los alumnos empleaban su tiempo de descanso en mirar la pantalla de su móvil y moverla con el dedo, pero lo que marcó un hito en el devenir de estos aparatos fue el contemplar cómo se convertía en un regalo habitual en las primeras comuniones a niños de diez años. 

Lo que ha venido después, pandemia incluida, no hace falta que se lo refiera: las adicciones en menores, afectando a problemas en el neurodesarrollo, capacidad de atención  y hábitos de vida, disminución en el cociente intelectual de las nuevas generaciones, una profunda transformación del funcionamiento intelectual y comportamental de los jóvenes, donde la inmediatez, el paso frenético de una actividad a otra y su validación en redes sociales forman parte esencial de su día a día. 

Movido por esta inquietud, como padre les recomiendo que lean “La guía que no viene con el móvil”, un sencillo documento elaborado por UNICEF España y la Agencia de Protección de Datos, donde se dan diez consejos básicos a las familias, a la hora de dar el primer móvil a sus hijos:

  1.  Planificar la llegada del móvil: los niños no suelen ser conscientes de los riesgos a los que pueden exponerse. Para dárselo, hay que valorar primero  el grado de madurez para su edad.
  2. Supervisar y poner normas y límites: hemos de asegurarnos de que el móvil no les quite tiempo de otras actividades claves en su desarrollo (dormir, estudiar, jugar off-line, etc.), y ser conscientes de la necesidad de poner filtros, restricciones y tiempos.
  3. Cuidar los datos personales en las redes sociales: cuáles pueden utilizar y cuáles no. Hacerles ver los peligros que se pueden encontrar en internet y la fragilidad de dar a conocer sus datos, que quizás pueden ver más personas de las que esperan.
  4. Interesarse por sus videojuegos: El dispositivo que más se usa para jugar es el móvil. Los videojuegos ofrecen entretenimiento, socialización y aprendizaje. La mayoría ya no son una fuente de ocio solitaria sino conectada con otras personas, lo que conlleva ventajas y riesgos.
  5. Conocer con quién se relacionan:  ¿Con quién juegan? ¿qué contactos tienen en sus redes sociales? ¿a qué personas siguen? Debemos enseñarles a no compartir información ni fotografías personales con desconocidos, ya que puede llevarles a situaciones de ciberacoso, chantaje o grooming.
  6. Estimular su sentido crítico, enseñándoles a no difundir noticias no contrastadas o comentarios sobre personas a las que no conocen.
  7. Mostrarnos abiertos a ayudarles, estando disponibles para sus dudas o cuando entren en contenidos que les infundan ansiedad o miedo.
  8. Hacerles ver a nuestros hijos que los padres somos responsables civiles por actos realizados por nuestros vástagos menores de edad.
  9. Garantizar un espacio de desconexión. En efecto, es necesario tener momentos libres de tecnología para toda la familia, que permitan el acceso a otro tipo de experiencias que beneficien su desarrollo, o simplemente porque necesiten estar concentrados en sus estudios o su descanso.
  10. Observar cómo se sienten en su vida digital, identificando de manera temprana cualquier situación que les esté afectando a su bienestar físico y mental, prestando atención a sus emociones, especialmente a cambios de humor o reacciones fuera de lugar tras períodos de uso intensivo. Estos comportamientos nos pueden revelar otros problemas que, no siendo causados por la tecnología, se manifiesten en su interacción.

Quizás nos parezcan consejos de sentido común, que el discernimiento propio de unos padres ya los lleva a cabo sin necesidad de esta guía, pero como escribió G. Orwell, “malos tiempos corren cuando hay que demostrar lo evidente y defender lo obvio”. Si no actuamos de manera urgente, muy probablemente los daños de esta generación tengan difícil reparación.

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




1 Comment

  1. José Antonio Molino dice:

    Mi primer comentario iba a ser alabando el puro sentido común, a pesar de lo que diga Orwell. Y en efecto, no son buenos tiempos porque por supuesto, hay que dar la batalla de lo evidente, lo obvio y lo lógico, sobre todo con niños y jóvenes, los primeros y también con los adultos que quizá también nos excedemos ( me incluiré también ) en el uso excesivo del “telefonino” . Siempre entretenidos en ver mensajes, redes sociales, videos, etc y postergando en exceso, el contacto personal. De vez en cuando me aplico días u horas de desconexión digital por pura higiene mental y física. coo todo en la vida, el móvil no es malo ni perverso en si mismo, sólo debe ser bien utilizado

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