Guerra en la Ciénaga

 

“Partido Popular y Ciudadanos unen sus votos a los del PSOE para erradicar los símbolos franquistas en Andalucía”, rezaba la noticia de hace unos días.

“El Ayuntamiento de Málaga reclamará al Obispado que exhume los restos del aviador franquista García Morato”, era otro titular reciente.

Es constante, casi diaria la aparición en los medios de este tipo de noticias que se producen como consecuencia de la aplicación, vehemente por parte de la izquierda, dócil y acomplejada por parte de la derecha tradicional, o sea, del PP, de esa aberración jurídica y moral llamada Ley de Memoria Histórica.

La contradicción que pone de manifiesto el sectarismo de esa ultraizquierda y la mansedumbre bovina de los representantes de la derecha tradicional es que esos mismos partidos no son capaces ni de condenar el comunismo y todas las atrocidades cometidas en su nombre, los unos, ni de exigir que se condenen los otros…

El Comandante Joaquín García-Morato y Castaño escribió sus memorias, a las que llamó “Guerra en el aire”, con prólogo de Francisco Franco, y que aparecieron en el año 1940. “La historia de una nación es la vida y los hechos de sus héroes…”, dice en un momento de su prólogo el que fuera Generalísimo de los ejércitos de España, “La envidia, torpe mal español, evidentemente no cabe en el corazón generoso de los héroes”, dice en otro.

Esas dos frases nos resumen en pocas palabras lo que viene ocurriendo en España desde hace ya demasiado tiempo: por un lado se ha olvidado que la historia de una nación queda irremisiblemente unida a la de sus héroes y, por otro, nuestra patria está dirigida por una caterva de individuos que todos ellos sumados no serían capaces de realizar ni una sola de las proezas que realizó García Morato.

Son gentes todas ellas que andan empeñados en una guerra en el cieno, una contienda en la que sus antagonistas no pueden defenderse y que consiste en ganar en los papeles y las instituciones la guerra que perdieron hace ochenta años. 

Obtenido su título de piloto en 1926, ya en 1927 participa García Morato en la campaña de África, donde fue derribado y herido en dos ocasiones.

El día dieciocho de Julio de 1936, el Alzamiento le sorprende de vacaciones en Gran Bretaña. Rápidamente, alquila un avión y regresa a España para incorporarse al ejercito nacional. Sobre esto escribió más tarde:

Estando en Inglaterra con permiso particular, estalló el glorioso Movimiento Nacional, al que me incorporé sin dudarlo, y desde el primer día presté mis servicios como “cazador”, que era lo que por mi carácter y facultades cuadraba más en mí”.

«Estoy regido por un vicio y por un ideal: el vicio de las emociones y el ideal de la Patria dentro de nuestra Religión».

La famosa escuadrilla de García Morato se llamó primero Escuadrilla Azul y Patrulla Azul, y al aumentar sus miembros, Grupo Azul. Su emblema estaba formado por un círculo con tres aves: un halcón, una avutarda y un mirlo, pintados en azul sobre fondo blanco y su lema rezaba: “Vista, suerte y al toro”.

Entre sus múltiples hazañas victoriosas durante nuestra guerra civil destaca su decisiva actuación en los combates aéreos del frente de Madrid. 

A mediados de 1938 ingresó en el Consejo Nacional de Falange Española.  

Murió tan solo tres días después de finalizada la guerra civil, donde fue considerado  como el primer piloto del Bando Nacional, un cuatro de Abril de 1939, y lo hizo, paradójicamente, no en ninguna de sus heroicas proezas frente a la aviación enemiga, sino en una exhibición acrobática en el aeropuerto de Griñón. 

Otra frase del prologo de Franco nos describe la talla moral del Comandante García Morato:  

“Recuerdo el anhelo con que un día me visitó nuestro héroe, durante la batalla del Ebro, cuando fue derribado en campo enemigo su gran amigo, otro as del aire, el capitán Salvador; su intensa emoción al conocer que ya trabajábamos hacía horas por su rescate hizo que las lágrimas escapasen de sus ojos, que, inocentemente, justificaba con la frase: “Mi General, es que es mejor que yo”. 

Si cometemos la cobardía y la iniquidad de olvidar y pretender borrar de nuestra historia como país a sus mejores hijos caeremos en el deshonor y la indignidad. En la que caen todos aquellos que promueven los saqueos y profanaciones de tumbas.

Y en la que caen igualmente los que, medrosamente, lo consienten y no oponen resistencia.

Portada “Guerra en el aire”.




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