Illa y ella

Cargan contra el filósofo Illa porque dicen que ahora dimite de ministro para irse de candidato a las elecciones catalanas sin dar explicaciones en el Congreso, pero se equivocan todos.

El filósofo sólo obedece órdenes y el que se las da, por ahora, es el gobierno. O por mejor decir, es Sánchez el que le dicta los pasos. Incluso los tipos de Podemos, los áulicos del Marqués de la Garrapata, se comportan como si ellos fueran la oposición y exigen responsabilidades al gobierno, que también son ellos.

A Illa le importan tres narices los 80.000 muertos y la ruina de un país entero. El ministro no lee ni Le Monde ni el Daily Mirror, que ponen al gobierno a caer de un burro por la negligente y desesperante gestión de la crisis sanitaria y económica en España, la peor de Oriente y Occidente.

El responsable directo de la catástrofe y de la ruina, acusado también de corruptelas de cientos de millones de euros al encargar la compra de mascarillas y de otros suministros a empresas fantasma de sus amigotes, abandona para ser el candidato en Cataluña y lo escandaloso no puede ser un formalismo o apenas que se largue sin subir a la tribuna del Parlamento como está obligado por el último decreto de estado de alarma, aquel que extiende el estado excepcional sine die en contra de lo previsto en la Constitución, sino que abandone para ser candidato electoral en una región de España absolutamente enferma que se aproxima ya a los niveles patológicos del País Vasco, la sociedad más enferma de Europa aún con mucha diferencia.

Que existan datos demoscópicos que avalen unos buenos resultados en las elecciones catalanas para Illa constituye de por sí una anomalía democrática bestial, cuando debería ser un tipo en busca y captura de la Interpol a punto de ser procesado por toda su incompetencia más que acreditada y sus presuntas negligencias de tintes criminales.

Es más, Illa debería estar absolutamente descartado como posible candidato a nada aunque sólo fuese por la responsabilidad culposa de no haber cesado en todos estos meses al descarado incompetente Fernando Simón, tan negligente como él. O más.

Vemos, sin embargo, que la oposición y parte del gobierno se hacen cruces por los manejos electoralistas de corto plazo, de los que nadie se acordará el día después de celebradas las elecciones catalanas. Y entonces, si le alcanza, la propia Inés Arrimadas ofrecerá su brazo como apoyo a Illa bajo la excusa de no permitir que gobierne el independentismo. A eso es a lo que esta enésima versión de C’s denomina “política de Estado” y no componenda para el hundimiento definitivo del mismo.

A Salvador Illa todo eso le resbala. Llegó a alcalde de su pueblo siendo concejal de Cultura por fallecimiento del alcalde, lo mismo que se encargó de la gerencia de la productora de la serie “Las tres mellizas” hasta que la palmó su jefe.

Todo lo que hizo después en política fue mantener la seriedad del burro, incapaz de gestionar nada relevante en Barcelona y entró de ministro como cuota del socialismo catalufo para proyectarle como futurible candidato a la Generalitat en sustitución de Iceta.

Y en ello está, sin importarles un comino lo ocurrido, según los planes trazados hace más de un año por su jefe de filas, el tal Sánchez, que piensa ahora en un liderazgo mundial capitaneado por su persona, igual que Leire Pajín hablaba de una “conjunción planetaria” entre Obama y Zapatero.

Por cierto, háganse a la idea de la consideración que para el socialismo tiene la Sanidad en España si Leire Pajín, antes que Illa, fue ministra del ramo. Illa y ella. Ella e Illa.

O si lo prefieren, aprovechen para comprobar lo que dice el Tribunal de Cuentas de España, que la Junta de Andalucía de Susana Díaz fue la que menos dinero dedicó por paciente y año durante el período que Marisú Montero, la ministra de Hacienda de los rizos y los encajes en el escote, ocupó la Consejería de Salud andaluza. Con semejante indecencia se manejan las “mareas verdes” de Madrid y los colectivos progres de la Sanidad andaluza controlados por la UGT y CC.OO.

Mucho golpe de pecho sobre la Sanidad Pública y en contra de la Sanidad privada, pero la realidad es que les trae al fresco, porque “la salud no es lo que importa”, sino la demagogia.

Y es con esa demagogia con la que Illa y sus secuaces han arrastrado a este país a una crisis descomunal, que partiendo de un problema sanitario lo han extendido y hecho metástasis en todos los ámbitos de la sociedad.

Pero no lo olviden, nadie es dueño de su propia incompetencia. El verdadero responsable es quien coloca al incompetente en el lugar que le permite demostrarla. Y no hay más.

He dicho.




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