A poco que cualquiera de nosotros reflexione tan sólo un poco, no puede sorprendernos este aluvión de unos meses acá de revelaciones en versión cinta de cassette, primero sobre el emérito, con una meretriz despechada llamada Corinna que susurraba no a los caballos sino a la grabadora y, muy digna ella, con total desenvoltura, filtraba gota a gota, datos sueltos, perfectamente pensados (por no decir guionizados), ad hoc para dar la imagen de un ex monarca que, amén de, perdonen la vulgaridad, enchochado, estaba untado por paganos de comisiones varias, además de otras gaitas allende los Alpes. Luego, la mancha se hizo recaer en la Fiscalía del Estado y en los jueces, por mor de otra sesión de grabación, celebrada entre buenas viandas y no menos selectos caldos.
El que los personajes que aquí comparecían sean parte de una cloaca judicial y policial que lleva media vida democrática de España emponzoñándolo todo, no quiebra mi argumento final. A continuación, han llegado las grabaciones que actualmente se difunden sobre las relaciones de María Dolores de Cospedal, a la sazón Secretaría General del PP en aquel momento, su consorte, y el infame emulo de Torrente, el brazo tonto/listo de la ley, el comisario Villarejo. Y, por último, está el reguero de declaraciones institucionales de reprobación al Rey Felipe VI, comenzando por la del Parlamento secuestrado por los secesionistas catalanes y siguiendo por la del Ayuntamiento  populista de la charlatana  Colau, y por la estrategia del grupo del enano intelectual Alberto Garzón, limpiabotas de Pablo Iglesias, de llevar a todos los Ayuntamientos donde manden los comunistas (1000, dicen) mociones asimismo reprobatorias de la institución monárquica, cuyo pecado más reciente debe ser haberse arrogado el papel de ariete, cuando el Gobierno de la Nación permanecía paralizado, contra el golpe perpetrado en Cataluña y ser quien dio el empujón patriótico que precisaba la gente para salir a la  calle y sacar sus banderas a pasear. A todas estas maniobras y tácticas deleznables y criminosas sirve como tonto útil el actual okupante de la Moncloa, colocado ahí, no lo dejemos pasar por alto, por los empeñados y máximos interesados en destruir el Estado por la vía de romper España: populistas, separatistas y amigos de los asesinos terroristas, de todos los cuales es un mero títere, sin que a él esto le importe ni mucho ni poco. Su única ambición es meramente personal a costa de lo que sea, pues carece de principios.
A lo que quiero llegar relatando esta sucesión nada casual de acontecimientos que se han amontonado en poco tiempo, aunque se hayan planeado desde hace bastante más, pero ahora se ha pisado el acelerador, es a que, sin ningún género de dudas, en lo que estamos es en el derribo del régimen constitucional vigente por la vía de hacerle llegar a los ciudadanos algo parecido a esto: Mira, ciudadano, ¿no ves que todo el sistema está podrido, los partidos tradicionales, el poder judicial,  por supuesto la monarquía, el Estado en suma?. ¿No ves que este sistema que estableció la Transición (que también está totalmente desacreditada porque la comandó un Rey nombrado por Franco, al cual hay que denigrar, borrar de la historia y eliminarlo hasta físicamente llevando sus restos al Polo Norte si es necesario, para que nadie pueda “enaltecerlo”, como decía el otro día la ridícula egabrense) está enfermo de un cáncer terminal porque todas sus instituciones están podridas? ¿No ves que hace falta un cambio radical para limpiar toda la podredumbre en que se ha convertido el Estado?… Eso no es otra cosa que la Revolución populista y comunista. Todo está ya inventado, no de otra manera comenzaron las Revoluciones en todos los países donde las ha habido, desde Rusia hasta Cuba, Venezuela o Nicaragua. Hace poco llegó a mis manos una entrevista realizada al coronel en la reserva Pedro Baños, especialista en geoestrategia y terrorismo yihadista, en la que decía que España está abocada a una Revolución…… Pues bien, la Revolucion está en marcha, ahora solo nos queda, como ya dicen cada vez más voces, como la de Rosa Díez en un reciente articulo, organizar, cuanto antes, la Resistencia. Y si los partidos que quieren conservar lo fundamental, saneando lo que esté enfermo pero salvando la Unidad de la Nación, la libertad del individuo y la esencia de España, no se unen en esta lucha, deberá ser la sociedad civil la que la encabece.
Pongámonos a ello.