La demagogia y la mala leche contra el Rey de España

Cuando Hércules Poirot o Sherlock Holmes se preguntan por el móvil de un crimen, no se están refiriendo, desde luego, a la tarjeta de memoria de Dina Bousselham ni al último modelo de iPhone, sino a la mejor manera de resolver un enigma para un detective.

A quién beneficia lo sucedido es lo primero que se pregunta hasta el más pazguato de los investigadores de un posible delito, pero ni Kojak, ni Ironside ni el inspector Colombo están de moda en nuestros días y lo que vemos actuar es a una masa de yihadistas sectarios, sans culottes y arrebatacapas dispuestos a desvirgar a sus propias madres si lo creyesen necesario.

Pero el zurdo español, el pueblo en general, no llega ni al nivel de Mortadelo y Filemón, agentes de la T.I.A., menos aún cuando se le entremezclan los prejuicios ideológicos y se trata de volcar todo el rencor social, la envidia y la mala leche que acumula un pueblo cainita como el nuestro, porque entonces es bien conocido que le brota el hutu ancestral que le habita bajo la epidermis y se conduce como si el mañana no existiera y el ayer, del que no han aprendido nada, tampoco.

Se perdieron la guerra civil (que la perdieron todos), pero se comportan como si les hubiese llegado la hora de que la perdamos todos otra vez. El nivel de inconsciencia, inducida una vez más por caudillos semi analfabetos e irresponsables, es pavoroso, pero el sectarismo y el rencor se les desborda y nada contiene el tsunami de desagradecimiento ni el imperturbable alma de portera que nos invade siempre.

Y luego está la falta de costumbre y el no haber asumido nunca (por muy demócratas que nos proclamemos) un rasgo esencial de toda democracia y del estado derecho como es el del respeto sagrado a la presunción de inocencia.

En España hemos alcanzado unos niveles en los que ya no sabes si es mejor que un juez decrete el secreto de un sumario, porque, lejos de ser de utilidad para proteger el honor y no alterar el curso de las investigaciones, sirve para que te juzguen todas las tabernas, establezcan una verdad de mentira y te condenen a la pena de telediario o te arrastren directamente al destierro o al exilio sin darte ni siquiera la oportunidad de defenderte y sin mediar acusación formal de ninguna clase.

El padre del Rey Felipe VI no está ni investigado ni imputado, al menos de momento, por ningún juez ni ningún fiscal, ni en Suiza ni en España. Y ya ven…

Lo que se investiga hasta la fecha es el decurso de unas cantidades de dinero por cuyo movimiento han sido imputados una desquiciada (expresión de su ex marido) y un espía de baja estofa, los cuales, puestos al habla en una conversación de esas en las que la Fiscal General del Estado llama maricón a un ministro del Interior delante de un juez condenado por prevaricar y ante un ex comisario tramposo con más dobleces que una pajarita de origami, descabellan al ex Rey de España en un patíbulo de tricoteuses y vecindonas como si se tratase de un torero que anuncia su divorcio de una esposa en el papel couché de las redes sociales para liarse con una jovencita rubia como la cerveza.

Pero hablábamos del móvil y de a quién beneficia que el padre del Rey de España, el que trajo bajo el brazo el régimen de libertades que más largo período de paz, concordia y prosperidad nos ha proporcionado en nuestra Historia, anuncie que abandona este país, el suyo, el que se inventó e invitó a todos a disfrutarlo en buena ley.

Y el primer beneficiario de su marcha no es el Rey Felipe VI, su hijo y sucesor, forzado a doblegar lo racional con la única intención de no tensar la cuerda. Esta vez no es Abraham quien cede ante los designios divinos de sacrificar a su propio hijo, sino el hijo quien se aviene a contrapelo y a disgusto a ejecutar a su padre y padre de la democracia con el único afán de salvar de la catástrofe ese barco embrutecido que lleva al pairo un contumaz embustero llamado Pedro Sánchez y a su lado un contramaestre despendolado que responde al nombre de Pablo Iglesias.

Así que el padre de la democracia española se ve obligado a salir de España mientras los asesinos de los demócratas de casi todos los partidos se sientan en las instituciones y se les encargan homenajes, a la vez que un puñado de ministrillos con pelo de la dehesa de la niñatería pija y del “o sea…” se engolfan en llenar de improperios y desvergüenzas su palabrería.

El primer beneficiado, pues, se llama Sánchez, que quiere y desea, aunque no lo necesita (y esto es importante), los apoyos de los principales enemigos de la Constitución y de la democracia misma para sacar adelante sus primeros presupuestos en casi tres años.

Republicanos de cartón piedra, ex pistoleros de la mafia etarra, comunistas rancios y a la violeta, fascio-racistas convictos y confesos, francotiradores ignominiosos…, todos en común para reventar las costuras de lo razonable y llevarnos a la demencia en mitad de una crisis económica abrumadora con tintes previos de criminalidad y bañada de mentiras prodigiosas. Ellos son los siguientes en la lista de los beneficiados con el crimen.

Pero es peor aún que nadie atienda a nada y ni siquiera los más sensatos analistas se pregunten cómo es posible que alguien muy rico que desea comprar un tren de alta velocidad en una tienda pague una comisión millonaria (¡y con tres años de adelanto!) a uno de los postores cuando cualquiera de ellos estaría dispuesto a poner dinero encima de la mesa por vender el suyo a mejor precio.

Dicho de otro modo, ¿pagaría usted acaso una comisión por comprar un coche cuando de todos modos hay varios deseando venderle uno de su marca? ¿En qué cabeza cabe eso?… Pues aquí lo dan por bueno y nadie se cuestiona tanto absurdo.

Pero pongamos otro caso e imaginemos que no se trata de algo así de absurdo e increíble. Supongamos que se trata de un regalo de esos dadivosos señores del petróleo que otorgan el tratamiento de “amigo” o “primo” al Rey de España (no a usted ni a mí, ni tampoco a Sánchez) ya sea porque les da la gana o porque les interesa administrar ciertos fondos con fines no siempre abiertamente confesables cuando afecta a cuestiones de Estado.

¿Acaso alguien puede entender o imaginar siquiera que, de no tratarse del Rey, esas cantidades se habrían producido y habrían ido a parar a alguna otra parte? ¿A las arcas del Estado, por ejemplo? ¿A quién le entra algo así en el entendimiento?

Si estuviésemos ante una regalía de esa clase, tan personal e intransferible que sólo cabe desde debajo de un turbante, cuéntenos, lector, qué habría hecho usted con tamaña muestra de desprendimiento oriental… Déjeme adivinarle el pensamiento: a buen seguro se lo habría depositado en una cuenta a Marisú Montero, la que parece que come regaliz cada mañana. ¡Sí, lo sabía!

Trataré de aportarles sólo una hipótesis más, por no cansarles…, aunque me parece demasiado evidente que en no pocas ocasiones los “amigos” (o “primos”) de nuestro Rey le han salvado el culo a no pocas empresas españolas a través de fondos de inversiones soberanos, como fueron los casos de Iberdrola o Cepsa; o a los astilleros españoles, garantizando la carga de trabajo durante lustros para miles de empleados; o a empresas tecnológicas pegadas a la OTAN como Indra… y todo ello con vinculaciones muy estrechas con intereses de Estado de difícil definición y explicación para el populacho cuando se trata de asuntos relacionados con la defensa mutua y supranacional que benefician a España.

Claro que todas estas cosas pueden ocurrir cuando para sostener tu trasero en un Falcon incurres en la insensatez de meter en el CNI a un puto topo… No se sorprendan demasiado si algún día, después de Sánchez, alguien propone cambiar el nombre de este país y en lugar de España llamarlo “Engaña”.

No descarten nada, pero puede que alguna vez ese español anónimo del rencor social entienda que su mala leche le explotará en la cara. Y no le va a gustar, les aseguro.

He dicho.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *