La diosa del Tardón

No, no se le caerá la cara de vergüenza. Y no se le cae porque la soberbia -altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros, según la RAE- la tiene maniatada de tal manera que en todos sus actos públicos, desde el famoso 2-D del 18, se ha venido mostrando cual pobre muñeca rota: lanzando balones fuera, con la sonrisa o risa desencajada y torpe en sus ademanes que por propios lo son de un siniestro polichinela, incluso en su máscara que está más pintarrajeada que de costumbre.

No, no se le cae la cara a quien no le importaba dejar tiraos a los andaluces con tal de encaramarse a la secretaría general de los socialistas españoles, creyendo en su ignorancia supina que todo el monte era orégano. Y claro, donde el orégano crecía a mansalva solamente era en Andalucía, su particular y monstruoso cortijo. Así que en Ferraz la consideraron no apta y sufrió uno de los revolcones más dolorosos de su carrera política. Pero ni por ello se le cayó la cara. Que seguramente, aconsejada por el gurú con raíces en Dos Hermanas, decidió irse a un chino y ponerse las que duran y duran, que aquí, señores, aquí no ha pasado nada.

No, no se le cae la cara a quien en sus últimos años de legislatura no tuvo los ovarios suficientes para sacar a esta maltratada tierra nuestra del ostracismo y que dejara de ser, definitivamente, el furgón de cola de tantas y tantas cosas. Que le pudo la sopa boba, al igual que a la numerosa corte de falsos aduladores y mediocres consejeros que le han venido acompañando durante tanto tiempo. Y así el desapego descarado entre los políticos de la rosa y sus hijos e hijastros. Y así la Junta, rodando y rodando por pura inercia. Y así la desafección… Y por ello, la pérdida irreparable de San Telmo, su más preciado baluarte.

No, no se le cae la cara, que no, a quien ha removido los cimientos del socialismo andaluz con su desgraciada y nefasta gestión. Un socialismo cuya credibilidad y, sobre todo, efectividad cayeron en picado ante el electorado y en el que los militantes de base no se atrevían a pedir explicaciones al respecto para actuar en consecuencia; pues que las piezas del motor socialista ya estaban desgastadas y alguien y algunos tenían que haberse ido, sin dilación, hacia sus respectivas casas. Las recientes primarias le han pegao el segundo revolcón serio y no me atrevería a asegurar, dado el talante de la interfecta, si definitivo ¿O va a continuar paseándose por los pasillos del Parlamento, como si de otro fantasma infeliz o aciago se tratara, la diosa del Tardón?




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