Justificaciones

Si para justificar la libertad de expresión en cualquier ámbito hay que justificar cualquier expresión, es que hemos perdido el sentido de la objetividad. Quien justifica que la libertad de expresión tiene derecho a la inmunidad moral, justifica el linchamiento público y atenta contra el derecho a la dignidad de la persona. 

Quien justifica que una agresión sexual hacia una víctima, como la última, ocurrida en Canet de Mar (Barcelona) a manos y miembros, de nuevo, de un grupo de menas –castigados a tres meses de reclusión en su centro de internamiento– argumentando que son producto de las propias leyes del país que los acoge (Antonio Baños, exmiembro de la CUP, en RAC1), no solo condona la responsabilidad, sino que falsea la realidad. Quien justifica solo el linchamiento a ciertas manadas –las ibéricas, para ser concisos– y calla ante las otras favorecen que los primeros sigan campando y agrediendo sin miedo a las consecuencias. 

Quien justifica, en concreto, las palabras del periodista del diario Público, David Torres Ruiz, cuando escribe el impúdico artículo sobre Ortega Lara, justifica la manipulación más vil y cruel que convierte a la víctima en beneficiaria de no sé qué clase de prebendas. ¿Haber sobrevivido a más de quinientos días de secuestro y torturas físicas y psicológicas no dan derecho a vivir en libertad y a fundar VOX si le da la gana?

Quien justifica a Otegi y acepta como «modelo de paz» las palabras de quien aún no se ha arrepentido de los crímenes de la banda terrorista a la que perteneció sino que, además, considera que «tenían derecho a hacer daño» (sic),  justifica el olvido del terror etarra –el último atentado en 2010– y menosprecia a las víctimas, siendo sus familias los auténticos modelos de paz.

Quien justifica el derecho de la autodeterminación de países inexistentes dentro de España, justifica la desigualdad entre sus regiones. La promoción de la diversidad lingüística y cultural en el fallido Estado de las Autonomías –recomiendo la lectura del artículo de Carmen Álvarez en Ataraxiamagazine, «Spain is different»–, se ha utilizado como munición de guerra y confrontación. Justificar que España es un país donde la democracia está en entredicho es, además de una enorme falacia, una contradicción.

Quien justifica los chiringuitos de ideología sexual (que no de género), en cualquier aspecto, justifica el incumplimiento de lo recogido en el artículo 14, Capítulo I del Título I en la Constitución Española: «Los españoles son iguales ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna […]». Por tanto, justifican la desigualdad y el favoritismo por una condición que solo pertenece al ámbito personal. Que una cosa es luchar por los derechos, ya adquiridos por cierto en un altísimo porcentaje por no decir en su totalidad, y otra seguir pretendiendo hacer creer que aún esos derechos no existen. 

Quien justifica la intromisión de la política en lo judicial justifica la dictadura

¿Se ha perdido en España la objetividad y está la sociedad sometida a justificar lo que desde medios y políticas interesadas?



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