Importante paso hacia adelante en la Unión Europea

Tras 5 días y 90 horas de negociación -la más larga en la historia de la UE-, a cara de perro y pese a que los auto-denominados “Estados frugales” han tensado la cuerda y ejercido el chantaje hasta el final, el Consejo Europeo ha llegado a un acuerdo histórico, al establecer un Fondo de Recuperación y Resistencia dotado de 750 mil millones de euros, y a financiarlo con capitales que se adquirirán en los mercados en nombre de la Unión, con el solo fin de hacer frente a las consecuencias de la crisis del Covid-19. Según ha expuesto La Secretaría General del Consejo en su informe de conclusiones de la reunión, la UE y sus Estados miembros han tenido que tomar medidas de emergencia para preservar la salud de los ciudadanos y evitar el colapso de la economía. Superada en parte la crisis sanitaria, la Unión tiene que concentrarse en mitigar los daños socio-económicos, lo que requiere un esfuerzo sin precedentes y un enfoque innovador que aliente la convergencia, la resistencia y las transformaciones. De ellos, 390 mil millones serán concedidos en préstamos y 360 en subvenciones a fondo perdido.

Para lograr el acuerdo sobre la propuesta de compromiso presentada por el Presidente del Consejo, Charles Michel, ha habido que hacer concesiones a los tenaces halcones liderados por el Primer Ministro holandés, Mark Rutte, para sellar un acuerdo a las 5 de la mañana de hoy. Aunque el volumen del Fondo contenido en la propuesta de la Comisión Europea se ha mantenido, se han alterado las cuotas de sus distribución, bajando la parte de subsidios de 500 mil millones a 360 y subiendo la relativa a los créditos a de 250 mil millones a 390. Los frugales han conseguido asimismo otras ventajas económicas y políticas. En el plano de las devoluciones, los no tan frugales han visto considerablemente aumentadas sus retribuciones sobre la propuesta de la Comisión, salvo Alemania que ha mantenido los €3.671 millones propuestos. Dinamarca ha subido de €222 millones a 377, Austria de €287 millones a 565, Suecia de €823 millones a 1.069, y Países Bajos de poco menos de €1.500 millones a 1.921. 

En el ámbito político, los halcones han conseguido introducir el llamado “freno de emergencia”, que permitirá que cualquier Estado miembro apele ante el Consejo Europeo la decisión de la Comisión de aceptar un Plan Nacional, si estimare que contiene serias desviaciones de los objetivos marcados por la propia Comisión en sus recomendaciones del Semestre Europeo. Rutte y sus halcones pretendían que la decisión del Consejo fuera adoptada por unanimidad, con lo que cualquier Estado se aseguraba el derecho a vetar los Planes Nacionales de los demás Estados. Esto era demasiado y el Consejo ha previsto para tales casos la adopción por voto cualificado. Los frugales no han conseguido el ansiado veto, pero si la posibilidad de retrasar hasta al menos tres meses la aprobación de un Plan Nacional, en unos momentos en que urge la adopción de las medidas requeridas para para iniciar la recuperación económica de los Estados miembros, especialmente los más adversamente afectados, como España e Italia.

Los Estados que aspiren a recibir ayuda del Fondo de Recuperación deberán presentar un Plan Nacional de Recuperación en el que se indique las reformas  que pretenden llevar a cabo y su agenda de inversiones para el período 2021-2023. Los Planes serán evaluados en un plazo de dos meses por la Comisión Europea y, para su aprobación, será imprescindible que contribuyan efectivamente a la transición verde y digital. Asimismo tendrá en cuenta el crecimiento económico potencial, la creación de puestos de trabajo y la contribución a la resistencia económica y social de los Estados.

Los Planes positivamente evaluados por la Comisión serán remitidos al Consejo para que los apruebe por mayoría cualificada en el plazo de un mes. Las sumas que se concedan se referirán a un programa determinado y el Estado deberá financiar una parte del  mismo. Los Planes aprobados serán revisados en 2022 y adaptados, si necesario fuere. Si la evaluación no fuera positiva, se suspendería la provisión de fondos. Las subvenciones son a fondo perdido y los créditos se devolverán a fines de 2058.

El Consejo ha aprobado asimismo el Marco Financiero Plurinacional de la UE o Presupuesto para el período 2021-2027, por un valor de €1.074.300 billones. Los Estados frugales también han intentado disminuir la suma propuesta por la Comisión alegando la importante merma en las contribuciones debido a la retirada de Gran Bretaña, pero la propuesta se ha mantenido y, aunque el presupuesto no ha aumentado,  se ha conseguido tapar el agujero provocado por el Brexit. El aumento de las devoluciones a los Estados frugales ha provocado una considerable reducción del algunas partidas, como las previstas para el Fondo de Transición Justa –que ha pasado de €30 miles de millones 10-, I + D –de €13.5 miles de millones a 5- o Desarrollo Rural –que ha quedado reducido a €7 miles de millones-, e incluso su desaparición, como el programa sanitario “Horizonte de Europa”, dotado en principio con €5 miles de millones.

Pedro Sánchez le ha visto los dientes al lobo y ha adoptado una actitud conciliadora, a diferencia de su colega italiano, Giuseppe Conte, que ha mantenido su oposición a algunos puntos hasta el final y acusado a los halcones de estar en contra del proyecto europeo. Sánchez ha dicho que España ha mantenido una posición constructiva  con el fin de lograr un acuerdo mediante ”diálogo, empatía, determinación, y responsabilidad. Necesitamos este acuerdo y esperamos que llegue en las próximas horas”, declaró poco antes de que surgiera la “fumata bianca”.

Reacción al acuerdo

Hay que hacer de la necesidad virtud  y parece ser que los Ministros y altos funcionarios le han hecho el pasillo a Sánchez para celebrar el éxito conseguido por el Presidente en Bruselas. El comentarista ha sido el lenguaraz Vicepresidente segundo del Gobierno, quien –tras hacer unas acertadas consideraciones sobre el acuerdo, ha forzado unas conclusiones “pro domo sua”. Ha dicho que no ha ido todo lo lejos que desearía, pero que iba en una dirección totalmente opuesta a la que se produjo en la anterior crisis financiera y constituía un salto adelante en el modelo presupuestario de la UE, porque, por primera vez en su historia, se planteaba un paquete de subvenciones financiado con deuda conjunta. Los eurobonos que parecían inviables hacer unos años, son ahora una realidad y “servirán para afrontar esta crisis de forma distinta, sin recortes”. No tendremos austeridad ni hombres de negro, sino un ambicioso unos planes de estímulos fiscales y de inversión negociados. “El acuerdo alcanzado no sólo no impondrá que el Gobierno de coalición no continúe aplicando su programa, sino que significará un enorme estímulo para continuar con las transformaciones claves de recuperación de derechos y reconstrucción de lo público que nos marcamos en el acuerdo de Gobierno

El Secretario primero de la Mesa del Congreso, Gerardo Pisarello, ha concluido que el compromiso de Podemos con la derogación de la reforma laboral está más vigente que nunca, pues el Consejo Europeo no ha condicionado el Fondo de Recuperación a que se aparquen los cambios previstos. Pablo Iglesias –que había acusado al PP de traición a la patria por aceptar la condicionalidad- ya está preparando el camino para su aceptación, mediante la introducción de una sutilísima distinción entre la rechazable “condicionalidad estricta” exigida en la crisis anterior y la “condicionalidad blanda” que ahora se requiere. Pasa por alto el agudo comentarista, que la Comisión y el Consejo deberán evaluar los Programas Nacionales que presente el Gobierno español “dentro del marco de las recomendaciones del semestre europeo”, y resulta harto evidente que tales recomendaciones son difícilmente compatibles con el programa económico acordado entre el PSOE y Podemos, extendido por el pacto de ambos con Bildu sobre la derogación completa de la reforma laboral. Si resulta aceptable la condicionalidad exigida por la UE es porque impedirá en buena lógica que se aplique en la práctica el disparatado programa económico acordado entre los dos socios del Gobierno.

Que el acuerdo finalmente logrado resulte positivo se puede deducir de la furiosa reacción de los líderes de la extrema derecha. Según Marina Le Pen, Emmanuel Macron ha firmado el peor acuerdo posible para Francia, pues ha sacrificado su futuro y su independencia, abandonado la agricultura francesa y asumido un compromiso financiero colosal. El ultranacionalista holandés, Geert Wider, ha comentado que es una locura regalar €360.000 millones a los países del sur de Europa, que deberían gastarse en Holanda. La nacionalista sueca Jessica Stegrud ha afirmado que el acuerdo ha concedido más poder a Bruselas y endeudado a los contribuyentes suecos, y no contribuye a la competitividad ni al desarrollo económico.

Creo que, aunque mejorable, el acuerdo es enormemente positivo y constituye un hito más en el proceso de integración europea. No se han establecido los eurobonos o los coronabonos, pero se han dado los primeros pasos hacia una mutualización de la deuda en la UE. Aún queda mucho camino por recorrer, pero es un paso importante para completar el proceso de la Unión Monetario con el objetivo de logran una Unión Bancaria y una Unión Fiscal, con la homologación de los sistemas fiscales, para evitar la discriminación en materia impositiva y el uso de puertos de refugio fiscales que permitan la evasión de impuestos de las grandes empresas multinacionales, como ocurre en Países Bajos, Irlanda o Luxemburgo.

Juicio sobre la negociación

Creo que los grandes ganadores han sido Merkel, Macron y las instituciones europeas, que –a pesar de la feroz resistencia de los países frugales- han conseguido sacar adelante lo esencial de su proyecto, recogido en la propuesta de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. También ha salido bien parado el Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que con infinita paciencia, ha conseguido ir salvando las objeciones planteadas por distintos Estados a base de hacerles concesiones asumibles, que no han impedido adoptar la esencial del proyecto solidario comunitario.

Muchos también han considera triunfadores a Rutte y a sus halcones, pero yo no estoy del todo de acuerdo. Es cierto que Rutte ha logrado mantener la unidad de pequeños países –hasta entonces ignorados- casi hasta el final, y conseguido ciertas concesiones mediante el recurso al chantaje y a la insolidaridad, pero ha sido a base de provocar la desunión y el resentimiento en el seno de la Unión, lo que le ha causado un profundo desprestigio fuera de su país y de su clientela. Su principal logro ha sido la introducción con calzador del “freno de emergencia”, aunque se haya quedado corto al no conseguir que se consagrara el derecho de veto de cualquier Estado en la aprobación de los Planes Nacionales de otros Estados. Ha tenido éxito al lograr una mayoría alternativa de pequeños países, que han plantado cara al hasta ahora intocable duopolio franco-alemán y a las principales potencias económicas de la Unión, como Italia y España. Habrá que ver si consigue mantener la unidad de los “pitufos”, cuyos intereses no siempre coinciden y que no querrán estar permanentemente enfrentados con los grandes socios de la Unión. Si lograra mantenerla, se produciría una revolución en el “modus operandi” de la institución, pero no creo que lo consiga. Con independencia de sus convicciones frugales, Rutte ha sobreactuado con la mirada puesta en su propio país, que pronto celebrará nuevas elecciones, en la que se enfrentará a su Ministro de Hacienda, Wopke Hoekstra, y juega a ver cuál de los dos es más halcón, porque atacar a los países “cigarra” del Sur y a las instituciones europeas da muchos votos en Holanda. Esta vez ha ido demasiado lejos, pues –con su propuesta de freno de alarma- ha menospreciado a la Comisión Europea y minusvalorado su criterio evaluador. Hasta puede salirle el tiro por la culata pues, si Países Bajos puede juzgar a sus socios de la UE, también, éstos podrán juzgarlos a ellos, y Holanda tiene en sus armarios más de un cadáver financiero o fiscal.

Respecto a España, el acuerdo le ofrece una oportunidad única para salir de la terrible crisis económica en la que está sumida tras la pandemia, aunque no sólo a causa de ella. Sánchez –que teme más que nada perder el poder- es consciente que sin la ayuda de la UE no podrá relanzar la economía española y acabará por aceptar las condiciones razonables que la Comisión y el Consejo Europeo le exijan, aunque ello suponga dejar en barbecho el plan económico pactado con Podemos. La exigencia de la condicionalidad -por blanda que sea- supone una contrariedad para el Gobierno del PSOE y Podemos, pero un alivio para la mayoría de los españoles, que ven cómo, gracias a la UE, se puede contrarrestar la desastrosa política económica del Gobierno.

Pero además de la vertiente económica, en que Iglesias y sus Ministros podemitas son un “pain on the neck” de la Vicepresidenta tercera y Ministra de Economía, Nadia Calviño y del equipo económico socialista, existe una dificultad de tipo técnico. Para poder disfrutar del maná comunitario, el Gobierno tendrá que elaborar un concienzudo Plan Nacional en el que se precisen con rigor los programas que presente, las reformas estructurales que pretenda realizar y la cronología de las inversiones que vaya llevar a cabo. Asimismo, deberá complementar la financiación de cada programa con un parte del total. En el caos administrativo en que se encuentra, ¿está el Gobierno, especialmente los Departamentos dirigidos por Podemos, en condiciones de hacer frente a semejantes retos?. Mucho me temo que la respuesta esté lejos de ser positiva. Como ha reconocido el eurodiputado socialista por Asturias, Jonás Fernández, España ha perdido contribuciones comunitarias por no ser capaz de cumplir con las exigencias requeridas por la Comisión Europea.

La situación es tan grave y difícil de superar que sería indispensable que hubiera un mínimo de colaboración del Gobierno con el principal partido de la oposición, pero como ha señalado repetidas veces Sánchez –últimamente en declaraciones al “Correo de la Sera”- no entra en sus planes una coalición, o la simple colaboración, entre el PSOE y el PP. Reza el refrán español que “no hay mal que por bien no venga”. A ver si el coronavirus hace el milagro de que se impulse el proceso de integración europeo y se normalicen las relaciones entre los dos principales partidos de la nación.




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