La Europa invertebrada

A Marisú no le parece el momento adecuado para juzgar al Gobierno, pero durante tres meses tampoco ha visto oportuno que se le pidan responsabilidades. Dentro de tres años querrá que todos los votantes miren al futuro y no a lo que han causado. O sea, el estado de alarma se prolonga, sin fin.

Nunca hay hora para apear a un gran timonel y a sus secuaces de la batidora y además se necesita cita previa.

61 años llevan los Castro a bordo del lagarto verde aposentado en el Caribe y ni se inmutan, porque el socialismo es un prodigio, es un milagro, un misterio incomprensible, que no funcionó jamás en parte alguna ni ofrece arroyos de leche y miel, pero flota en las ensoñaciones de la criatura humana como un murciélago que no para de dar vueltas en la noche oscura.

El único ensayo conocido que pudieron alegar un día como bandera fue el de las sociedades nórdicas, pero hace ya casi 40 años que se estamparon contra el muro de la realidad, justo, como pronosticó la Thatcher, cuando se acabó el dinero de los demás. Desde entonces, los nórdicos sólo buscan fórmulas para otorgar mayor libertad al individuo y al emprendimiento y acaparar aquellos rankings que estuvieron siempre en manos de Taiwán, de Hong-Kong o del viejo Far West.

La única aspiración creíble del socialismo es la que tiene por objetivo la dictadura de una élite que clienteliza y apacenta a su rebaño, lo cual deja en pésimo lugar a las ovejas y los borregos antes que a sus pastores, porque les convierte en sometidos autómatas o en voluntariosos aparceros.

Aún más carece de sentido que movimientos como Black Lives Matter, que se proclaman herederos de un anti esclavismo inexistente, hayan elegido apuntarse al marxismo más obsceno, que les sometería, si pudiera, al grillete de un presidium… Y sería blanco, no lo duden, como bien saben los Castro.

Pero el rebaño, digo, abomina de la democracia no por la democracia misma, que se la bufa, le aburre y ni la entiende, sino porque jamás en la historia del planeta Tierra se conoció un rebaño, una manada, que ame la libertad.

En la piara, la bandada, la cuadrilla, la yeguada, por definición, se tiene miedo de ser libre, se abomina del silencio y se cerca a sí misma para no sentir el frío ni el averno de la soledad, ni la responsabilidad del albedrío, ese regalo de los dioses que los seres humanos odian tanto como mienten en su nombre.

El marxismo decidió un día abrir todas las celdas, pero para dejar a todos dentro de la cárcel. Los liberó de Dios, a quien mató por oportunismo, para sustituirlo por sus mitos; los liberó de la Cultura, que siempre es represión de las pulsiones y de los instintos; y ahora los ha liberado de su cuerpo y pueden elegir si son machos o son hembras, negros o amarillos, altos o bajos, padres o madres…, según se sientan, pero sin salir de la prisión de un planeta en peligro de cuyas fronteras se ocupa el Gran Hermano protector de su rebaño. No traspases el limes del miedo o serás perseguido como un pecador necesitado de visitar los campos de reeducación.

Resulta imposible creer que esto no sean capaces de verlo quienes lo promueven, así que sólo cabe concluir que les importa un bledo la incertidumbre de un solo individuo o la extinción de 50.000 personas en una pandemia. Lo que les importa es sólo el miedo, ya sea al contagio de un virus o a la etiqueta aterradora de que te llamen facha.

El populismo de derechas existió, es cierto, pero sólo si aceptamos que el Partido Nacional-Socialista lleva ese nombre por sorteo en una tómbola o si renunciamos a que el fascismo sea una rama escueta desgajada del Partido Socialista Italiano.

El populismo, o es colectivista o no es populismo, y resulta por completo incompatible un populismo que defienda, no sólo como retórica vacía, la libertad del individuo y la propiedad privada, no se engañen.

Por tanto, mientras Marisú busca entre sus rizos, o en el interior del bolso, la hora adecuada para que le exijamos responsabilidades al Gobierno, a los españoles sólo nos queda ponernos en la cola y tramitar, si se puede, una ayuda, un soporte, una subvención, un ERTE o una promesa de Irene Montero, en lucha denodada contra los molinos de viento del machismo que su quijotesca grasa mental le implanta.

Incluso Italia, el país de la política hiperpolarizada entre el izquierdista Movimiento 5 Estrellas de Giuseppe Conte (ahora en el Gobierno con socialdemócratas) y la Liga Norte del diz que ultraderechista Mateo Salvini, que hasta hace diez meses era ministro del Interior, ha anunciado ya masivas rebajas fiscales para afrontar la crisis; al igual que han hecho Alemania, Francia, Dinamarca, Austria, Holanda, Suecia…, esa Europa invertebrada que observa cómo Sánchez se pliega a los deseos de una España obsesionada con el clima y desindustrializada hasta lo insoportable que le sirva los cafés a pie de playa cuando se apague la epidemia.

Pero a Marisú le da lo mismo lo que cuenten esos europeos, porque para ella, y para su Gobierno, la receta es siempre la misma: dadme y se os dará…, lo que me plazca.

PS: Y C’s…, preparando el baño tibio.

He dicho.

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