Juan Negrín y la historiografía

Ha pasado desapercibido el aniversario, en noviembre, del fallecimiento en París de Juan Negrín, presidente del Gobierno del Frente Popular desde 1937 hasta el final de la guerra en 1939. En 1946 fue expulsado del PSOE por Prieto bajo la acusación de haber estado subordinado a la URSS. 

Personaje controvertido, sufrió el olvido de casi todos durante 30 años a causa de las acusaciones que se vertieron contra él desde todas los partidos políticos, incluso desde el suyo, el PSOE. Las principales fueron: tomó el poder gracias a los manejos comunistas, incautó los bienes de los españoles de la zona “roja”, expolió el Patrimonio artístico, envió las reservas de oro a la URSS a cambio de entregas posteriores de armas, lo que le supeditó a Stalin, conoció y justificó la desaparición de Andreu Nin por parte del PCE, practicó el terror sobre otras fuerzas políticas de su bando, fue responsable de innumerables pérdidas de vidas al alargar la contienda inútilmente, y huyó al final de la guerra abandonando a miles de combatientes.

Durante la Transición, la historiografía proclive a la izquierda empezó a restablecer la imagen del presidente socialista, negando o justificando las críticas que se le habían hecho durante años. Se le empezó a considerar como un estadista, el único líder que dotó al bando frentepopulista –en consonancia con los comunistas-, de un plan sin alternativa para intentar resistir a toda costa hasta llegar al posible estallido de la Guerra Mundial, única posibilidad de triunfo. Además se resaltó su condición de hombre cosmopolita, políglota, culto, que había desarrollado una carrera de médico e investigador universitario antes de entrar en el PSOE en 1929.

Repasemos con más detalle, qué dicen de él algunos de sus máximos valedores. Juan Marichal, su principal biógrafo, declaró en 1977 que Negrín representaba la defensa de la España democrática frente a la de Franco, algo que cuestionó la propia Real Academia de la Historia en 2013 cuando habló de “…el gobierno, prácticamente dictatorial del socialista Negrín, en coalición con los comunistas…”. Marichal aseveró que ya el líder socialista había soñado la Europa unida de hoy, aunque olvidó el detalle crucial de que la Europa que perseguía no era democrática. Por su parte el historiador Moradiellos insistió en esa idea de que el doctor representaba la democracia y la modernidad, sin pararse a preguntar si tales ideales eran compatibles con el fraccionamiento y la colectivización del país, objetivos políticos del Frente Popular.

El historiador Viñas quiso hacer hincapié que las acusaciones contra el presidente socialista fueron propagadas por sus enemigos: “…franquistas, prietistas, llopistas, anarquistas, poumistas, conservadores y guerreros de la guerra fría…”.  Es decir, por todos menos por los estalinistas y los negrinistas de su partido.

Otros historiadores favorables fueron: Santos Juliá, Gabriel Jackson y Miralles, que en 2003 escribió otra biografía del presidente en la que se defiende que Negrín no dependía de Moscú y que también otros países entregaron su oro en guerra. Es verdad, Gran Bretaña entregó sus reservas, pero a Canadá, un país democrático. Por último, Preston escribió en contra de los “traidores” que al final de la guerra dieron el golpe –el socialista moderado Besteiro entre ellos- contra el gobierno filocomunista del doctor Negrín, iniciando una  miniguerra civil en Madrid de 2000 muertos que precipitó la victoria de Franco. 

La historiografía crítica también ha sido abundante. Stanley Payne afirmó que ni Miralles ni Jackson profundizaron en la política comunista en España, “sin duda por miedo de manchar más a Negrín con una brocha soviética…”

La tesis de que fue el hombre de Stalin en España fue sólidamente defendida por Burnett Bolloten en varios capítulos de su obra “La guerra civil española. Revolución y Contrarrevolución”

Por su parte Pio Moa mostró que el envío del oro a Rusia no fue inevitable, y tuvo que ver sobre todo con la afinidad entre los comunistas de entonces y el PSOE de Largo Caballero, el “Lenin español”. Lo importante, aparte de la ruina del estado, es que en adelante, los soviéticos controlaron el envío de suministros, es decir el destino del Frente Popular. Esto, junto al hecho de que el partido más fuerte y  disciplinado era el PCE da idea del grado de supeditación a la URSS que Negrín impuso. Moa recordó que el líder socialista expresó en ocasiones su fervor por Stalin y el comunismo: “Stalin el gran amigo de España, guía de un magnífico pueblo hermano….paladín de una nueva civilización…”, etc. 

Por si perdía la guerra y había que huir, en fecha tan temprana como octubre del 36, Negrín se apropió de las cajas de seguridad particulares de los bancos, incluidos las del Monte de Piedad de los más pobres. Aún disponía el gobierno de las reservas de oro en ese momento. 

Ricardo de la Cierva indicó que en efecto, el 6 de marzo de 1939, “Negrín, sus ministros y los caciques del PCE, como La Pasionaria, huyeron de España en aviones que despegaron de Monóvar”, abandonando a sus tropas. Negrín envió a Méjico el tesoro expoliado del yate Vita, que luego le birló Prieto.

Respecto a la desaparición de Andreu Nin, Hugh Thomas ha sostenido que Negrín fue consciente desde el principio del destino del dirigente del POUM, a pesar de lo cual se hizo eco de la inverosímil versión comunista de que había sido liberado “por sus amigos de la Gestapo”. 

Sin entrar en la moralidad de la decisión, ningún historiador ha discutido que alargar la guerra para enlazar con la guerra mundial era la única esperanza “republicana”. Aunque en realidad el Frente Popular no defendía ya la República democrática, porque: 1.La República de 1931 feneció cuando la entrega de armas a los sindicatos (y aún antes), que desataron una revolución violenta y una feroz represión; 2.En realidad ni socialistas de Prieto y Largo, ni comunistas, ni anarquistas eran demócratas; 3.Stalin no quería la democracia en España. 

Tampoco nadie ha discutido el talento propagandístico de Negrín. Cuando encarga el “Guernica” a Picasso, dice que el cuadro “equivale, en cuanto a propaganda para la República, a una victoria militar en el frente”. Tenía razón, el éxito del mito de Guernica -un bombardeo similar a otro casi desconocido, el de Cabra-, y de la idealización de la República, llega hasta hoy.

En 2009, el PSOE rehabilitó a Juan Negrín.

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