La epidemia del tuteo

Recuerdo una anécdota de mis tiempos de estudiante en la Facultad de Derecho en San Bernardo –as known as el palacio de pladur-, se trataba de una lección árida de Derecho Mercantil, una señorita alzó la mano para plantear una duda y le dijo al ilustre Catedrático la maldita palabra, tú. Sí queridos lectores, la señorita tuteó al Catedrático, el cual, y agradecí al instante, le pidió amablemente que no le tuteara que el no lo había hecho, quedando un ambiente enrarecido y algo violento, pero a mi juicio necesario, me explico. 

Esta forma de dirigirse a un profesor es incorrecta pero comprensible en una sociedad donde el profesor de secundaria y bachiller es amigo de los alumnos. Tan amigo que en un pueblo de la provincia le pegaron con un tronco al profesor, lo normal, la lógica consecuencia. En honor a la verdad los profesores de universidad contribuyen al descrédito de la institución que personifican, póngase el ejemplo de un profesor de derecho laboral que nos pedía encarecidamente llamarle Antonio, no don Antonio.

En estrecha relación con la cuestión que nos une aquí, antiguamente profesores y padres eran aliados, cosa que evitaba la desautorización del profesorado que sufrimos actualmente. Hoy el alumno, cual cliente, siempre lleva la razón. Por lo tanto, tenemos una pérdida de autoridad del profesor que unida a la falta de educación de la mayoría del pueblo, hacen que el tuteo esté a la orden del día. 

Conviene matizar, por evitar críticas de clasista, que el trato de usted es aplicable desde a un Catedrático hasta a un taxista o camarero, el trato de usted denota respeto y distancia entre los interlocutores. Suele asociarse el trato de usted a una posición de superioridad, argumento falaz, más bien insisto, es respeto entre pares y distancia. Se debe tratar de usted a todo desconocido, y hasta que nuestro interlocutor no nos invite a pasar al tuteo debemos seguir con el trato de usted. 

Recuerdo con cariño mis días en el colegio, el trato siempre era exquisito, la vestimenta impecable, cuando el profesor hacía acto de presencia nos levantábamos en señal de respeto. Las formas y las apariencias importan y creo que forma parte, dentro de la batalla cultural, al capítulo de la batalla estética. No puedo entender como ciertos docentes aparecen con ropa más propia de un día de campo y alumnos con ropa deportiva, es una falta de respeto a los alumnos y al profesor, y más si cabe a la institución que personifican cada uno. Quedan lejos los tiempos de Pelsmaeker, Catedrático de Derecho Romano, el cual exigía un decoro impecable en clase, si no, a la calle. 

Creo que el origen de la pandemia del tuteo se encuentra en una mala comprensión del concepto de igualdad, fruto de la filosofía moderna que destruye todo cimiento de tradición y formas. Las formas han dejado paso a la espontaneidad, al todo da igual, lo que importa es el fondo. Las formas no sirven para nada, es cierto, pero entiendo que dotan a nuestra penosa vida de momentos especiales. No sirve de nada ir a la feria con traje de flamenca o a tu boda en chaqué, pero dotan al momento de un aurea especial. ¿Y qué seríamos sin esos momentos tan especiales?. En la docencia se conjugan esos dos elementos, por un lado, respeto y distancia y por otro dotar al momento con un toque, si se quiere, especial.

Como Martin Luther King Jr., I have a dream, la conservación de las formas, el trato exquisito para con el prójimo y un saber estar y vestir en cada situación. 




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *