La chirigota de los vikingos y el sioux y la cara de Greta

La ceguera elegida en cuestiones políticas es mucho más incorregible que cualquier otra clase de degeneración macular catalogada por la Ciencia.

Todavía en estos días algunos se preguntan con asombro cómo es posible que se haya incorporado siquiera al relato actual la idea de que en el proceso electoral americano se haya practicado un fraude de enormes dimensiones; o sea, un prodigio de la desinformación en la era de las telecomunicaciones.

Periodistas a los que se les supone medianamente informados interpretan el papel o aseguran que no han leído ningún indicio de verosimilitud para tales denuncias. ¿Es posible esto?

Lo último, desde luego, no sería demasiado extraño habida cuenta que desde el NYT al Washington Post y, sobre todo, las principales redes sociales, como Twitter, Facebook, Instagram o Youtube decidieron cortar de raíz no sólo todo el flujo de información capital generado por quienes reunían las pruebas y efectuaban las denuncias, sino que incluso no han tenido el menor reparo en silenciarle la voz al mismísimo gobernador del Imperio, de donde partían las legítimas acusaciones.

Con la más absoluta impunidad, algo impensable hasta hace cuatro días, los grandes controladores de la información de nuestro tiempo, sin encomendarse a ningún requisito judicial, han procedido y proceden a sentenciar quién, de qué o cómo se puede hablar de algo, reduciendo el derecho a la libertad de expresión como valor universal de la Declaración de Derechos Humanos, a una anécdota sospechosa dentro del esquema de valores de esta nueva “sub democracia” de mera apariencia que nos han instalado y en la que quienes deciden son unas cuantas empresas que por sí mismas serían capaces de comprar de sus bolsillos la deuda pública de casi la totalidad de países de América Latina o de la UE, por ejemplo.

Y no obstante, los pretendidos ingenuos hacen como que no se han enterado de nada o como si de verdad el acoso colosal de los controladores en las redes hubiesen logrado de verdad borrar la realidad bajo una alfombra gruesa de fact-checkers y como si ellos sólo estuviesen atentos a lo que publica la portada del NYT, general de un ejército vergonzoso de manipulación global que no ha recogido ni siquiera las imágenes que mostraban a los recontadores de votos sacando maletas de debajo de las mesas poco antes de las 4 de la madrugada o la inexplicable colocación de paneles para tapar lo que se hacía en las salas de recuento, amén de silenciar los numerosos testimonios de observadores oficiales a los que no les permitieron ejercer su tarea y a los que engañaron enviándoles a casa antes de dar por finalizada la jornada.

Ni eso ni el desfase estratosférico que registraron las máquinas cuando, de repente, en apenas diez minutos, desaparecían las distancias que mantenía Trump y las máquinas de Dominion engullían la diferencia que le separaba de Biden sumando éste el 94% de los 150.000 votos que aparecían como por ensalmo en los llamados “estados pendulares”.

Ni eso, ni los muertos aparecidos en el censo, ni los apartados de correos falseados como si fuesen apartamentos, ni la comprobada conexión a Internet de miles de máquinas de Dominion permitiendo el hackeo de las cifras en cuestión de segundos, ni tampoco el hecho certificado de que las mismas miles de boletas no presenciales se introdujeran para su recuento entre 8 y 10 veces consecutivas y todas ellas a favor del mismo candidato… Nada han visto ni han leído, al parecer, estos cabezas de huevo que ponen boca de sorpresa o como si se fuesen a meter un chupachups entre los labios para darle lengüetazos.

Es tan apabullante la ceguera, que nos quieren hacer creer que lo que hemos visto todos (incluso ellos) sólo es un mal sueño, una trampa, una ensoñación que resultará casi inencontrable en las hemerotecas digitales, salvo a retazos sueltos o como retales en una masa oceánica de informaciones atildadas y manipuladas.

De las piezas sueltas que hayan quedado esparcidas en el naufragio se ocuparán más adelante, cuando Twitter, FB, etc procedan a borrar con sólo un clic la memoria extraña que almacenan sus inmensos repositorios planetarios en una ‘nube’. Y así, algún día, muy pronto, el mundo empezará casi por el Génesis de nuevo: “Hágase la nueva luz…”, y la luz renacerá sin memoria de haber iluminado antes nunca el mundo. Una luz cegadora, resplandeciente, que alumbrará apenas las imágenes de un puñado de majaretas disfrazados de chirigota cuando, supuestamente, estaban asaltando el Capitolio con banderas nazis que nadie vio, salvo en la imaginación y en el relato obtuso de sus cegueras voluntarias.

Un tipo del servicio secreto que protegía el interior del Senado disparó a quemarropa a una ciudadana de aspecto inofensivo o como de freír croquetas que a su vez del otro lado estaba acompañada de los SWAT con armas largas en las manos. Y nadie aún ha dicho que se trate de un asesinato inexplicable, sino apenas una víctima mortal en un intento de golpe de Estado supuestamente teledirigido por el comandante en jefe de las FF.AA. del mayor Imperio de la Tierra… Y se quedan tan anchos.

Así pues, el general en jefe del ejército más letal de la Historia se disponía, según la versión chicle de esta gentuza, a ejecutar un golpe de Estado con dos tíos vestidos de vikingo, un sioux con cuernos en el gorro, cuatro fumetas con obesidad mórbida y barbas hasta la rodilla, más tres amas de casa y cuarenta tíos ataviados con gorras de los Lakers que se paseaban con las manos en los bolsillos, como si estuvieran de visita turística, o se hacían selfies con los policías que les abrieron las vallas que daban acceso al recinto más vigilado del planeta Tierra.

Mientras todo eso ocurría y la Guardia Nacional se rascaba las pelotas o cantaba el “Only you” en sus cuarteles, en el interior del edificio, según el relato de las muy diversas CNN, los senadores corrían despavoridos a través de supuestos túneles secretos como si huyeran de una conflagración que obligaría a la destitución inmediata al término de su mandato del presidente, empeñado en demostrar, con plena legitimidad para ello, que la democracia había sido asaltada por una conspiración de largo alcance de cientos de empresas chinas controladas por el PCCh que en los últimos 20 o 30 años han logrado introducirse en el meollo financiero para manipular el aparato del Estado.

Nada debería sorprendernos de la estrategia empleada y que denuncia el magnífico documental que les recomiendo elaborado por The Epoch Times, pues se trata de un modelo similar al empleado a lo largo de muchos años por los saudíes y de otros emiratos para hacerse con el control de las Bolsas occidentales y de las universidades norteamericanas a base de otorgar financiación e inversiones muy diversas a cambio de influir en el meollo cultural que normalice la imagen del Islam en Occidente. Y a fe que les había funcionado.

El asalto al poder de este NWO tramposo, conjurado con el PCCh y con entelequias argumentales tan risibles como la del calentamiento global acojonante o con la incorporación del “Amén & Awoman” al paradigma del entreguismo idiota , ha resultado de momento invencible, pero al menos servirá para explicarnos a nosotros mismos por qué razón, entre tanta gente, eligieron a una muchacha enferma como Greta Thunberg, con una disrupción funcional severa, para representar el papel de mascarón de proa de una revolución tan burda.

Y es que sólo alguien con una patología tan evidente sería capaz de no sonrojarse espontáneamente al enunciar tanta mísera bobada cuando los termómetros en España marcasen -35% grados bajo cero.

He dicho.




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