La cabra, mejor la cabra

Las excusas solicitadas por Otegui suenan tan sinceras como el recuerdo-homenaje de Pedro Sánchez a quien le descabalgó de la Secretaría General por fullero y por tramposo después de trincarlo detrás de una cortina preparando un pucherazo y le envió a patearse España en su Peugeot 407.

Con esos orígenes históricos ya me contarán cómo recompones la figura y te presentas como Don Pelayo ante tus huestes reclamando unidad a toda costa. Pero ahí lo tienen, reelegido por una mayoría a la búlgara que Tezanos habría evaluado en un 110% de los apoyos, porque en este congreso socialista han debido de votar hasta Largo Caballero y Juan Negrín para agradecerle al líder los servicios prestados.

A la ética cero cabe sumarle, además, la estética del 34, con su puño en d alto y su himnoeplorable dedicado a la “famélica legión” pero viajando en Falcón a la boda de tu cuñado y con las puertas giratorias engrasadas que no paran de dar vueltas, como cuando Tom y Jerry o Pixie y Dixie se enredan en una de esas persecuciones alocadas.

Encuentren a José Bono o a José Luis Rodríguez Zapatero, que están dispuestos a darlo todo, o casi todo, por orbitar alrededor de sus fincas con caballos y de sus minas de oro: “Ser socialista -dijo ZP en esa reunión de obsecuentes- es, normalmente, tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”. Y aplaudieron.

Pero no se lo pierdan, porque dijo “normalmente”, que no siempre, oiga, porque la lista de pijos adinerados en las filas del PSOE es inagotable aunque el susodicho se ponga condescendiente y él mismo se aferra a seguir cobrando los cien mil euros del Consejo de Estado porque es, quizá, el único dinero corriente que puede ingresar en una cuenta de un banco sin necesidad de blanquearlo previamente para poder pagar la luz, ya que el resto de la pasta que recibe debe ser dinero opaco que viaja en maletas de delincuentes internacionales y aterriza ya de madrugada en el aeropuerto de Madrid-Barajas.

La obsecuencia, digo, es esa cualidad que desarrolla quien pretende congraciarse con alguien por conveniencia propia o por temor y por eso actúa con una amabilidad fingida o exagerada, buscando la aprobación del otro. Y en el congreso socialista necesitan todos un disfraz, un fingimiento o un trampantojo, que en los tiempos de Felipe se traducía en el uso de una chaqueta de pana y que ahora se plasma en no lucir corbata y levantar el puño como si les poseyera un espíritu proletario.

Van a calzón quitado y no les frena pudor de ninguna clase; como a Otegui, que un día asegura que siente el dolor de las víctimas de ETA y unas horas más tarde se planta a las puertas de la cárcel de Martutene o en cualquier penal de los alrededores favorecido por Marlaska y recibe con aplausos a los más crueles asesinos del último medio siglo en España. Una vela triste y solitaria a un dios falso e impostado y una candelería entera, acompañada con fanfarria, desplegada en honor al diablo.

Ni siquiera Rubalcaba quiso tragarse el sapo de Sánchez, que ahora Felipe deglute con apenas los remilgos de una señorita Rottenmeier, en los que apenas puntualiza que lo del “régimen del 78” no es ningún insulto y que él se siente orgulloso y reivindica la vieja gloria del camino realizado, justo cuando el acoso a la Monarquía que le permitió al PSOE incorporarse a la democracia, con las correcciones exigidas por Willy Brandt desde Alemania, empieza a ser algo más que alarmante.

No sé, pero me parece muy cobarde y acomodaticia la postura de González, que se vio obligado a dimitir para que el marxismo desapareciera en el XXVIII congreso del partido, y que ahora Sánchez recuerda sólo de boquilla, aunque sabe que lo suyo es populismo marxista de la peor especie. Al menos Alfonso Guerra nos ha regalado la polisemia, tal vez de género, de “los aplausos a la cabra y los silbidos al… presidente del Gobierno”, cuando a lo mejor estaba pensando en otra cosa. La paradoja es figura literaria y Guerra es aficionado a la buena literatura.

Hemos entrado en una pendiente de presupuestos expansivos, de gasto inaudito y de déficit insoportable que nos conducirá directamente hacia los brazos de “los hombres de negro” de la UE, quienes terminarán interviniendo a España cuando esto ya no tengo ni el menor remedio. Y todavía Zapatero, desde su nube de oro, nos regalará la buena nueva de que ahora ya no son sólo los socialistas los que normalmente no tienen nada, sino la totalidad de los españoles, que le mirarán con pasmo su sonrisa majadera y obsecuente.

He dicho.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

1 Comment

  1. neike dice:

    Ahora dilo sin llorar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *