Kichi, el Nerón de Cai

Si el asunto no tuviera tintes tan dramáticos, la actuación del regidor compadre daría para las letrillas de una comparsa de Carnaval.

Pero en esta ocasión el mar de fondo lo conforman millares de obreros del metal de Cádiz, que ven peligrar su sustento y ejercen su legítimo derecho a la huelga, privándose de lo que no tienen para sacar adelante a sus familias. Todo mi respeto y apoyo hacia ellos. Que quede claro que mi guasa y mi choteo se dirigen al Alcalde, el Kichi. Y es que, como dicen los gaditanos, “entiendo su inglés”.

Sé a qué juega porque una conoce a demasiados Kichis y se percata de sus burdos ases, escondidos bajo sus sucias mangas. Los veo entrar en el Pleno del Ayuntamiento de mi ciudad, Sevilla, vacilando de lucha obrera, con chanclas y a lo loco. Hablando de tú a las autoridades porque ellos, ellas y elles son muy guays de los Paraguays. Liándola parda en cada sesión. Azuzando a los vecinos más desfavorecidos y vulnerables, a quienes siempre tiene que desalojar la Policía del salón plenario, mientras que ellos, enfundados en su ropa supuestamente proletaria y comprada en El Corte Inglés, esconden la mano tras tirar la piedra.

En definitiva: imagen e hipocresía. O hiprogresía, como buenos hipócritas del progreso. En una palabra: los Kichi.

Romántico de paripé de la revolución callejera, que a lo más que llega es a la denominación viaria. Porque la pretensión del edil con alpargatas de marca de cambiar el nombre a la “Calle Príncipe de Asturias” por el de “Calle Proletariado del Metal”, seguro que va a arreglar la precariedad de sus vecinos. Ya se acabaron sus problemas. Sí, claro… ¡enga ya…!

Sé a qué juega el fulano, igual que los beatos de Podemos a los que calé hace tiempo. Una de cal y otra de arena. Es decir, una de puño levantado y arriba parias de la tierra, y otra a hartarse de jamón del güeno en Zahara de la Sierra, que el ejemplo del chalet del caudillo con coleta en Galapagar es mucho Galapagar.

Todos lo hemos escuchado, megáfono en mano, arengando a los sufridos trabajadores como un auténtico bocachancla, sin atender a su elemental condición de Alcalde que le obligaría a templar ánimos : “Hemos tenido que meterle fuego a Cádiz para que en Madrid se fijen en nosotros”. Así. Como suena. Para añadir a continuación “ … y eso es una lástima”. Que hace falta ser cínico.

¡Qué le gusta una candela al pisha Kichi! Más que a un inquisidor una hoguera. Que ardan Troya y la bahía juntas y luego lo votáis, que el dictador Nerón también prendió fuego a Roma y el pueblo lo adoraba por la labia que tenía y lo que camelaba al personal, yo amo a los romanos y tal y tal, ¿les suena?

Lo estoy viendo. Cuando a un policía le abran la cabeza de un adoquinazo, el Pilatos Kichi se lavará las manos, grasientas de comer gambas, porque él, pobre angelito anticapitalista, que viva la clase obrera y un jamón con chorreras, no ha tenido nada que ver incitando a la violencia. Nada. Únicamente pasaba por allí. Y dirá lo de siempre, lo que ya sabemos: “eso es una lástima”.

Menos marxismo de rollo y más manteca al bollo, que ahí tiene a nuestro Cádiz hecho unos zorros.

Por eso me hará mucha ilusión apuntarme. Cuando todo esto pase. Cuando los obreros del metal remonten este episodio tan ingrato. Cuando les quede claro que los Kichis son señoritos paseantes de corte y teatrillo… me encantaría formar parte de la chirigota “El Nerón de Cai”, para cachondearnos, muy respetuosamente, del Kichi y sus adláteres.

Con el pueblo muerto de risa y sin nadie presto a arrimarle un mechero al Alcalde, no vaya a ser que se crezca.

Eso: a cachondearnos de él en su careto. Con un par de kichones.




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