Jartura

Diez de Julio, y aunque el calor aun no aprieta demasiado este año ya nos invade, al que más y al que menos,  esa cíclica sensación de hastío, de hartazgo, que nos impele a salir corriendo de todo lo que supone la rutina diaria durante el resto de los 335 días del año, bien sea a la playa, a Croacia o al salón de la propia casa, pero lejos de nuestras eternas y esclavistas (bien que unas más que otras) obligaciones laborales. 

Tengo para mí que no soy el único al que este año estas fechas nos encuentran no solo cansados de rutina laboral sino también hasta el moño de la insoportable y mediocre rutina política española. 

En sevillano sería jartura la palabra que más se adecuaría a este estado de ánimo.

Y es que los sufridos ciudadanos, o mejor, contribuyentes (pues no de otra forma nos ven o, como se suele decir ahora por los cursis, “nos perciben” los políticos que nos desgobiernan) estamos, salvo irreductibles afectos al régimen urnacrático o partitocrático, bastante cansados de que aquellos que con nuestro dinero se permiten un estupendo tren de vida que para nosotros querríamos en muchos casos, lleven meses y meses cobrando sus suculentos sueldos y dietas por no hacer absolutamente nada. Imaginen ustedes cientos de trabajadores a los que, solo por levantarse por la mañana, no muy temprano para que no se altere su psique, se les ingresara una importante cantidad de dinero mensual en su cuenta bancaria sin tener que justificar a qué dedican su tiempo. Una entrevista quizá en algún medio o unas preguntas en los pasillos de un Parlamento y a vivir…

Eso sí, se llama a votar de nuevo a los curritos que los sostienen tantas veces como sea necesario hasta que, en una de estas, salga el resultado que mejor les convenga……Todo eso a costa del erario público, que no es, como dijo en célebre e histórica frase la gran filósofa, dinero de nadie, sino que es su dinero, el de usted, y el de sus hijos y también el mío. 

La irresponsabilidad y, digámoslo así suavemente, frescura, con que gestionan nuestros “representantes” (para aquellos que se sientan representados, no es mi caso casi nunca) la ruina social, política y económica de nuestro país raya ya lo inadmisible y lo insoportable.

Mientras la crisis económica de nuevo acecha a la vuelta de la esquina, el crecimiento económico se estanca o directamente retrocede. Nuestras pensiones están no en serio peligro de reducirse sino casi de desaparecer, el paro permanece en tasas inadmisibles en cualquier país de nuestro entorno. Mientras que, en otro orden de cosas, el peligro secesionista se extiende por muchas regiones españolas ante la inacción y la mirada impávida de unos y la directa colaboración de otros. Mientras el castellano languidece sin que apenas nadie, salvo asociaciones y aguerridas personas particulares, lo defiendan. Mientras se insulta a la Patria, a los cientos de asesinados y sus familias, a todos los españoles de bien, desde la televisión pública, entrevistando a un asesino y secuestrador normalizándolo como si se tratara de un político más. Mientras la ultraizquierda va copando con su discurso segregacionista, sectario y con su prejuicio totalitario cada rincón de nuestra sociedad ante, una vez más, la pasividad culposa de unos y el entusiasta amparo y aval de los otros, incluidos ministros del Gobierno,  marginando y estigmatizando a los que se distancian y combaten la ideología dominante de lo políticamente correcto.

En tanto que, en fin, lo que conocíamos como España se va por el sumidero arrastrado por la riada ultraizquierdista y separatista, los dos grandes cánceres de España desde siempre, nuestros políticos, a los que les pagamos sus sueldos, repito, juegan unos a segregar y demonizar a los otros, sin recordar o caer en la cuenta que son ellos las primeras víctimas de esa estigmatización por parte de otros,  y otros a hacer gala de una extrema dignidad que les obliga, con tal de no ser ignorados o despreciados por los que los marginan, a permitir que no haya Gobiernos contrarios a la izquierda en aquellos sitios donde cabe esa posibilidad, ignorando que la mayor parte de los que los votaron lo hicieron precisamente para eso, para que expulsaran a la izquierda de todos aquellos lugares de poder donde se pudiera hacer. 

Y no estoy diciendo que no lleven razón aquellos que se sienten ofendidos por los que los insultan despreciándolos a ellos y sus votantes, pero estoy prácticamente seguro que muchos, quizá la mayoría, de esos votantes, obviarían ese desprecio dejando en evidencia al que lo realiza, con tal de poder expulsar las políticas de izquierda de los gobiernos en que esto es posible.

En fin, que nuestra jartura está plenamente justificada porque son todos mu jartibles.

En el sistema que nos dimos hace años los partidos deberían ser instrumentos y no fines en sí mismos. Ya sé que esto no lo han cumplido casi nunca nuestros partidos clásicos pero sería un buen momento para que un nuevo partido lo demostrara en la práctica y no incurriera en los mismos errores que a muchos nos han hecho repudiar ese sistema.

Muchos creíamos que era Vox ese partido. ¿Lo es?.     




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