La ceguera que se elige no tiene curación

No sé cuánto tiempo tardarán en darse cuenta en la oposición de cómo funciona el mecanismo zurdo. Olviden por un momento nombres concretos, porque sólo su mención lo contamina todo y lo que pretendo ahora es abordar esto con el raciocinio y no con la emotividad inevitable que conlleva cuando le ponemos caras, pues con ello los agravios, las afrentas y las estulticias elevan un monumento al desprecio que se han ganado a pulso.

Traten de verlo ahora de este modo que les digo, sin apasionamiento, y quizá comprenderán el juego de trileros que se gastan, como tahúres del Mississippi, que dijo Alfonso Guerra refiriéndose a Adolfo Suárez, aunque el propio Guerra ahora mismo sería capaz de reconocer que aquello era ‘finezza’ comparado con este burdo latrocinio y esta manipulación grotesca que le permite a “la chica del tiempo” teorizar sobre su almendra hueca llena de isobaras.

Un ejemplo muy sencillo, aunque casi todos los que se les ocurran son igual de simples: los sindicatos sanitarios convocaron una manifestación contra el Real Decreto 29/2020, que permite el intrusismo, desprecia a los MIR y desplaza a los profesionales a la fuerza, pero la manifa, observen, no es en contra del Gobierno, porque prefieren ignorar que los partidos que votaron a favor de dicho decreto en el Congreso son los suyos propios.

Espero que quede meridianamente claro cómo birlan la pelotita delante de sus ojos, pero un votante izquierdista es como una piedra ciega, que no entiende porque no quiere entender, que es la mejor manera de ser bodoque irremediable, ya que en el caso del ágrafo, del ignaro, del analfabeto o del sonso aún cabe la esperanza de que la luz del entendimiento le ilumine a partir de alguna causa. Y en el caso del ciego cabe hasta el milagro. Pero en el sectario impenitente no cabe redención, porque lo suyo es voluntad de ceguera, de fanatismo y de rencor. Y contra eso no hay respiración asistida ni remedio alguno, sólo la vacuna de la inteligencia y de la ecuanimidad.

Vean a ese impenitente español llamado Pedro Almodóvar, al que nadie debe suponerle que sea sólo imbécil, corroído de un sectarismo enfermizo cuyo verdadero mérito es haber convertido su patología en entretenimiento de masas (ya ni eso), así como El Greco convirtió sus defectos de visión en una manera de hacer arte y logró convertirse en uno de los pintores favoritos de Felipe II.

Los ejemplos son múltiples y muy variados porque lo abarcan todo y no son una cosa excepcional, sino un modo de proceder, un método que se diría alucinante porque a demasiados les pasa como desapercibido, lo que equivale a que te arrolle un tren de mercancías y digas que no has notado nada.

Por ejemplo, esos que practican la demagogia desde hace años sobre los ricos y los pobres o sobre la brecha salarial, votaron a favor en el Congreso de subirse los sueldos en el Parlamento en medio de una crisis apabullante que no está dejando a nadie en el nivel de renta ni siquiera de hace veinte años. Y a sus votantes se la suda.

Incluso los más contumaces, que padecen las consecuencias directas del estacazo que nos han dado a todos con su impericia, su desprecio y su falta de previsión (por decirlo suavemente), consideran que el problema es que la oposición “se opone”. Es lo que podríamos denominar “el argumento Ábalos”, según el cual, todo lo que tú hagas es también culpa del otro y lo que te comas o te bebas se lo apuntas en la barra con tiza al de al lado.

Prometieron no pactar con los independentistas ni apoyarse en Bildu y ahora sus votantes silban al techo. Juraron por sus santos muertos que los bolivarianos supondrían una pesadilla y que los órganos judiciales deberían ser independientes y los suyos, los sectarios de la zurda, cuyo sectarismo se deriva de ser zurdos, ni siquiera atisban la menor contradicción.

Prometieron no subir impuestos, salvo a los ricos, y la crujida que nos meten no les hace mella. Aseguraron, en fin, que el reglamento europeo impedía bajar el IVA de las mascarillas y sus votantes no regurgitan ni media espina.

Pero, créanme, tan desesperante como contemplar todo ese mecanismo despiezado en sus meninges sectarias es observar que entonces el PP se congela y desiste en gran medida de plantarle cara a esos desmanes, de modo que termina por asumir, creyendo a sus brujos y chamanes de la demoscopia, que hay batallas que mejor no dar, ya sean las del feminismo, las de la memoria histórica, las relacionadas con la inmigración ilegal, etc., por aquello de ampliar su base electoral.

Todos, hasta los zurdos, saben que en muchos casos la verdad no es relativa ni depende del cristal con que se mire, porque aunque uses gafas de colores y tú la mires como más te interese, la realidad no se inmuta. Y cuando te las quitas, la realidad es la que es y la hecatombe atroz se ha instalado ya por todas partes.

Mientras tanto, el zurdo seguirá acomodando su ceguera a la oscuridad que le dicten sus caudillos. Sólo la verdad nos hará libres y este gobierno no para de mentir…, con la anuencia de los suyos.

He dicho.




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2 Comments

  1. Fonseca dice:

    El grave defecto del que adolecen los zurdos está enraizado en una grave distorsión y percepción de sus propias carencias y taras. El sentimentalismo está exento de raciocinio y las emociones no son el medio apropiado para tomar decisiones calibradas en el equilibro y la honestidad, no ya hacia los demás , sino consigo mismo. Recuerdo un libro que hablaba del español y los “pecados capitales”, independientemente de que fuesen religiosos, ateos, agnósticos, etc. Con mucha distancia, el que aventaja a todos los muchos y posibles pecados del español “zurdista” es la Envidia. Una persona de mi amistad me dijo una frase que me pareció “redonda” a la hora de explicar la “ceguera voluntaria de ese sector poblacional que, indefectiblemente, vota a “siniestra” a pesar de todas la evidencias. La frase en cuestión es lapidaria y dice: “La envidia es tan inútil que no atiende a su propio interés”.

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