La espera

Siempre tuve la impresión de que la lengua española era más rica en matices que la inglesa, por aquello de nuestros muchos sinónimos, hasta que descubrí que el verbo esperar tenía varias traducciones al inglés, entre ellas to wait (esperar un tiempo), to hope (esperar de tener esperanza) y to expect (esperar el beneficio de una inversión), y desde entonces me muestro más prudente en mis juicios sobre esa lengua.

Viene al caso esta observación porque percibo que vivimos en un entorno donde esperar se nos presenta como algo equivalente a perder el tiempo (“El tiempo es oro”), parecemos instalados en el reino de lo inmediato (“Melón quiero y tajada en mano”), donde cualquier reflexión es vista como algo inútil (“Mucho estás tardando en decidirte”) y expresiones como “¡Venga!” y “¡Vamos!”, inundan de ansiedad y exigencia nuestro quehacer cotidiano (“Lo quiero para ya”).

Eso en lo referido al tiempo de espera, que si hablamos de la virtud teologal de la esperanza, sólo hay que mirar a nuestro alrededor para ver que la desesperanza, como estado de ánimo del que no tiene esperanza o la ha perdido, y la desesperación, como pérdida de la paciencia o de la tranquilidad de ánimo, causada generalmente por la consideración de un mal irreparable o por la impotencia de lograr éxito, son males muy extendidos.

En estas reflexiones estaba reinando, cuando leí que la iluminación callejera de Navidad en Sevilla, se inauguraba el viernes 26 de noviembre, haciéndola coincidir con el americano Black Friday, casi un mes antes de que comience la Navidad y con dos días de antelación al tiempo de Adviento.

De los cuatro tiempos con que la iglesia católica divide el año litúrgico, Adviento, Pascua (de Navidad y de Resurrección), Ordinario y Cuaresma, el que da comienzo a cada año es el Adviento, que toma su inicio del domingo más próximo al 30 de noviembre, es decir, pocos días después del americano Día de acción de Gracias (cuarto jueves de noviembre) y del Black Friday, que va justo un día después del Día de Acción de Gracias.

Adviento es un término relacionado con el verbo advenir, del latín «advenīre», que se refiere a la acción de venir o llegar una cosa, especialmente un acontecimiento; de hecho, en la antigua Roma, el adventus era una ceremonia en la que se le daba la bienvenida al emperador a su llegada a la ciudad, normalmente (aunque no siempre) Roma; de ahí deriva el término advenimiento.

Esta celebración tiene su origen en España en el concilio de Zaragoza, año 380; luego los franceses aplicaron las normas litúrgicas en el concilio de Macon, año 581, y finalmente les debemos a los alemanes dos costumbres de estas fechas: la corona de Adviento (una corona con cuatro velas que se van encendiendo una a una cada domingo, y las chocolatinas del calendario de Adviento, una para cada día.

En estas cuatro semanas (un tiempo), los católicos esperamos (con esperanza) la Venida nada más y nada menos que del Hijo de Dios (¿hay mayor beneficio?), hacemos presente lo que repetimos en cada Eucaristía (“Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús”). Es por ello que la onomástica de la Virgen de la Esperanza se conmemora el 18 de diciembre, y pocas ciudades hay en el mundo donde se celebre más esta festividad que en Sevilla; de hecho, nuestra semana santa comienza con la Virgen de Gracia y Esperanza de San Roque el Domingo de Ramos, llega a su culmen en la Madrugada del Viernes Santo con la Esperanza Macarena y la Esperanza de Triana, y se corona el sábado santo con la Esperanza de la Trinidad.

Tenemos por delante cuatro semanas de espera, de una espera confiada, durante las que se nos invita a recordar que el Señor nos acompaña, a hacerlo presente en nuestra vida y en nuestro tiempo, y a no dejarnos llevar por el pesimismo, por muchas dudas que aparezcan en el horizonte.

No permitamos que nos roben el Adviento y disfrutémoslo en toda su dimensión: entregando nuestro pasado con gratitud, viviendo cada día como un regalo, sobre todo por la presencia de los seres queridos que aún nos rodean, y aguardemos el futuro con creatividad, para hacer productiva la espera, pidiendo fortaleza para combatir el desánimo, y alegría, para sostener a los que ya no pueden más en el camino de la vida. 

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com 




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3 Comments

  1. Charo dice:

    Me gusta la diversidad de tus artículos.
    Interesantísimo, como siempre.

  2. José Antonio Molino dice:

    Hermosas palabras y nobles deseos Alberto que agradezco y que no son de poca ayuda para no dejarte arrastrar por la vorágine comercial y consumista en que se ha convertido la Navidad, cada vez más laica y profana, lo que en un principio respeto, pero me rebela que sólo se piense en la Navidad como fecha para gastar. Baste decir que el Costco, gran almacén estadounidense con tienda en Sevilla, colocan un gigantesco árbol de Navidad….. !!!!!! el 31 de Agosto ¡¡¡¡¡¡ Que no nos falte la Esperanza, muy necesaria siempre.

  3. Didaqus J dice:

    Y que estemos así durante el año, siendo “digno de que entres en mi casa” para con todos los días? Pero mantengamos las fiestas populares, sean religiosas o no, pase lo que pase. Gracias, Sr Tobaja, por esa información tan concreta sobre Sevilla y su idiosincrasia😉

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