La derrota de las ideologías

En nuestra sociedad actual las ideologías han perdido casi todo el peso del pasado porque el batiburrillo de definiciones ideológicas ha entrado en algo que está produciendo mucho daño en todos los ámbitos de la vida: la perversión del significado de las palabras y el relativismo moral, que llevan a la manipulación y a conceptos equivocados -y también perversos- de la ideas. O bien por la ignorancia de la mayor parte de la sociedad sobre el verdadero sustrato ideológico -si es que existe- que hay tras las múltiples exposiciones doctrinales de los partidos, muchas veces contradictorias, por no decir irreconciliables.

Ya no tenemos que poner como ejemplo la tan manída calificación -que se asimilan a un insulto- que representa la palabra fascista; para la izquierda es fascista todo lo que no esté de acuerdo con sus postulados o vaya contra ellos, muchos de esos postulados aún más arcaicos y trasnochados que el movimiento de Benito Mussolini. El PP es fascista, Ciudadanos es fascista, y así todo lo que no sea el culto a la más rancia izquierda del pensamiento único.

Derecha e izquierda, ¿en qué han quedado sus prístinos programas ideológicos que no sean medidas económicas? Partidos de derecha hoy tan pronto se definen de centro, como de centro derecha o social demócratas. Para colmo, te dicen que en ellos tienen cabida conservadores y liberales. ¡Si levantaran la cabeza los antiguos miembros de estos partidos antagónicos en sus orígenes!

En partidos nacientes el lío doctrinal es aún mayor, encuentras calificaciones que van del centro derecha al centro izquierda, según el dirigente del partido con el que hables o tome la palabra.

El supuesto centrismo de algunos partidos de ambas ideologías raya en lo ridículo; lo peor es que la gente los cree. Y de esta manipulación, de la indefinición y de la ignorancia nace el voto de castigo que produce consecuencias imprevisibles en las elecciones.

El PP ha renunciado a luchar por las ideas que le hicieron ganar elecciones; como ejemplo baste una muestra: Abandono a las víctimas de terrorismo mientras ETA tiene asiento en las instituciones, de la que cobra grandes sueldos; olvido de la ley del aborto; mantenimiento de Ley de Memoria Histórica, que convierte a media España en descendientes de verdugos y a la otra de inocentes víctimas; una presión fiscal que no soñarían muchos partidos de izquierda; indecisión y cobardía ante la defensa de la unidad de España, lo hemos visto en el anunciado golpe de Estado en Cataluña y la cobarde aplicación del artículo 155 de la Constitución; la inmersión lingüística en Valencia ahora en Asturias; el continuo humillarse ante las regiones separatistas, se les concede más dinero que a las que se sienten orgullosas de ser españolas, etc.

Este desencanto hace que muchos de los votantes del PP, los que se pueden calificar como más conservadores, algunos lo llamarían pura derecha, castiguen a su partido votando a Ciudadanos, un partido aún más progresista y que nada tiene que ver con ellos. Tengo amigos conservadores, no liberales, que bien han votado o se han afiliado a Ciudadanos, pues ven en esta formación la nueva derecha. Pero también los tengo entre antiguos socialistas que hacen lo mismo por adivinar en Ciudadanos un centro izquierda. Mientras tanto, no hay una clara definición doctrinal en este partido sobre algunos temas trascendentales, como los vistos anteriormente -salvo la defensa de la unidad de España y esperemos que no decaigan en ello- y, a río revuelto, ganancia de pescadores.

La torpe estrategia del PP al potenciar un partido como Podemos, gracias a los medios de comunicación que manejan a su antojo, para quitar votos al PSOE, le ha salido cara. Sus votos se desangran y van a parar a Ciudadanos. Han aprendido la lección y ahora esos medios de comunicación impiden propaganda alguna, o presencia en los mismos, de partidos que bien podrían cubrir ese conservadurismo descontento, como es el caso de Vox o cualquier otro que pudiera recoger ese voto.


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