La fórmula del mágico bebedizo «antifascista»

Esta bebida tiene como base dos ingredientes hoy fundamentales para cualquier experto manipulador de ideas: progresismo y fascismo (o antifascismo).

Por un lado enarbolamos el término «progresista» rellenándolo de todo lo que se considere avanzado y positivo, benéfico, animalista, pacifista, feminista, ecologista, izquierdista y sobre todo, antifascista. Y de otro cogemos el concepto estrella de la maldad universal que es hoy el de «fascista», y le vamos añadiendo otros muy desprestigiados, como machista, hetero, derechista, ultra, rígido, antiabortista, intolerante, etc.; hasta adquirir todos una textura más babosa y humeante que la del mismísimo demonio. 

Acto seguido se agitan progresivamente los conceptos desde los medios de comunicación y en especial las televisiones, hasta crear un ambiente receptivo del discurso machaconamente repetido.

Y finalmente se requiere que los propios consumidores colaboren aportando una actitud de cobarde comodidad disfrazada de tolerancia, para que el bebedizo pueda conseguir los efectos buscados: la condena a la hoguera de quienes se atrevan a pensar diferente o a no llevar el paso marcado por el progresismo «antifascista».

Y todo ello aceptado como un acto de defensa de la libertad y la democracia. ¿Es o no mágico?    




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