Me había impuesto no escribir sobre Cataluña, porque lo harán otros, porque tengo poco que decir, porque ya empiezo a estar un poco harto. Pero sí voy a mencionar un tema previo a la “cuestión catalana” que no deja de sorprender y del que pienso hemos de aprender todos bastante. Me refiero a la información y desinformación, al cúmulo de mentiras que han ido calando en la sociedad catalana, no en gente inculta sino en todos los estamentos sociales. Es el viejo aforismo: repita una mentira cien veces y harás una “falsa verdad” que se creerán todos.

            Este verano he tenido la oportunidad de conversar con dos buenos amigos, profesores de universidad, nada sospechosos de fanatismo… y me decían cosas que me dejaban boquiabierto ¿Cómo es posible que os creáis esto? ¡Que hay niños en Cataluña que pasan hambre mientras en Andalucía todos tienen una tablet! Sin pestañear lo decían como una evidencia comprobada. He podido escuchar algún trozo (es lo más que he soportado) de discurso de un partidario de la independencia en el Parlament y me dejaba todavía más boquiabierto: gente que se considera oprimida, impedida de ejercer sus libertades, imposibilitada de votar libremente, torturada y masacrada por la policía opresora… Sonaba a relato de la URSS de los años estalinistas. Pero se lo creen, están convencidos de que es así.

            Me parece que fue Boadella quien dijo que el problema de Cataluña se resolvía cerrando TV3. Es exagerado, pero no le falta razón. Hay además un adoctrinamiento escolar que es mucho más dañino y perverso, por falso. Nada de esto se creen en Europa, donde hasta Charlie Hebdo en su número de esta semana no tiene pudor para satirizar reduciendo al ridículo las bravuconadas que dicen Puigdemont y compañía.


            Todo esto me sirve para reflexionar sobre la verdad y la información, la responsabilidad que tenemos todos. En otro caso esto también es llamativo cómo nos hemos ido tragando una propaganda falsa y hemos acabado haciéndola verdad o políticamente correcta, convirtiendo, además, la realidad en poco menos que propio de fachas. Me refiero a la Fiesta de la Hispanidad. Me refiero a la grandeza del Descubrimiento de América. Me refiero a la culturización llevada a cabo por los españoles respetando las culturas autóctonas. Proceso con errores, que son inevitables, pero ejemplar en comparación con otras realidades mundiales. Y si no que se lo pregunten a los indios americanos, a los aborígenes australianos, a los africanos colonizados por ingleses, franceses, belgas, etc. Sin embargo, se nos ha hecho creer lo contrario que nuestra labor en América había sido un desastre, una opresión, un robo, etc. y que pensar lo contrario era facha.

            Pues no, no estoy dispuesto a seguir bailando el agua de la historiografía marxista que es lo que hay detrás. Tanto en el caso de América, como en el caso de Cataluña  ¿O es que alguien piensa que la Cataluña Independiente iba a ser un estado liberal?  Miren el pedigrí de los que están detrás del cotarro, miren sus formas de actuación callejera, impositiva, en la que todo vale (hasta poner a los niños como escudos). Estoy orgulloso de España y de ser español y de la diversidad de esta maravillosa tierra. Y estoy orgulloso de Hispanoamérica (y quiero llamarla así) de su riqueza, su variedad y todo lo que nos une.

            El día de la Hispanidad es un día grande. Nos recuerda  lo mucho que nos une y también que todo aquello fue posible porque quienes lo emprendieron eran hombres de fe. Sin quizá, me atrevo a decir que lo que pasa ahora al Noreste tiene mucho que ver con la ausencia de ésta –la fe-  en esas tierras y el empobrecimiento de convicciones profundas.