La auténtica y total impunidad

Faltan las palabras –“escandaloso, obsceno” parece que se queda pequeño…- para describir la actuación de nuestros gobernantes. La obsesión por detalles necios, el azuzar los rencores, la indiferencia hacia el bienestar de la nación… ¿qué podemos decir?

Nada los exculpa. Pero todavía… todavía podemos decir que muchos se desgastan. Todavía los malos gobernantes, aunque paguen un precio ínfimo comparado con el daño que hacen, pues alguno pagan, aunque sea en críticas y en pérdida de prestigio. Al menos, miles, millones de personas, pese a la censura, pese a todo, se dan cuenta de los desmanes.

Pero no hablemos sólo de los malos gobernantes – por emplear este apelativo suavísimo. Todo el que llegue a los puestos más altos en la política de un país, bueno o malo, pagará un precio (aunque lo consideremos mínimo). Por lo pronto, será odiado por millones de personas, de un lado o de otro. Algo es.
Por el contrario, si nos vamos a los organismos internacionales, aquí todo cambia. Si estuviera Ortega y Gasset, hablaría de la “beatería” de la ONU. No se la cuestiona. Ortega lo definiría como “creencia” (tenemos ideas y creencias… siendo las segundas, aunque pensemos que no, bastante más importantes que las primeras). Generalizada en las mentes está la creencia fija, jamás discutida, de que la ONU es algo sagrado. Los altos cargos de la ONU (entre ellos la Organización Mundial de la Salud)… ni sabemos quiénes son, ni conocemos sus nombres – no es que sean secretos, pero es algo que ni nos preocupa saberlo-, pero de manera automática les damos, a todos ellos, categoría de santidad laica, y de infalibilidad.

Frente al estribillo, a veces pesado, de “que se bajen el sueldo los políticos, que se bajen el sueldo los políticos” (no digo que me oponga a ello, pero es una obsesión excesiva, y desproporcionada, y simplista. Y además alguno hay que sí se lo gana), jamás se cuestionan los sueldos, ni las condiciones ni nada absolutamente, de los altos o no tan altos cargos de la ONU. Algo parecido sucede con las ONGs. El solo nombre – ONG, ONU, les da como una aureola de pureza perfecta.

(¡Y hay ateos que a los creyentes nos acusan de irracionales…!)

OMS. Organización Mundial de la Salud. ¿Para qué sirve esta institución costosísima, pagada por todos los países, proporcionalmente según su riqueza? Bueno… si leen la información de calorías de los yogures y de los cereales, siempre habrá una línea que diga “Este yogur le proporciona el 15% de la cantidad de calcio que debe consumir al día, siguiendo la recomendación de la OMS”. Pues qué bien. Y ya nos tomamos el yogur más contentos.

(¡Y hay ateos que a los creyentes…!)

Estalla el Covid 19, la planetaria pandemia. La magna ineptitud de la OMS (si para algo podía servir, era para un caso así)… ¿qué decir? ¿Estalla, florece, se demuestra?

Nuestros gobernantes son ineptos, pero al menos esa ineptitud se comenta. Los de muchos países, lo oímos mencionar también. Vale. Pero, ¿y la OMS? La OMS se supone que existía para eso; que era su única función.

Donald Trump decide retirarse de la OMS. (Estados Unidos era el país que más contribuía económicamente a mantenerla). Siempre parece que es como embarazoso el “defender” a Trump, pero cuando algo se cae de su propio peso, ¿dejaremos de decir que esta decisión parece totalmente sensata, y que debían imitarla el resto de países?

Antes, la OMS era algo inútil, pero inofensivo (obviando el coste, claro. Nadie se lamenta de “los sueldos de los que ocupan cargos en la OMS”). Ahora, tras el estallido del virus, la mera continuación de la existencia de ese organismo clama al cielo.

Pero seguimos instalados en la beatería. Ahora, el presidente de la OMS, sin el menor sonrojo, declara que “El saludo en el codo no es recomendable, es mejor sustituirlo por esto y lo otro” (¡oh!¡oh! Y en septiembre de 2020, ¡qué interesante!), y periódicos y redes sociales difunden, sin ironía alguna, obedientemente, la nueva infalible proclamación de esas siglas mágicas, O.M.S. A nadie se le oye decir: ¿Pero qué autoridad tienen ya éstos para hablar..?
OMS. ONU. ONGs.

Entes dirigidos por seres divinos, de los que ni queremos saber la cara ni el nombre, pero que siempre recibirán nuestra adoración y nuestro tributo…
(Y los irracionales, los supersticiosos, los fanáticos, son siempre otros…)




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