La cara de la Esperanza

Se te rebela tu pueblo. Tanto tiempo clamando y cuando apareces con tu rostro de dolor sosegado capaz de calmar al más martirizado, tu pueblo se te rebela.

¿Qué tendrá tu cara que no deja a nadie indiferente? ¿Qué tendrá tu mirada que se clava y uno siente cómo se hunde? Profunda, fuerte. ¿Qué tendrán la ternura de tus manos que se abalanzan como queriendo coger a todos que hay un temor de dejar que alguno no se agarre? ¿Qué tendrás que es nombrarte y el corazón es taquicardia? ¿Qué tendrás, Esperanza?

Eres revolución, eres insurrección, eres todo aquello que para combatir se alza, porque eso es la Esperanza. La Esperanza es un acto de indisciplina. La Esperanza es un sentimiento de rebeldía. La Esperanza es un canto, una bandera, un motivo para no dar una batalla, una guerra, por perdida. La Esperanza es la palabra que enciende una mecha de valentía. La Esperanza es una trinchera. La Esperanza es una orden para hacer saltar los parapetos de la cobardía. La Esperanza es un nuevo amanecer: ¡una madrugá vencida!

Hemos estado rogando Esperanza. Hemos estado suplicando Esperanza. Hemos estado implorando Esperanza. Hemos estado desesperanzados buscando Esperanza. Hemos estado de luto, hemos estado temerosos, hemos estado cansados, hemos estado privados de libertad, hemos estado escondidos con el deseo de ti, Esperanza. Hemos esperado mucho para poder verte de cerca y no pocos se han acercado tanto, tanto, que se han quedado a tu vera. A tu vera, Esperanza, porque para eso eres tú Divina Enfermera.

Y ahora, Esperanza, hay quienes se indignan porque tu rostro se asoma donde más haces falta, a quienes más te necesitan. Incluso para esos que, inconscientes, era a ti a quien reclamaban desde la duda del propio claustro de sus casas, desde un indeseado lecho, desde una sala de duelo, desde las propias ganas de volver a ser libres y volver a una rutina que nostálgica se antojaba.

Qué pena. Qué lástima de esas almas sin tu Esperanza. Porque tú, Esperanza, eres todo lo que ahora pedimos, todo lo que ahora necesitamos, todo lo que ahora anhelamos. Porque tú, Esperanza, ahora eres todo porque sin ti, Esperanza, no hay nada. Y no hay mejor sitio para devolver la Esperanza al enfermo, al desahuciado, al roto, que tu cara. Que tu cara, Esperanza, ¡que Tu cara! Esperanza, ¡qué medicina tu cara! Y quien eso no sepa verlo siendo sevillano y sabiendo que tu nombre es cura de un barrio, Esperanza, es que no ha aprendido nada. 

Y si no, que se lo digan a esos que llevan sobre su espalda y en el sudor de su trabajo bajo una bata blanca el nombre de tu barrio —Virgen Macarena—, para muchos, la Esperanza.




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