La emergencia que nunca existió

Pues sí, vengo de repasar lo del Congreso de los Diputados sobre el estado de alarma y espero a leer el decreto por si dicen algo de la fecha prevista para exigir responsabilidades políticas, civiles y penales. Más que nada porque llevamos ya casi tres meses repitiendo con generosidad (¿o es ingenuidad?) que ahora no era el momento de hacerlo, sino el de afrontar la emergencia sanitaria y blablabla…

Pues bien, por la intervención de Sánchez en el Parlamento supe de repente que la emergencia no era sanitaria, que esa os la habéis inventado los fachas de manual junto con la policía patriótica. “La emergencia real”, la de verdad, la que nos preocupa a todos, como dijo Sánchez el otro día en la tribuna, es… “la emergencia climática”…, que estáis tontos, coño, le faltó añadir.

Sois unos golfos tremendos, porque os habéis enclaustrado en vuestras casas casi tres meses por la cara y habéis cerrado vuestros negocios de cayetanos por puro gusto, sólo para no ir a trabajar y para joder a este gobierno de progreso.

Y ya está bien, joder, que así no se puede gobernar ni uno tiene tiempo de libraros de la pesadumbre que os desconcierta tanto por el fin del planeta o quizá del Universo, que es para lo que el Altísimo eligió a mi persona nombrándome su sucesor eterno. He venido a salvaros y ni siquiera lo agradecéis, carajo.

Quede claro que aquí no se dimite y, conforme a las enseñanzas del Creador (le he cedido temporalmente este título, por no crispar, como hago también con el Jefe del Estado), he seguido al pie de la letra su mensaje: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Y ya veis que he cumplido su palabra y he aclarado un poquito el paisaje, porque con tantos mayores no había manera de que los niños pudieran ir a votarme.

Os andáis preocupando por sandeces, que si los ERTE, los ERE, el paro, que si Europa nos regalará caramelos…, y en verdad os digo: ¿por qué os inquietáis por la comida o el vestido? Mirad los lirios del campo, tan lindos, que les va divinamente y ni se fatigan, leñe. Es que tengo que deciros yo todo, joé.

A la Nissan me la paso por el forro, que se enteren los japos y los coreanos, pero aquí no quiero ver más vehículos que las bicicletas (y el Falcon, claro está). Y, ojito, que no quiero que dejemos a nadie atrás, o sea, que despacito con los pedales y no os pongáis a correr como las locas ni a hacer carreritas, que eso va en contra de la igualdad y entonces nos ponemos todas superdrásticas que te cagas y os vais a enterar de lo que vale un peine… Menos el coletas, que no se lava desde la pandemia y mirad lo sanísimo que está, que yo creo que se ha inmunizado de no lavarse en estos meses.

Al final, el tío, ¡jó, tío!, va a descubrir la vacuna él solito, ya os lo digo, porque cuando se pone pesado no hay quien lo soporte. Y yo es que paso de discutir las tonterías que se le ocurren. Que haga lo que le venga en gana, qué más da mientras le permita a mi persona arreglaros a vosotros lo que os urge, que es lo de echar abajo las gasolineras de este país de fachas.

A las pruebas me remito, porque ¿quién no ha visto alguna vez una gasolinera o una venta de carretera al lado, en las que venden llaveros con banderitas rojigualdas, chorizos y salchichones, toritos de felpa y flamenquitas, botellas de anís o chivatas con el lema “Hoy no se fía, mañana sí”? ¿Habrase visto cosa más rancia y más carca que las gasolineras, que son todas fachas por definición?

Seguro que habréis sido testigos de que en esos lugares, además, paran a menudo parejas de la policía patriótica a tomar café, prueba irrefutable de lo que os digo, que son nidos de fachosos que tienen que desaparecer.

Dejad ya de preguntaros cosas bobas sobre cuánto va a durar la alarma, porque el estado de alarma es “la nueva normalidad” y va a durar exactamente hasta el 8-M de cada año. ¡Viva yo… y mis muertos!

Pero para que no estéis tan preocupados ni frunzáis el ceño, haremos también descanso con desescaladas previas cada vez, justo antes del Orgullo Gay, que no todo van a ser rencores y racismos. Y os he previsto fechas muy bonitas, como el día del arrodillamiento ante los que lleguen en patera, donde podréis besarle el culo a los recién incorporados, y también la fiesta de la rendición de la minifalda y el bikini, cada año antes del ayuno de Ramadán.

Os lo pasaréis en grande, os lo juro, que yo siempre he tenido buena mano en lo de organizar guateques en mi pandilla y os lo puede corroborar mi nuevo director de Agenda Urbana y Arquitectura, el amigo Ignacio, qué grande el tío.

Ante la emergencia climática, la de verdad (la real es otra y ya se enterará el aludido), mi ministra ya se ha puesto las pilas. Ahora os cobrarán por cada envase de plástico no recuperable, de modo que os subo de precio desde el salchichón en lonchas hasta el yogur. Y es que esto es como lo del salario mínimo, que si un comercio no puede pagar 950 pavos de SMI, mejor que cierre porque eso es una mierda de negocio. Y si no puedes comprar el jamón ibérico por piezas enteras, sólo por lonchas, pues entonces eres un tieso que no merece comer jamón. ¿Lo pillas?

La realidad no se inmuta y además ahora tienes que usar guantes (también de plástico), que te los cobramos igualmente subiendo el precio de todo, pero a quién cojones le importa pagar más y comer menos si la tarea que tenemos por delante es la emergencia climática…, o sea, la real, ya sabes.

Estáis más tontos que Abundio, porque el pasado 21 de enero, mientras estábais a vueltas con el virus chino y esas memeces, mi Consejo de Ministros declaró la emergencia climática y ambiental, lo que pasa que no os queréis acordar de las cosas importantes. O sea, que la emergencia climática va antes que nada.

No es hora, por tanto, de exigir responsabilidades, sino de afrontar la declaración del estado de alarma de la nueva normalidad, porque, allí lo pone, la emergencia climática “reclama acción urgente para salvaguardar el medio ambiente, la salud y la seguridad de la ciudadanía”.

¿Alguna duda, so fachas?

PS: Y C’s, los concienciaditos…, de baja maternal.

He dicho.

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