La España Única de los hermanos Machado

Manuel y Antonio Machado

 

Dentro de unos días se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Antonio Machado en Collioure, Francia. Con ocasión de los ochenta de su fallecimiento, se desarrollaron distintas celebraciones, exposiciones y homenajes a su figura. Un año después, su mensaje de paz y de concordia, transmitido a través de sentimientos anclados en su interiorizada fraternidad evangélica, sigue sin calar en el ánimo de una España convulsa, dividida y escéptica. Y continúa la desazón de muchos que desean ardientemente la vuelta de los restos a su querida tierra, como él mismo soñaba y sería transcrito en carta por el hermano José el 24 de febrero de 1939, dos días después del fatal desenlace: “Le hemos enterrado ayer en este pueblecito de pescadores… Allí esperará hasta que una Humanidad menos bárbara y cruel le permita volver a sus tierras castellanas que tanto amó”. En reiteradas ocasiones, en el tortuoso camino hacia el exilio, Antonio renegaba de sí mismo por no mantenerse junto a sus compatriotas y dar la vida ante el golpe militar si fuera preciso. Desde Barcelona, en enero de 1939, escribe a su amigo Tomás Navarro: “Yo no debería salir de España. Sería mejor que me quedara a morir en una cuneta”.

Antonio debería volver pronto a su terruño, según sus propios deseos y los de su querido hermano mayor, Manuel, y su tumba en territorio extraño dejaría de ser un símbolo de enfrentamiento cainita entre españoles. Ha de regresar al páramo soriano junto a Leonor, o a Madrid junto a Manuel, o a su Sevilla natal que le recibiría con los brazos abiertos en el Panteón de Sevillanos Ilustres; aunque su alma nunca salió de su amada España de “estos días azules y este sol de la infancia…”.

 

Antonio y su hermano José, con la esposa de éste, Matea Monedero y sus tres hijas. También Ana Ruiz, madre de los hermanos Machado.

 

Ya es hora de la reconciliación de las Dos Españas, de restablecer los lazos de amistad que nunca debieron  perderse y que ellos no quebraron entre sí, aunque derivaran con el tiempo en ideales distintos. No se debe postergar ni denigrar a uno para ensalzar al otro, tal como lo han interpretado algunos biógrafos, movidos por oscuros intereses mediáticos o partidistas. ¡Este es el verdadero legado de los hermanos Machado para todos los españoles! Una reconciliación que cierre las heridas de un país roto desde hace siglos y que no encuentra ese camino de solidaridad, respeto, perdón y acercamiento hacia el que piensa diferente, extrayendo lo mejor de cada uno independientemente de sus convicciones, etnia, sexo y tendencia política. Hagamos votos para que estos nobles deseos se cumplan lo antes posible, y no se vuelvan a cantar dolientes madrigales como los que lloró Manuel entre el sufrimiento y el amargo recuerdo de sus alegres años: “Estoy muy mal… Sonrío / porque el desprecio del dolor me asiste, / porque aún miro lo bello en torno mío, / y… por lo triste que es estar triste. / Pero ya la fontana / del sentimiento mana / tan lenta y silenciosa, que su canto, / sonoro otrora como risa, es llanto”.

Hermanos Machado




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