La furia en traje de flamenca

Ahora, si me lo permiten, les ruego que pongan en su cabeza medianamente en orden todas las cifras de la hecatombe: los cien mil muertos, las cifras millonarias de caída del empleo, el disparo vertiginoso del déficit, el derrumbe del PIB, el desplome del turismo, los hoteles y comercios cerrados, las colas del hambre, la desesperación de millares de familias, todos los derechos fundamentales restringidos o usurpados, los locales vacíos en la calle Sagasta, las ayudas y los ERTE que no llegan, el despilfarro inútil y obsceno de un gobierno de izquierdas, las mentiras y los engaños, la pasividad e inoperancia de ministros negligentes, sin corazón y sin cabeza, ocupados en leyes sobre transexuales y eutanasias o en evitar el color rosa…

Pues bien, toda esa incertidumbre, esas lágrimas, ese desplome, esa irrealidad, ese dolor, ese vacío, en Sevilla (en realidad en toda España) se enjuga y se salda con una manifestación resignada en trajes de flamenca tocando a réquiem las castañuelas… ¿En serio? ¿Es esto?

Mi aplauso por ellas, no lo duden, pero, ¡arsa y ole!, ¿cómo es posible lo que estamos viendo? ¿Quién podría imaginar que la reedición de aquel “Novecento” de escopetas y banderas se saldaría con una ‘rabiosa’ manifa de faralaes, lunares y caireles igual que el 2 de mayo lucían de manolas, chulapos y chisperos? ¿Dónde están los sindicatos? ¿Dónde el pueblo acogotado, arruinado y furioso porque le han usurpado hasta el derecho a trabajar y a ganarse el sustento de sus hijos?

¿Cuál es la furia? ¿Dónde está la rabia? ¿Qué pueblo inerte (sin Erte) es este acogotado y sin pulso que contempla desde las redes sociales o ignora desde el silencio absoluto la demolición del bienestar y el hundimiento de lo más elemental de su existencia, mientras los medios de comunicación repiten sin descanso que te quedes en casa…, sobre todo si eres facha?

La clase media ha sido borrada de un plumazo, sustituida en exclusiva por una nueva casta de semovientes y de funcionarios a la que aún le llega la alfalfa de un salario sin respaldo, que ya no genera nadie, porque el aparato productivo se ha quebrado y hasta El Corte Inglés solicita expedientes de regulación de empleo.

Se hunden las pensiones, se dispara el precio de la luz, y el de los alimentos alcanza la cota más alta de la Historia con un ministro de Consumo que sube los impuestos a los refrescos y a los recipientes de plástico desechable, porque es sabido que los ricos los utilizan para guardar sus fajos de bitcoins y los billetes de 500 euros con los que Ábalos se paga las juergas de champagne en las ‘Infinity pools’ abandonadas a su suerte o en manos de los MENA.

A Juan Carlos I lo han sacado de España camino del moro como sacaron los Bonaparte a los Infantes e Infanzonas de Carlos IV y Fernando VII del Palacio Real de Madrid a través de Bayona. Pero en aquel entonces, el pueblo, escandalizado, se congregó en las inmediaciones y armó un levantamiento y una escabechina de mamelucos contra los usurpadores, contra este Sánchez convertido en Pepe Botella y su Marlaska Godoy esnifando rapé con la uña afeminada del meñique de su mano izquierda o comiendo hamburguesas en un local de moda.

Hoy, las únicas revueltas son a favor de un malandro reincidente al que no dejan expresarse con la entera libertad de su anomia y su indigencia intelectual, pero nada tiene sentido en este año del apagón y de los ministros sospechosos o imputados con sus patillas “boca de hacha” amamantados por los fondos financieros del bonapartismo de la UE, que intervendrá la soberanía nacional y el presupuesto con el objetivo de “que todo cambie para que todo siga igual”, mientras el pueblo agacha la cabeza y sólo ellas, con sus vestidos de flamenca, desfilan entonando un réquiem con sus palillos y castañuelas. ¡Vivan las caenas!

He dicho.




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