La colaboración con BILDU no es casual

Estos días hemos oído con estupor las declaraciones tanto del Sr. Simancas como del mismo presidente Sánchez, que culpan a la oposición del pacto realizado entre el PSOE y BILDU para derogar la Reforma Laboral. Según estas, el PSOE se ha visto obligado a hacer tan inoportuna derogación por culpa de la oposición, porque esta no le quiso votar el “estado de alarma”. Estas justificaciones absurdas, que no guardan un mínimo de coherencia lógica, demuestran las dificultades objetivas que siguen teniendo los socialistas para justificar la colaboración entre la “izquierda abertzale” y el Partido de los 100 años de honradez. Y, sin embargo, están en ello desde hace tiempo, como vimos recientemente en la constitución del Gobierno de Navarra.

Hace dieciséis años que el Régimen del 78, basado en la Transición y en la reconciliación entre todos los españoles, está quebrado, aunque muchos aún no se han enterado. El sistema de la Monarquía constitucional en el que había alternancia entre una derecha moderada y una socialdemocracia a la europea, pasó a mejor vida. En su sustitución vino un señor de talante aparentemente “tranquilo”, llamado Rodríguez Zapatero, que vino a impulsar una nueva transición hacia una situación novedosa, un sistema en la que la “derecha” era sometida a un cordón sanitario y el país entraba en una “nueva normalidad”, si se nos permite esta anticipación, estructuralmente de izquierdas. 

De Zapatero se pueden decir muchas cosas, pero no que fuera un vago o un negligente. Y realmente puso todo su empeño en hacer realidad el proyecto que en su día esbozara Alfonso Guerra de que a España “no la reconociera ni la madre que la parió”. La eclosión de leyes “progresistas” emitidas en su mandato fue verdaderamente notable, pues fueron acompañadas de medidas de control social, aparentemente “suaves”, pero eficacísimas. En efecto, leyes como la del Aborto a la carta, el Matrimonio Homosexual, el Divorcio Express, la Memoria Histórica, la Violencia de Género, etc, vinieron acompañadas de descarados movimientos mediáticos (creación de la Sexta, la Cuatro) y educativos (recuérdese la “Educación para la ciudadanía”) para crear una opinión pública absolutamente comprometida con la agenda de la izquierda y empeñada en la satanización de las opciones conservadoras. Estas fueron catalogadas globalmente como variantes de diversas “fobias”, llevando al terreno psiquiátrico la represión de toda disidencia. La misma palabra “facha” ha desbordado su significado, pasando a designar a cualquiera que manifieste algún tipo de titubeo ante los dogmas de la izquierda.

La crisis de 2008 pudo parecer una oportunidad de oro para revertir aquel pendulazo hacia el progresismo que había dirigido ZP. Pues aunque es verdad que aquel infausto presidente no tuvo la culpa de la crisis económica que sobrevino aquel año, la gestión que hizo de ella no pudo ser más burda e irresponsable. Pero ya sabemos que la victoria por mayoría absoluta de Rajoy en 2011 solo sirvió para consolidar toda la legislación zapateril. Su idea esencial era la de ser aceptado por el resto de los partidos, evitar nuevos cordones sanitarios, poder hablar con progresistas y separatistas sin que les insultaran. Lo más significativo de su mandato fue una tímida pero positiva Reforma Laboral, que ahora peligra, y un endeudamiento masivo que permitiera poder decir que ellos no han “recortado” derechos sociales. Evidentemente, de nada ha servido esa auto-limitación impuesta, pues es sabido que para la izquierda todos los problemas de sostenibilidad de la administración pública son achacados a “los recortes del PP”. De modo que este partido ha tratado de salvar los muebles de la economía sacrificando todas las cuestiones ideológicas, comulgando con ruedas de molino en todas las cuestiones esenciales de vida y familia, que consideraba secundarias. Pero como les suele ocurrir a los que optan desde el principio por el mal menor, se pueden encontrar de bruces con el mayor de los males.

En la nueva transición, el radicalizado PSOE ocupa el centro del espectro político. Los comunistas de Unidas Podemos representan a la izquierda y el PP sería la derecha presentable que no pone en tela de juicio el sistema. En este contexto, VOX sería claramente un outsider radical cuya presencia sería verdaderamente obscena. Y en eso está la vida pública oficial, los medios de casi todas las tendencias, tratando de que no se le dé protagonismo a quien viene a cuestionarlo todo.

Hay muchos elementos objetivos que abogan por el mantenimiento y la profundización de esta preocupante deriva. Uno de ellos es el progresismo social imperante en la ONU y en la UE, instituciones que están infiltradas de ideologías progresistas. La Iglesia Católica, antaño gran baluarte contra las mismas, parece totalmente neutralizada, entre el giro buenista de Su Santidad y la increíble blandura del episcopado español, más preocupado por defender su cortijito (su COPE, líder en fútbol, su asignación tributaria, y sus colegios concertados).

Pero hay todavía algunos diques importantes que se oponen a esta demencial deriva. Uno de ellos es la misma Monarquía, que no va a ser tan fácil de desmontar. Otra, la crisis económica del COVID 19, que no creemos vaya a ser financiada por la UE sin imponer gravísimos recortes, estos sí, que tendrían que tragarse los izquierdosos del Gobierno. En la UE son progres, pero gilipollas parece que no.

Además está la cuadratura del círculo de que la izquierda necesita para gobernar a los separatistas vascos y catalanes, que ya no se conforman con nada que no sea la independencia. En este sentido, C’s fue un escollo que se encontraron en esa tarea de dinamitar controladamente la unidad de España. Pero la misma indefinición de ese partido, “moderado” más allá de toda medida, parece que ha servido de soga con la que se está ahorcando lentamente. En cambio, la complicidad del PSOE con los separatistas catalanes, en marcha desde la época del Tripartito, ha supuesto un viento de cola para una formación como VOX. No digamos nada lo que puede significar la colaboración entre BILDU y el Partido Socialista, colaboración que realmente necesitan para “avanzar” hacia sus metas, pero que sigue despertando salpullido en la gente corriente. Podríamos decir, por tanto, que el pueblo español, aparentemente sumiso y adoctrinado por estos medios lacayos, aún conserva ciertas dosis de energía, que se supone reverdecerán aún más a medida en que los ciudadanos vayan probando el amargo sabor de las recetas progresistas.

Realmente, VOX no tiene más que sentarse a esperar con paciencia que las contradicciones del Gobierno les hagan saltar por los aires. Lo que hay que pedir es que las grietas que van a causar al Estado no sean irreversibles.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *