La democracia como excusa es una estafa

Entre las muchas ficciones que contiene el concepto “Democracia”, una no menor es aquella que hace creer a mucha gente en la superioridad de ese modelo porque se trataría de una forma de gobierno elegida por todos.

Pero todo el mundo sabe que la realidad cotidiana que manejamos está sometida a las reglas del espacio/tiempo, de modo que para depurar la democracia cabría preguntarse por el “dónde” y por el “cuándo”, porque no es lo mismo que quienes se pronuncien sean los electores de Uganda que los de Dinamarca o Alemania, por ejemplo; como tampoco es lo mismo votar hoy que pasado mañana…

No me llevará demasiado esfuerzo demostrar esto que digo, porque basta que piensen en las elecciones generales de 2004, si antes o después del 11-M el resultado habría sido el mismo, o se planteen por un momento por qué Pfizer esperó hasta el día después de las presidenciales para desvelar que ya tenía la vacuna contra el covid con una fiabilidad del 95%.

Y es que el tiempo importa y no es lo mismo responder a una pregunta hoy que mañana, y menos aún que la respuesta de un momento se utilice para validar un período de cuatro años.

De todo esto, me temo, se dieron cuenta hace mucho tiempo los demóscopos y políticos de muy diverso signo, así que asumieron con presteza que las elecciones son una cosa demasiado importante como para dejarlas en manos de… los votantes; lo cual, elevado al cubo, nos conduciría inexorablemente a coincidir con el general y ex presidente de Francia Charles de Gaulle, cuando señaló: “He llegado a la conclusión de que la política es una cosa demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”.

Lo lamento, pero me resulta inapelable el razonamiento.

Aceptado que era esto de lo que discutimos, no le resultará nada fácil a Mr. Trump dar la vuelta a los resultados si no es acreditando la acción criminal de una trama corrupta que se había juramentado de antemano para trastocar los datos electorales, lo que es tanto como atribuirse la facultad de escribir la Historia por adelantado en suaves cápsulas de 4 años. No le bastará con anular algunos votos, digo, sino que creo que tendrá que lograr el premio gordo de llevar ante los jueces a los conspiradores y lograr que muchos de ellos acaben vestidos de naranja en un penal.

Si la tesis es como señalo, el recuento de los votos casi que podríamos considerarlo una parte más de la campaña electoral, que no termina el mismo día habilitado para depositar los votos en la urna, pero en tal caso habremos de considerar también la plena legitimidad del Trumpismo para intentar ganar las elecciones después de celebradas, aunque en realidad ya se ha votado.

Las votaciones, pues, serían apenas una excusa para tapar con un sombrero inmenso la mierda que acumulan estos políticos en connivencia con los grandes intereses financieros. Y si al recuento de los votos no se le aplica una disciplina cuasi militar y se sigue consintiendo que las juntas electorales en España se pasen la ley por el arco de sus vergüenzas, la democracia se transforma en un brochazo y una estafa.

Es en esto donde yo aprecio el gusto de las autarquías por consumir productos nacionales y por favorecer a aquellos empresarios propios comprometidos con lealtad con sus estados. Todo muy franquista, sí, porque antes estaba la Barreiros o la SEAT que la Volvo o la General Motors. O la Campsa por encima de la Exxon o la BP.

Y es que si las grandes compañías y los gigantescos fondos de inversión transnacionales carecen de “alma de país” y no se pueden permitir la inestabilidad del voto caprichoso de los ciudadanos (e incurres además en el error de otorgarle el control de esos recuentos a empresas tecnológicas participadas por esos mismos intereses), ya te digo yo quién va a ganar las elecciones en cada ocasión, según me mire al levantarme cada día mis coj…

Visto de este modo, como alguien escribió en alguna parte, “la política es el arte de disfrazar como interés general el interés particular”, y ahí se acaba todo, porque la cuestión, en política, no es tener la razón ni la verdad, sino que te la otorguen la primera y ya te encargas de construir la segunda a tu manera: a martillazos, como Maduro o como los Castro; o a golpe de decretos, como Pedro Sánchez.

Pero antes de todo eso, como digo, están las elecciones y demasiada gente confunde o limita la democracia con votar. Pero recuerden que votar también se vota en Cuba, igual que en el franquismo. No sé, pero a ratos me parece que Biden puede acabar entre rejas.

He dicho.




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