Iglesias quiere asaltar los cielos de la ONU, pero no le dejan

Es curioso que no se oiga nunca a los dirigentes podemitas hablar del cambio climático. Lo suyo es el feminismo, la justicia social y otras cuestiones revolucionarias. El cambio climático no forma parte de su negociado. Tampoco la pandemia, que ni siquiera mencionan y por tanto se deduce que no les interesa. Será que ellos no ven beneficio alguno en monopolizar o siquiera participar en esos temas. O no les dejan.

Quizás es que lo del clima, el desarrollo sostenible, el reseteo mundial y la nueva normalidad, son terrenos exclusivos del PSOE y de otros que se apuntan a la Agenda. Para ellos la izquierda radical, en plan global, sólo es una simple pata del banco para conseguir objetivos. Si hay que aliarse para agitar la coctelera, se hace siempre que no molesten mucho. Y si molestan se les da una patada. Esa es la orden básica. Hemos visto cómo se activan y se desactivan las protestas de radicales en todo el mundo, muy especialmente en EEUU con los BLM, para beneficio exclusivo del Partido Demócrata. La violencia y la antidemocracia al servicio de la democracia, que así acaba por no ser democracia y servir a unos intereses y personajes muy determinados. Eso, seguramente, Iglesias lo ha comprobado estando en el Gobierno. Él sólo es el sicario, el revoltoso, el que agita el árbol mientras el otro recoge las nueces. Y lo que es peor… él no cobra de ese negociado del cambio climático, por eso no habla de algo que por ideología debería formar parte de su manual. Ergo, no saca un duro, porque si cobrase lo tendría en la boca todo el santo día, aunque sólo fuera por interés crematístico y personal.

Así que lo interesante no es sólo ver de qué hablan, sino de lo que no hablan. O cuándo empiezan a hablar de determinadas cosas. Esto se aplica no sólo a Iglesias sino también a esa derecha que ahora es centro moderado y busca el voto de la izquierda desencantada, esforzándose bastante por caer bien.

Sánchez le concedió a Iglesias el Ministerio de Derechos Sociales, algo muy amplio y acorde con su universo reivindicativo. Pero con el añadido de la Agenda 2030. Algo que seguramente exigió Iglesias en la negociación, aunque el listo de Sánchez se lo dio en plan título honorífico, sin la menor intención de que tocase bola.

Iglesias ni ha pisado las residencias de ancianos que tomó bajo su custodia al inicio de la pandemia, no le ha importado lo más mínimo el gerontocidio sufrido (¿cometido, tolerado?) en esas residencias, con miles de ancianos muertos en condiciones infrahumanas. Aquellos abuelos que él tanto defendía en el 15M de 2011, como ya no le votan le traen al fresco. Tampoco le hemos oído pontificar sobre el cambio climático, el desarrollo sostenible o la paz en el mundo (objetivos de la Agenda) desde enero de 2020 que tomó posesión. Pasma su desinterés y/o vagancia. Lo suyo son las series distópicas de Netflix donde se pinta el mundo que le gustaría dirigir. Él, más que gestionar, sueña, imagina y desea.

Sin embargo, en la hemeroteca encontramos una perla. Esas cosas que pasan desapercibidas porque nos tienen entretenidos con otras. El 19 de enero pasado anunció que “en cuanto la situación lo permita, realizará visitas a distintos países y organizaciones internacionales con el objetivo de difundir el compromiso y la voluntad de liderazgo de España en la Agenda 2030″. Esto lo dijo en una reunión de embajadores de España organizada por Asuntos Exteriores, donde apareció vestido con terno negro, camisa blanca, corbata negra, repeinadito sin moño ni pendientes, con coleta (no se la puede cortar porque perdería su fuerza cual Sansón) dando buena imagen ante los embajadores como si quisiera convencerles de que era estéticamente presentable en ese mundo exquisito de la diplomacia, los cócteles y los salones donde se discuten los planes para la Humanidad entera.

Su discurso fue muy revelador. Reclamaba más presencia de su Ministerio (o sea, de él) en la acción internacional del Gobierno “para preparar con antelación las citas de España con organismos internacionales”. A su juicio, tanto Exteriores como la vicepresidencia segunda (él) debían estar “en contacto permanente” para acometer las tareas necesarias.

Se deduce entonces que ese contacto no se daba, porque exigía participar en la preparación previa de todas las citas de Exteriores, como el Foro Político de Alto Nivel de Naciones Unidas. Donde se cuece lo importante. De lo cual se colige que él es el ministro de la famosa Agenda, pero hasta ahora ni le habían citado para una reunión. Que Sánchez le dio el título pero le ignoró olímpicamente. Así que anunció por su cuenta a los embajadores que en cuanto fuera posible iba a emprender un viaje por el extranjero para hablar con todo el mundo. Literalmente. Ea, el Falcon pa mí que voy a darme una vuelta a ver qué trinco del chiringuito del cambio climático y de la Agenda 2030 de la ONU, que para eso lo tengo puesto en mi tarjeta de visita y grabado en mi maletín de ministro. Ya está bien de ser el mamporrero y que otros se lleven los parneses.

No parece que Sánchez se lo haya permitido (ni loco lo deja suelto por la ONU, aunque no le importó meterle en el CNI, y de eso podemos deducir también que lo primero incluso es más importante para Sánchez que lo segundo). Tampoco parece que por ahí fuera le hayan invitado a participar en nada. Lo que nos certifica en la idea de que la izquierda radical, por muy vicepresidente del Gobierno español que sea Iglesias, ni pincha ni corta en determinados círculos.

Y ya parece que se ha quedado sin su ansiado viaje para codearse con los mandamases. Cachis, eso sí que le apetecía y además le interesaba para labrarse un futuro cómodo y holgado (más aún) pero la aburrida y navajera política local española le ha impedido dar el salto a los cielos internacionales, que viene a ser como el infinito y más allá, el Olimpo donde podría haber trincado sin control en plan asesor de cualquier cosa. Tiene experiencia en eso, aunque debe perfeccionar el pequeño detalle de la facturación. De resort en resort caribeño por los países que tanto ama. Sin la prensa facha subida como cuervo a la chepa. Perdón, al hombro.




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