Jorge Javier y la piscis Ada Colau 

Quizás para superar su malestar en la cadena por haber contribuido activamente como presentador -lo que nunca podremos agradecerle del todo- al hundimiento del programa Gran Hermano, Jorge Javier Vázquez invitó a su Sábado Deluxe a la alcaldesa de Barcelona. El humildísimo y omnipresente presentador que todo lo abarca y todo lo aprieta (incluso hasta provocar daño físico a alguna invitada, como Olvido Hormigos), se deshizo esta vez en una laudatoria y babosilla entrevista a una Ada Colau presentada con el rótulo «43 años, Piscis y alcaldesa de Barcelona desde 2015». Y resultó muy curioso que, a pesar de que doña Ada al inicio le confesó que no veía sus programas, este negativo reconocimiento -que si lo hubiera hecho cualquier otro, habría provocado que los colaboradores se lanzasen hacia la presa como hienas-, sin embargo, lo que produjo fue una mayor admiración -si cabe- en el entrevistador por la entrevistada. ¡Quién te ha visto y quién te ve, Gorjegavié! 

Mas cuando la señora Colau alcanzó un clímax de palpable melosidad a su alrededor en un plató ya apenas respirable, fue cuando recordó que en su juventud tuvo un novio italiano, ¡y una novia! también italiana. Tras oír esto nuestro inefable presentador -que decía haber leído todo (?) sobre la Colau-, ya no pudo más y entregó su alma rendida a su hada doña Ada, mostrándose exultantemente nervioso, sorprendido y feliz por la gratísima confesión. Según dijo la alcaldesa, la lectura a sus 14 años de una biografía de Simone de Beauvoir la marcó profundamente. (Y es lógico que te marque la biografía de una señora como la Beauvoir: icono del marxismo-estalinismo-feminismo que entre sus abundantes méritos contaba con el de haber sido despedida como profesora de un centro escolar acusada por corrupción de un menor, reivindicadora de la legalidad del aborto y de las relaciones sexuales con menores, y pareja sentimental de un tipo como Jean Paul Sartre, para quien la Beauvoir reclutaba alumnas, unas veces para que las «disfrutara» solo él, y otras en un ménage à trois). 

Llegados a la confesión de doña Ada sobre su noviazgo con la italiana, y consumado el más que dulce guiño hacia el poderoso e influentísimo colectivo LGTBI, recabando tácitamente su atención electoral hacia el partido de doña Ada (cuyo voto también se disputa Iceta,  el de la cadera inquieta), podríamos concluir que la Colau había cumplido sobradamente sus últimos objetivos al visitar el programa. Y además los cumplió eludiendo, previo pacto, cualquier mención tangencial sobre su actividad política; con lo cual mataba (con perdón) dos pájaros de un tiro: que no se la tachase de hacer campaña electoral a favor de su partido y, sobre todo, que no le mencionasen ni de lejos el enojoso tema de la grave situación de Cataluña, que quizás, a lo peor, quién sabe… guarda alguna relación con esa Barcelona de donde la Colau es tan sectaria alcaldesa.

Así que miel sobre hojuelas para entrevistador y entrevistada. Que por algo no eran ambos -pese a llevar sangre charnega en sus venas-, los más fervientes comprometidos en la defensa de la unidad de España. Un tema que les resultará muy molesto y sobre el que Jorge Javier no se atreve abiertamente a definirse, dejando siempre flotar la duda de su posición… Pues sabe que gran parte de la audiencia de sus programas la integran esa tercera edad  sobre la que recientemente y con motivo de unas críticas hacia él, opinó que «…estoy alarmado y asustado por la cantidad de gente anciana, señoras muy viejas y señores muy viejos que me escriben insultándome. Y yo pienso y estos señores que están a punto de palmarla, de encontrarse con Dios y con San Pedro, ¿no podrían dedicarse a sembrar el amor y el bien antes de que los lleven al campo santo? Algunos llevan el signo de la muerte en la cara». Una parte importante de su audiencia que quizás, a lo peor, quién sabe…, también se habría indignado porque entrevistador y entrevistada se hubiesen mostrado vacilantes en la defensa de esa España cuyo nombre hasta les cuesta pronunciar. 


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