Hasta que se vayan

Sí, yo también he sucumbido y escribiré sobre esto que estamos viviendo. Un pesado más hablando del coñazovirus, como lo llamaba un amigo. Lo cierto es que sospechaba que terminaría haciéndolo desde que esta “experiencia” del confinamiento empezó, pero no encontraba la ocasión entre el intenso trabajo (gracias a Dios no me ha faltado ningún día) y demás obligaciones.

Tampoco era cuestión de escribir “en un calentón”, porque es entrar en Twitter y desde luego que a uno le cambia el humor y se le quitan las ganas de (casi) todo.
Pero en fin… Con toda humildad, después de más de treinta días y sus noches, necesito ventilar la cabeza compartiendo algunas reflexiones.

Este Gobierno, que se autocalificaba como “rotundamente progresista”, fue concebido para dar “soluciones” a problemas inexistentes o magnificar aquellos que les interesaba para alimentar a sus chiringuitos de parásitos (género, cambio climático,…) De hecho, la niña Greta -que no sé si iba al colegio, ni falta que le hacía visto el negocio de sus padres- llegó a una Cumbre celebrada en Madrid para mayor gloria de la ecopandilla, declararon en Europa la Crisis Climática, etc. (de estas chorradas ya casi nadie se acuerda, y en parte eso está bien).

Era un Gobierno para legislar o debatir sobre si era delito el piropo o no, para entablar diálogo con unos delincuentes encarcelados, para “dar derechos” -según ellos- a una población que según ellos practicamente los necesitaba para vivir, para exhumar a un anterior Jefe del Estado… para amasar a una población de paniaguados con una RTVE y unos medios a su servicio, dictando lo que se podía decir y lo que no.

Sin embargo el Gobierno NO fue ideado para una situación como ésta, con un problema serio y real, que requería de acción sin complejos, determinación, carisma en un líder y una nación que creyera en sí misma.

Fijaos si era malvado y ultrafascista el dichoso coronavirus, que no entendía de comunidades autónomas y podía afectar igual a un extremeño que a un catalán. ¡Menuda falta de respeto! Y así empezaron todas las gilipolleces a desmoronarse, o casi todas.

A la hora de la verdad, con cuatro ministerios basta. ¿Y nadie discute sobre la utilidad de un Estado autonómico como el nuestro? Claro que no. Ni de eso ni de cualquier otra cosa que no quieran ellos. Porque nos encontramos quizá en el punto más peligroso. Vivimos el momento en que, visto el desastre de gestión de este Gobierno negligente que ansía un colectivismo chavista, se pone en peligro la libertad de expresión. Porque cerrar 17 parlamentos autonómicos no, pero las bocas de los disidentes, sí. Esas son las prioridades de este Ejecutivo de veintitantos ministerios inútiles con sus respectivas parejas y cuñados colocados mientras la población está haciendo mascarillas en sus casas.

No nos quepa duda de que saldremos de esta, pero por favor no digamos la gilipollez archi repetida de que “todo va a salir bien”, aunque sea por respeto hacia los miles de fallecidos.

No sabemos cuándo llegarán -si llegan- los tests fiables. De hecho, apenas sabemos nada. Vivimos en una burbuja con un móvil en las manos que nos asoma a una realidad que creemos conocer, con gente aplaudiendo a unos y otros, memes a diario y chorraditas varias para dar y regalar. Pero asumamos que nuestra ignorancia es inmensa y que aunque un día logremos los anticuerpos para el coronavirus, el miedo a los sujetos de este Gobierno infame no lo perderemos hasta que se vayan.




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