Greta en la cabina de mandos

Un cálculo estimado con datos de los diversos consorcios de fabricantes de vehículos de todos los continentes sitúa el número de vehículos de cuatro o más ruedas funcionando en el mundo (excluidas las motos, pero incluidos camiones, furgonetas y autobuses) en una cifra alrededor de 1.500 millones.

La distribución aproximada de esos vehículos por continentes sería, por este orden:

– Asia: 531 millones de vehículos.
– Europa: 405,3 millones (282 millones en la UE más 123 millones en países extracomunitarios).
– Norteamérica: 351 millones.
– Sudamérica: 83 millones.
– Oriente Próximo: 49 millones.
– África: 26 millones.
– Antártida: unos 50 vehículos.

El consorcio de fabricantes europeo, comprometido desde el inicio con el objetivo de reducir a cero las emisiones de CO2 para 2050 y plegado por completo al interés pseudocientífico proclamado desde instancias más políticas que empíricas, ha tenido que salir a precisar, a raíz de lo aprobado por la UE, que la prohibición de fabricar vehículos de combustible/petróleo en 2035 es “arriesgada” e “incierta”: es decir, que es un brindis al sol, vamos, y que tendrá que ser sometida a revisión a mitad de plazo habida cuenta la volatilidad e incertidumbre sobre materias primas, sobre la capacidad de fabricación de baterías, sobre la constante aparición e incorporación de novedades tecnológicas y, además, sobre la improbable capacidad de consolidar una infraestructura de recarga cuya estimación actual no alcanza ni a la mitad de lo que debería para cumplir los propios plazos que se autoimpusieron desde instancias igualmente políticas.

En definitiva, lo que tenemos es a una sarta de imbéciles a los mandos de la UE y del Parlamento Europeo (piensen que aquello está lleno de rufianes y chepitas) que no sólo no tienen ni pajolera idea de lo que supone fabricar un coche sino que no saben ni atender una churrería, aunque, sin embargo, se atreven a fijar fechas al voleo e igual que hasta hace un rato era 2030, ahora es 2035, sin que nadie sepa, más allá de la propia arbitrariedad, en qué narices se basan para establecer a capricho un deseo y convertirlo en norma aquellos que lo desconocen todo sobre la construcción de múltiples cadenas de montaje y todo lo que conlleva la improvisación y puesta en marcha de una nueva manera de entender el mundo.

Parece evidente que en tal plazo no sólo no hay capacidad de fabricación de tal cantidad de chismes para sustituir un parque de esas dimensiones y todo lo que conlleva, sino que además siguen sin resolverse los problemas de reciclaje tanto de los unos como de los otros, de los viejos y de los nuevos, y dotar de las infraestructuras necesarias y las atenciones mínimas a un mercado que necesariamente tendrá que convivir durante un trecho.

Y todo ello sin contar con las constantes innovaciones y problemas o soluciones que irán surgiendo, además de que otras tecnologías pueden venir en algún momento a poner del revés todo lo caminado hasta esa fecha.

Así las cosas, con semejantes dirigentes al mando de la nave, criados en la caprichosa voluntad del “lo quiero aquí y ahora”, no parece descabellado pensar que Europa acabará sumida en el advenimiento de un caos y sentados en la cabina llevamos a una delirante muchachada para quienes el rostro emblemático que pronto poblará de estatuas las calles de Europa es el de… Greta Thunberg.

He dicho.




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