¿Dónde están los límites? ¿Dónde están los escrúpulos? ¿En qué lugar queda el respeto de una mayoría? ¿Cuánto se ha embolsado en el bolsillo por dicha actuación circense? Estas serían algunas de las preguntas que le lanzaría al “cómico” Daniel Mateo, que de chistoso tiene bastante poco. No, señor Mateo, ya está bien. Basta ya, de reírse de las personas que representan un país y lo levantan día a día con su trabajo, esfuerzo, educación, valores y diferentes posiciones e ideas.

Basta ya, de asociar una bandera a unos signos políticos, porque esa bandera representa la democracia en la que usted y su gente vive cómodamente. Es galardón de orgullo, no de desprecio, ni de mofa, ni de chisme, con el único objetivo de unificar a un país que es rico por su magnífica y apreciada variedad: en ideas, en lugares, en opiniones y en libertades.


Basta ya, de reírle la gracia a las cloacas de twitter o a los cuatro chupópteros que no abanderan la rojigualda, ellos abanderan la hipocresía de proclamar una cosa y ejecutar la contraria: la mansión de Galapagar, la decisión del doctor Sánchez sobre los presos políticos que intentaron romper Cataluña o la señora Calvo, como el atún, proclamando su laicismo y presumiendo de su intento de diplomática en la Santa Sede.

Basta ya, de faltarle el respeto a un país, y a una democracia. Sabía usted que la democracia española se sitúa en la posición 17 del mundo, gozando de buena salud, como referencia la revista The Economist. Imagino que seguramente no lo supiese, o no le interesase saberlo, antes de cometer esa burda falta de deferencia hacia la bandera de su país.

Su estúpida excusa es que en el mundo de la gracia vale todo, y que estamos con el ambiente “caldeado” según reza su twitter, y por ello, lo mejor, con el fin de rebajar los humos era escupir por sus fosas nasales la asquerosidad que anidaba en su interior hacia la bandera de España. Bravo Daniel, para mear y no echar gota, sin duda, gracia no tiene, pero inteligencia tampoco mucha.

Ya está bien. Ya ha conseguido su minuto de gloria “antifascista” que era lo que ansiaba ¿no? Porque claro, todo aquel que se identifique con la bandera de España es un fascista, retrógrado, y de extrema derecha. Pensar así, es señal de la falta de cultura, principios y valores. Ello tiene como resultado que “brillen” este tipo de personajes acompañados de sus espantosos ridículos.

Basta ya de insultar al colectivo más grande que hay en España, sus españoles, su gente.

Y ahora llámenme fascista.