Incompetente competencia

Los políticos españoles tienen una acusada tendencia a invadir terrenos que no son de su natural competencia. Son múltiples los hechos que lo demuestran. En áreas como la Educación, Sanidad, Defensa, Agricultura, Fomento, Justicia… se hace patente la necesidad de diferenciar la labor del político de la del técnico profesional cualificado.

Los partidos políticos deberían ser mediadores institucionalizados entre la sociedad civil y quienes toman las decisiones que se ponen en práctica. Se hace necesario una armonía entre estos dos papeles, siendo el político aquél que mantiene una visión amplia del proyecto que se impulsa y el técnico alguien con conocimientos sobre un área específica desde la cual interpreta el mundo que lo rodea.

La familia se ha convertido para el político en un campo de acción que roza la obsesión. Con frecuencia intenta suplantarla y tomar decisiones sobre el tipo de educación de sus hijos; incluso llegan a la osadía de crear otros tipos de familias por medio de una ingeniería social. Olvidan que es un concepto antropológico anterior al clan, la tribu y la nación.

Como físico, lo que más me llama la atención es la incursión peligrosa que se está realizando en el terreno científico. Tenemos dos ejemplos paradigmáticos: la ideología de género y el cambio climático. Con la ideología de género se pretende sustituir el sexo, perfectamente definido por la Biología, por el concepto de género que es pura ideología, no tiene base científica. Ya Platón en Gorgias, uno de sus diálogos, estableció el criterio esencial para diferenciar entre la ideología y la ciencia; tal criterio consistía en que la única autoridad que la ciencia admite es la demostración.

En el supuesto cambio climático nuestra clase política hace una utilización grotesca que en algunos momentos llega a ser esperpéntica. Tal es el caso de las últimas declaraciones del señor Iglesias que en su habitual histrionismo ha llegado a decir literalmente que prepara para principios de este año una proposición de ley sobre cambio climático “que será histórica, marcará un cambio de época”, “Queremos hacer una ley, pero no de partidos, ni de técnicos, sino debatida por los colectivos de la sociedad civil”, además añadió “Creo que es importante que seamos capaces de colocar esto en primer plano y que seamos capaces de que haya una conciencia cada vez mayor y acabar con los primos de Rajoy y los científicos que lo negaban”. Realmente, me preocupa mucho que un señor diputado diga “hay que acabar con los científicos que nieguen el cambio climático”, desconozco como piensa llevarlo a cabo: ¿amordazándolo, haciéndole un escrache, llevándolo a la cárcel, con justicia proletaria, lavándole el cerebro, exiliándolo…? Es un verdadero sinsentido. Por cierto, D. Javier Brey (“el primo de Rajoy”) es un catedrático de Física Teórica de la Hispalense, investigador con un gran reconocimiento internacional; su tesis doctoral fue dirigida por el Premio Nobel Ilya Prigogine, un ruso afincado en Bélgica.

Desgraciadamente, pocos políticos tienen claro la diferencia entre un cuerpo de doctrinas coherente y una disciplina científica. La Ciencia en sus investigaciones sigue el método establecido por Galileo; en esencia contiene tres fases: observación de un fenómeno, experimentación y la deducción de un modelo o ley que explique lo observado y experimentado. Las leyes científicas no se aprueban por mayoría democrática sino aquellas que verifican el método científico.

Curiosamente, nuestros políticos suelen ser relativistas. Niegan la existencia de la verdad, pero su verdad cuando llegan al poder intentan imponerla a todos.

Para la ciencia la verdad son sus principios y la busca a través del método científico. Se acerca a ella de la misma forma que una función exponencial se aproxima a su asíntota.

Para que la ciencia se pronuncie abiertamente sobre el cambio climático necesitaría tener tabuladas, durante muchos años, magnitudes termodinámicas como: la temperatura, humedad, presión atmosférica, viento, precipitación, entalpía, entropía… por esta falta de datos la mayor parte de los físicos con prestigio e independientes del mundo niegan la existencia del cambio climático. Es importante no confundir contaminación y cambio climático, evidentemente todos estamos obligados a no contaminar nuestra casa común que es la naturaleza.

Nuestra perdida clase política necesita una catarsis y recuperar su verdadero sentido, es decir, el ejercicio de las virtudes para la consecución del bien común tal como establecía Aristóteles.




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