La Europa que queremos

La fundación de las antaño llamadas “comunidades europeas” se produjo en un contexto muy distinto del actual. Igualmente, los llamados de forma bastante equívoca “Padres Fundadores” de Europa (Schumann, Adenauer, De Gasperi, Monnet…) actuaron en medio de unas circunstancias sociales muy duras para las sociedades de aquellos años. De hecho, ellos vieron en el “europeísmo” una forma de superación de los horrores nacionalistas que habían estado en la base de las dos guerras mundiales. En un contexto de devastación y de depresión de postguerra, todos ellos vieron claro que el crecimiento económico y la expansión era la única vía transitable en un contexto de Guerra Fría y de amenaza estaliniana de hacer extender el Telón de Acero hasta el confín occidental del continente. 

Característica común de todos ellos fue su apuesta por el atlantismo, no solo por opción estratégica sino por tener todos ellos unas fuertes convicciones morales, fruto del catolicismo convencido de la mayoría de ellos. Aunque seguramente no tenían otra opción, ellos optaron por la alianza decidida con una América que entonces se mostraba como una sociedad extraordinariamente próspera y pujante, en la que los valores occidentales eran ampliamente compartidos. 

Esta visión del mundo justificaba la opción de los primeros europeístas por la familia, por los valores de honradez y trabajo, y por la recuperación del Derecho Natural, después de los excesos positivistas de la “legislación” nacional-socialista. Tenemos claro que todos ellos veían en lontananza un espíritu federalista para Europa, pero también fueron pragmáticos, respetuosos con las soberanías nacionales y ello se concretó en el posibilismo de crear instituciones como la CECA o Comunidad Económica del Carbón y del Acero. Alianzas concretas para la defensa de intereses económicos compartidos.

La Unión Europea de hoy ha cambiado como de la noche al día. Con independencia de que la situación geoestratégica sea muy diferente, me centro sobre todo en las diferencias de mentalidades. La élite que gobierna en Europa es hoy completamente relativista, buenista, desconfía del crecimiento económico por razones supuestamente ecologistas y animalistas, manifiesta gran sintonía con la dictadura comunista china y, sobre todo, desprecia todos aquellos valores tradicionales, de raíz cristiana, que hicieron grande a Occidente. La pseudo-religión del cambio climático, de la ideología de género y de las migraciones sin restricciones constituyen hoy algunos de sus dogmas laicos.

España llegó tarde a todo aquel proceso de construcción europea, con un entusiasmo de converso, y creo que existe hoy el consenso de que las negociaciones de adhesión no fueron todo lo hábiles que deberían haber sido. Creo que no es ninguna deslealtad admitir que el eje franco-alemán que ha sido hasta ahora el motor rector de las políticas comunitarias, puede ser matizado con un eje del sur de Europa que defienda en Bruselas los intereses mediterráneos. 

Por otro lado, la experiencia de países como Hungría y Polonia, que han padecido en sus carnes las delicias del intervencionismo socialista y la restricción de su soberanía por parte de la URSS, puede y debe ser tenida en cuenta a la hora de articular una política común. A no ser que pensemos que los socios europeos que no sean franceses o alemanes deben limitarse a decir amén a todo lo que estos propongan.

Resulta evidente que cuando un partido como VOX prioriza la defensa de la soberanía nacional frente a las intromisiones globalistas no significa en ningún caso apostar por el aislacionismo ni, mucho menos, por el antieuropeísmo. Igual que creemos que en las relaciones de España con los países de la Iberosfera casi todo está por hacer, también creemos que las instituciones europeas necesitan una rectificación de rumbo que priorice nuestros intereses nacionales tan amenazados en todos los frentes.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *