La escalera del pasamanos verde

 

Para los menores de cincuenta y muchos años, acaso sesenta, el elemento que se mantiene más inalterable en el tiempo en Sevilla es el edificio del Corte Inglés del Duque.

Todo lo demás ha cambiado. La Plaza Nueva, la zona del río, la Avenida, la Catedral, la calle San Fernando y el maravilloso edificio de la Universidad; la plaza de la Encarnación, la de la Magdalena; las iglesias… Hasta lo que debía ser más eterno, los conventos de clausura, presentan una cara distinta, con sus letreros de visitas culturales. Los cambios son continuos e incesantes. Las iglesias solían tener unos característicos paneles, con números y letras sueltos que se componían para formar los horarios de misas. Esto desapareció, el ansia de “modernidad” (de nuevo, incoherente con el ecologismo, ¡vengan impresiones de tinta!) hizo que se arrancaran tan inconfundibles, entrañables paneles para sustituirlos por carteles impresos, que forzosamente deben variar constantemente (antes, bastaba con reorganizar los números sueltos)… No se aprecia ventaja alguna, sólo el “cambio de imagen”- un objetivo extraño en una iglesia.

Por eso resulta una gran paradoja el que un edificio puramente comercial, al que se le perdona el querer actualizarse, cambiar de imagen y llamar la atención, pues para eso está, para vender (no pretende transmitir verdades eternas), pues finalmente… resulte ser el elemento visual más constante de la ciudad desde que algunos tenemos memoria.

El pasado verano, la escalera central del Corte Inglés del Duque estuvo cerrada al público por reforma. ¡Iban a cambiarla! De repente contemplé las que seguían abiertas, las laterales, y una ola de extraordinario afecto, de hilo conductor existencial, de contemplación de lo constante y permanente (algo así como lo que se va buscando en iglesias y no se encuentra) me invadió mirando lo más inverosímil: el viejo pasamanos verde de dichas escaleras mecánicas… Algo que me ha acompañado toda la vida; y lo único que ha permanecido hasta ahora inalterable.

Debe ser un mecanismo en la psicología humana: la necesidad de algo permanente. Cuando todo, todo, todo se altera; cuando ya no se tienen padres (porque el poder decirle “mamá” a la misma persona ya cubre esa arcana necesidad) y hasta el Credo y el Padrenuestro son distintos de los que aprendí, hay que agarrarse a lo más inesperado: a un pasamanos de plástico de gran almacén…

Hay que decir que acabado el verano y descubierta la nueva escalera mecánica, la central, nadie puede objetar al cambio. La nueva es ligera, diáfana, esbelta, aumenta el espacio, descansa la vista… Ha sido un progreso. Al contrario de los mil y un cambios que vemos en la ciudad cada día, ha sido un cambio a mejor, y realizado con cabeza y con diseño. Por más que se le tenga apego a la vieja, es innegable que convenía la sustitución.

Hace decenios que se eliminaron en Londres los característicos autobuses con entrada trasera; pero tuvieron el detalle de dejar unos cuantos en una línea concreta (la número 15, inolvidable), como testimonio, homenaje a tantas cosas, cortesía con el propio pasado (es como decir: “No tengo más remedio que emplear otro diseño, por exigencias de seguridad y economía, pero no reniego de ti, incluso me gusta recordarte”). Me pregunto si en el Corte Inglés de Sevilla podrían hacer lo mismo, dejar un tramito de escalera de pasamanos verde – como detalle hacia los que no tenemos otro sitio que nos proporcione una ilusión de eternidad…

Pero este deseo no es sino un modo de hablar. Porque cuando la escalera nueva es mejor, regala la vista, regala incluso la inteligencia, proclama a voces que  la sustitución no ha hecho por desprecio ni por chulería, sino en armonía con la idea inicial (proporcionar eficacia, modernidad, agradar a la vista…) – entonces viene a ser un cambio orgánico, como la cara de una persona evolucionando con el tiempo… La renovación se ha llevado a cabo por coherencia consigo misma.

(Alguien dirá: “¿Tienes acciones en el Corte Inglés?”. Pues no, sino algo mucho más importante: una especie de cordón umbilical… ya el único que queda)




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